sábado, julio 11

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

Un bebé abre los ojos y el doctor le da el pésame a su madre. “Su hijo nació irremediablemente feo”, nos cuenta Raúl Romero, quien también asegura haber sido el responsable de la importación de biberones al Perú para así crear distancia entre el neonato y su madre. Más de seis décadas después, sigue relatando esa historia con la misma naturalidad con la que miles de personas pagan una entrada para gritarle, a coro, “¡Feo!”, durante sus conciertos. Una experiencia que volverá a repetirse el 11 de julio en Rock Patrio, junto a bandas de rock nacional.

Un bebé abre los ojos y el doctor le da el pésame a su madre. “Su hijo nació irremediablemente feo”, nos cuenta Raúl Romero, quien también asegura haber sido el responsable de la importación de biberones al Perú para así crear distancia entre el neonato y su madre. Más de seis décadas después, sigue relatando esa historia con la misma naturalidad con la que miles de personas pagan una entrada para gritarle, a coro, “¡Feo!”, durante sus conciertos. Una experiencia que volverá a repetirse el 11 de julio en Rock Patrio, junto a bandas de rock nacional.

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Lo curioso es que Romero nunca luchó contra esa chapa; hizo exactamente lo contrario. La abrazó hasta convertirla en una marca personal, mucho antes de que existieran los especialistas en branding. Para él, la belleza nunca fue un tema de autoestima, sino un material de trabajo, una oportunidad para el juego. Mientras otros artistas levantan una barrera entre el escenario y el público, él construyó una relación basada en lo que denomina “cochineo colectivo”.

“De las veinte cosas que digo entre canción y canción, ocho o nueve pueden ser habituales; el resto depende completamente de lo que ocurra en ese momento”, menciona Romero. Ese espacio de improvisación explica por qué, a sus 65 años, sigue disfrutando los conciertos como pocas veces. “Estoy más accesible con el paso de los años. El público me permite ahora más palomilladas que de costumbre”.

Fundador y vocalista de Nosequién y los Nosecuántos, Raúl Romero se convirtió en una de las figuras más influyentes del rock peruano de las décadas de 1990 y 2000.

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Antes de convertirse en el “feo” más querido del Perú, Raúl Romero descubrió otro patrimonio nacional: las chapas. No fue en España, donde pasó gran parte de su infancia, sino cuando regresó al país. En el colegio San Norberto entendió que el ingenio peruano tenía una especial habilidad para rebautizar a cualquiera. Le fascinó tanto ese ejercicio creativo que terminó aportando su propio repertorio. Algunas quedaron en canciones como “Pisco Sour”; otras sobrevivieron únicamente entre amigos y unas cuantas pasaron al lenguaje cotidiano sin que él pueda asegurar si realmente fueron invento suyo.

“Cuerpo pan”, “Chupón de piraña” —que se lo puso Alfredo Sillau— y “Pesadilla de cangrejo”. Son expresiones que parecen salidas de un laboratorio de humor absurdo. Romero no afirma ni niega la autoría de varias porque sabe que la memoria también juega malas pasadas. “Muchas veces uno dice algo creyendo que es nuevo y resulta que ya existía”, reconoce. La única certeza es que el Perú, dice entre risas, tiene un talento incomparable para bautizar personas.

Actualmente radicado en España, Raúl Romero viaja al Perú hasta ocho veces al año para ofrecer conciertos y mantener el vínculo con el público que lo ha acompañado durante más de tres décadas. (Foto: Tiffany Torres)

Actualmente radicado en España, Raúl Romero viaja al Perú hasta ocho veces al año para ofrecer conciertos y mantener el vínculo con el público que lo ha acompañado durante más de tres décadas. (Foto: Tiffany Torres)

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Ese mismo gusto por el absurdo terminó llevándolo, inesperadamente, a la filosofía. En redes sociales apareció el profesor Falsenberger, un supuesto pensador que dicta clases en un parque y cuya matrícula cuesta “la voluntad”. Cuando alguien le pregunta cómo nació el personaje, Romero corrige inmediatamente: “¿Personaje? No, señor, usted está equivocado. El profesor Falsenberger no es un personaje”. Luego desarrolla una historia delirante sobre un sabio que eligió la pobreza para entregarse al conocimiento y que terminó encontrando refugio en una parroquia madrileña.

La explicación, sin embargo, llega después: “Yo buscaba darle una empaquetadura a ideas y jueguitos tontos de palabras que se me ocurrían”. Como casi todo en su carrera, este personaje nace de su día a día. Es a la salida del gimnasio donde suele grabar estos momentos para luego subirlos a sus redes sociales. “Quién lo diría, yo que no quería saber nada de los likes… ocho años después, aquí me ves subiendo contenido”, agrega.

Hace algunos años, Raúl Romero volvió a instalarse en España. Es la tercera vez que vive fuera del país, aunque asegura que nunca se había sentido tan conectado con el Perú como ahora. Lo explica con una imagen doméstica: durante sus primeros meses en Madrid, ocho de cada diez restaurantes que visitaba eran españoles; hoy ocurre exactamente lo contrario. Su círculo más cercano está formado por peruanos, viaja al país hasta ocho veces al año y buena parte de su agenda depende de los conciertos.

Ese vínculo también explica por qué no tiene ninguna prisa por volver a la televisión. Confiesa que durante años recibió propuestas para regresar, pero decidió conservar intacto el recuerdo que el público tiene de aquella etapa. “Si regresara, estoy seguro de que los resultados no serían los que la gente cree”, afirma. Hoy prefiere grabar contenidos para redes sociales, trabajar en nuevas canciones —asegura tener una veintena listas para salir— y escribir, aunque admite que este último año ha sido especialmente poco productivo. “Me estoy volviendo más predecible”, reconoce.

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Por ahora, toda esa energía está concentrada en Rock Patrio. Mientras muchos destacan el impacto puntual de las grandes estrellas internacionales, él prefiere poner la mirada sobre las bandas que llevan más de dos décadas llenando locales en el país. “¿Cuántos grupos internacionales podrían tocar todas las semanas durante veinticinco años y seguir haciendo dos sold out?”, se pregunta. La respuesta no parece interesarle tanto como el reconocimiento que busca provocar. “Se van a burlar de mí, y yo mismo voy a propiciarlo”. Después de todo, hay bromas que nunca envejecen.

Sobre

Rock Patrio

Fechas: El 11 y 12 de julio

Horario: 3:00 p.m.

Lugar: Anfiteatro del Parque de la Exposición

Entradas disponibles en Teleticket.

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