lunes, octubre 5

Los conciertos duran unas horas. Las luces se apagan, el escenario comienza a desmontarse y miles de personas regresan a casa. Pero ARMY Perú quiere que, cuando BTS deje Lima, quede algo más que videos en el celular, pulseras guardadas y la memoria de tres noches en el Estadio San Marcos.

Quiere que queden árboles. Proyectos ambientales. Oportunidades educativas. Una huella que pueda encontrarse mucho después de que RM, Jin, SUGA, j-hope, Jimin, V y Jung Kook hayan abandonado el país.

La idea forma parte de “ROAD TO 7”, la iniciativa creada por BTS Perú Fanclub para recibir por primera vez al grupo surcoreano en el país. El proyecto abarca arte, turismo, experiencias urbanas y actividades para seguidores, pero una de sus líneas resulta particularmente interesante: “El Legado BTS”, concebido para impulsar acciones que permanezcan después de los conciertos.

BTS se presentará en Lima los días 7, 9 y 10 de octubre. Para entonces, la expectativa ya habrá transformado varios espacios de la ciudad. Hay una tienda oficial temporal en Miraflores, rutas y experiencias para seguidores y hasta un espectáculo de drones programado para el 8 de octubre en la Costa Verde, presentado por los organizadores como el primero dedicado a BTS en Latinoamérica. La campaña que lo hizo posible superó los 25 mil apoyos.

Pero el plan de los fans mira más lejos. “Hay momentos que dejan una huella”, explica la plataforma de ROAD TO 7 al presentar el proyecto. La propuesta es transformar el entusiasmo alrededor de BTS en acciones vinculadas con biodiversidad, espacios verdes y educación.

Entre las iniciativas anunciadas figura un “Bosque BTS” en Lima, desarrollado —según BTS Perú Fanclub— junto a Serpar. También aparece otro proyecto denominado “Bosque BTS en Machu Picchu”, asociado en la plataforma con Sernanp y el Ministerio del Ambiente.

En Paracas está previsto TATA “Guardián del Mar”, proyecto relacionado con la Reserva Nacional de Paracas; mientras que en Asia aparece “Hope on the Tree”, una iniciativa de plantación de árboles.

No es casual que la palabra elegida sea “legado”. Desde hace años, buena parte de la cultura que rodea a BTS ha convertido celebraciones como cumpleaños, aniversarios o lanzamientos en campañas que van más allá del consumo musical. Los fans organizan donaciones, plantaciones, proyectos publicitarios y actividades sociales en nombre de los integrantes. En el Perú, la primera visita del septeto ha servido para trasladar esa dinámica a referencias y territorios locales.

El resultado es una bienvenida que va desde Lima hasta Cusco.

ROAD TO 7 describe su recorrido justamente como una ruta que empieza antes del concierto y pretende continuar después. Entre sus siete “paradas” aparecen actividades digitales, experiencias en Lima, intervenciones artísticas y los proyectos de legado.

El proyecto incluyó una beca para el curso “Corea y Japón: sociedad, cultura popular e identidad contemporánea”, del Centro de Estudios Orientales de la PUCP. También se anunció una beca para estudiar francés durante dos meses en la Alianza Francesa de Lima.

Porque el fenómeno BTS suele medirse en números gigantes: entradas agotadas, reproducciones, ventas, vuelos, hoteles. Pero existe otra dimensión menos evidente. Una comunidad puede convertir la llegada de siete músicos en un pretexto para organizarse, construir proyectos y relacionar el fandom con asuntos que aparentemente están lejos del pop.

ARMY Perú también quiere que BTS vea al país que los recibe. Uno de los fan actions preparados para las presentaciones propone utilizar máscaras inspiradas en tradiciones culturales de lugares como Paucartambo, Cusco o Puno. Para el concierto del 10 de octubre, además, los seguidores preparan una celebración por el cumpleaños de Jimin con un canto colectivo y 30 mil corazones.

El objetivo es no limitarse a reproducir los rituales de otros países, sino darles una identidad local.

Incluso PromPerú ha recogido esa movilización y presenta la llegada del grupo como una oportunidad para vincular música y turismo. La institución destaca una agenda de actividades gastronómicas, culturales, artísticas y turísticas preparadas alrededor de los conciertos.

El 10 de octubre terminará la última función. Quedarán los videos, las fotografías y el recuerdo de tres noches que miles de seguidores esperaron durante meses. Pero ARMY Perú quiere que algo de esa visita sobreviva al concierto.

Por eso el plan no termina cuando se apaguen las luces de San Marcos. La apuesta es que, después de BTS, queden proyectos, árboles y acciones que sigan creciendo cuando el escenario ya haya sido desmontado.

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