Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Sasha Kapsunov pasó de estar frente a las cámaras a dirigirlas desde el cielo. Mientras miles de fans coreaban las canciones de BTS en el Estadio San Marcos, el actor operaba un dron para capturar la magnitud del espectáculo desde las alturas. Su misión era convertir en imágenes la emoción que se vivía sobre el escenario y en las tribunas.
Sasha Kapsunov pasó de estar frente a las cámaras a dirigirlas desde el cielo. Mientras miles de fans coreaban las canciones de BTS en el Estadio San Marcos, el actor operaba un dron para capturar la magnitud del espectáculo desde las alturas. Su misión era convertir en imágenes la emoción que se vivía sobre el escenario y en las tribunas.
Fue un amigo quien le contactó para sumarse a esta megaproducción. Le dijo que el equipo internacional buscaba en Lima un operador del dron DJI Inspire 3, un modelo especializado que pocos profesionales manejan en el país. Sasha llevaba más de una década dedicado al mundo audiovisual, realizando tomas aéreas para cine, publicidad y televisión.
“Me pidieron un reel e información sobre lo que hago, luego se pusieron en contacto conmigo y lo hicimos. Fue bastante rápido”, recuerda.
Al principio desconocía para qué utilizarían exactamente sus servicios. Solo después, cuando avanzaron las coordinaciones, supo que sus imágenes formarían parte de la transmisión en vivo en las pantallas del escenario y del registro audiovisual que la producción realiza durante la gira.
“Sentí que era una gran responsabilidad, pero también tenía bastante confianza en lo que hago. Conozco muy bien mi trabajo y sabía que tenía las capacidades para realizarlo”, señala.
Sasha Kapsunov con parte del equipo de dirección de video en los conciertos de BTS en Lima. (Foto: Fredy Maldonado /
Marc Vander AA)
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Nada quedaba librado al azar. Dos o tres meses antes de los conciertos comenzaron los preparativos para gestionar las autorizaciones, establecer los protocolos de seguridad y delimitar los espacios desde donde operarían los drones. Los despegues y aterrizajes se realizaban en una zona restringida al público, con personal de seguridad y bomberos cerca.
Durante las presentaciones del 7, 9 y 10 de octubre, Sasha trabajó conectado mediante un intercomunicador con el equipo de realización surcoreano. Una traductora le transmitía las indicaciones que recibía en tiempo real.
“Me iban comunicando los requerimientos en vivo y en directo: más altura, más distancia, cambiar de plano o de encuadre según lo que querían ver”, explica.
Detrás de cada imagen proyectada en las pantallas había un complejo trabajo colectivo. Según recuerda, alrededor de doce cámaras registraban simultáneamente distintos momentos del concierto, mientras otro equipo incorporaba efectos visuales en tiempo real. A ello se sumaban la pirotecnia, la iluminación y las miles de ARMY Bombs que cambiaban de color al ritmo de la música.
El artista y productor peruano junto al equipo de dirección de video de BTS. (Foto: Fredy Maldonado / Marc Vander AA)
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“Todo el despliegue era espectacular. La mezcla de las cámaras, los efectos visuales y las luces hacía que el show fuera realmente impresionante”, comenta.
Pero hubo algo que lo sorprendió tanto como la tecnología: la disciplina del equipo internacional.
“Son personas muy puntuales. Todo lo que está planificado y cronometrado se ejecuta como corresponde”, explica.
También notó diferencias culturales al saludar. Mientras él acostumbraba dar un beso, los surcoreanos respondían con una reverencia.
“Yo quería acercarme a darle un beso a alguien por costumbre y ellos se inclinaban. Después me daba cuenta y trataba de hacer el mismo gesto”, recuerda entre risas.
Durante las pruebas técnicas, tuvo la oportunidad de observar de cerca los ensayos de BTS, siempre respetando los protocolos de seguridad y la distancia establecida por la producción.
“Los BTS son como dioses dentro de la producción. Están muy bien resguardados. Jamás rompería los protocolos ni traicionaría la confianza de quienes me contrataron por intentar acercarme a ellos o tomarme una foto”, sostiene.
Si algo terminó de dimensionar la magnitud de aquella producción, ocurrió cuando el último concierto ya había terminado. Mientras el público abandonaba el estadio, cientos de trabajadores comenzaban una tarea tan exigente como montar el espectáculo: desmontarlo y preparar su traslado al siguiente país.
Sasha recuerda que salió del recinto aproximadamente a las 12:30 a.m.. Para entonces, los primeros contenedores con equipos ya se encontraban camino a Chile.
“Armar y desarmar este rompecabezas tantas veces es impresionante. La logística, la cantidad de personas y la tecnología que utilizan para conseguir que todo funcione en cada país es realmente sorprendente”, afirma.
El actor también destaca un aspecto menos visible de su trabajo: la seguridad. En algunos momentos de las tres fechas, asegura, detectaron drones ajenos a la producción sobrevolando las inmediaciones del estadio. Una situación que considera especialmente peligrosa cuando se trabaja con miles de espectadores.
“Si no eres parte del equipo, no debes sobrevolar un área restringida. Nosotros trabajamos con las autorizaciones correspondientes, como la del Ministerio de Transportes y Comunicaciones, y con una planificación para evitar riesgos”, advierte.
Además de operar drones profesionalmente, Sasha imparte clases prácticas en una escuela de formación y procura transmitir a sus alumnos la importancia de cumplir con las regulaciones.
Antes de trabajar con BTS, Sasha conocía algunas canciones de la agrupación, pero no se consideraba fanático. Tres conciertos después, algo cambió en él.
No fue solamente la música. Fue también lo que descubrió en las tribunas y los alrededores del estadio.
Durante aquellas jornadas, en las que llegaba temprano y se retiraba de madrugada, observó cómo las armys se ayudaban a maquillarse, arreglarse el cabello o conseguir algún accesorio que les faltaba. Le llamó la atención la solidaridad entre personas que, en muchos casos, acababan de conocerse.
“Nunca había visto algo así. Son una comunidad muy linda. Se ayudan para que cada uno pueda disfrutar y vivir su momento apasionadamente. Vi lágrimas, llantos, risas, gente gritando y saltando. Fue muy emocionante ver cómo lo disfrutaba el público. Creo que eso hace que el show sea maravilloso”, reflexiona.
Sasha destaca que las normas de seguridad con las que trabaja el equipo de profesionales de BTS son estrictas. (Foto: Fredy Maldonado / Marc Vander AA)
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Entre las canciones que terminaron conquistándolo menciona “Hooligan”, cuyo despliegue de luces rojas lo dejó especialmente impresionado. Desde entonces, algunas composiciones de BTS ya encontraron lugar en su lista personal de reproducción.
La sorpresa continuó después de los conciertos. Al compartir en redes sociales algunas imágenes de su experiencia, comenzó a recibir mensajes de seguidores de Perú y de países como Ecuador, Colombia, Venezuela, Argentina y Brasil.
“Publiqué ese contenido como cualquier otro, sin esperar nada. De pronto explotó. Me ha escrito gente de distintas partes del mundo. Ha sido muy bonito”, comenta.
Las restricciones contractuales le impiden difundir parte del material grabado para el circuito audiovisual del concierto. Por eso ha compartido únicamente algunos registros externos de su trabajo.
“Lo demás permanecerá en mi memoria. Me he vuelto un ARMY drone”, sostiene.
Aunque muchos todavía lo recuerdan por su etapa como actor juvenil, Sasha no contempla por ahora un regreso inmediato a la actuación. Su presente transcurre entre producciones audiovisuales, operaciones con drones, locuciones comerciales, creación de contenidos y conducción.
Actualmente comparte con Macla Villamonte el pódcast “No hay manual”, un espacio de conversaciones con figuras del espectáculo nacional.
“Me encanta actuar, me encanta locutar, amo estar en el pódcast y dedicarme a producir. Creo que lo que hago me hace feliz y eso me permite sentirme ligero para seguir haciendo más cosas”, sostiene.
A esa agenda se sumará pronto una nueva responsabilidad. Sasha, que ya tiene una hija de 11 años, espera el nacimiento de su segunda hija en las próximas semanas.
La noticia lo encuentra en una etapa que describe como especialmente bonita. A diferencia del joven que comenzó su carrera frente a las cámaras, hoy siente que tiene mayor claridad sobre sus decisiones y el camino que quiere recorrer.
“Es un momento adulto, donde ya hay más conciencia, más criterio para decidir objetivamente qué es lo que uno quiere para su vida. Estoy disfrutando cada cosa que hago”, concluye.



