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Poco antes de su presentación junto a Julio Velarde, presidente del BCR, durante el ‘roadshow’ de inversiones inPerú 2026, el economista peruano Luis Oganes, responsable de Investigación Macroeconómica Global de J.P. Morgan, conversa en exclusiva con El Comercio sobre el impacto del fenómeno de El Niño, los factores internacionales que impactan a la inflación y la relación entre Estados Unidos y China.
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– ¿No es el El Niño un choque transitorio? Si es así, no ameritaría una subida.
El choque es transitorio, pero el tema es que ya estamos con inflación. No estamos en el 2%, que es la meta. A mediados del año, ya llegamos a 4%, el doble. El temor es que, si bien el choque es transitorio, se afecten las expectativas inflacionarias y se queden más arriba. Es lo que llamamos en economía que se desanclen las expectativas inflacionarias y eso haga que la dinámica inflacionaria perdure mucho más en el tiempo.
– Insisto, lo que se menciona es que el efecto del fenómeno de El Niño es transitorio.
Sí, pero El Niño recién empieza y ya estamos en 4%. No podemos echarle solamente la culpa a El Niño. Tenemos el tema de costos de energía altos por el conflicto en Medio Oriente, tenemos una dinámica de inflación alta en todo el mundo…
– Tenemos el tema del alto costo del diésel.
(Asiente). El tema de los costos de combustibles, y el hecho de que la economía peruana este año está creciendo. Hay un elemento de aceleración que debería también permitir a las empresas, si sus costos suben, trasladarlos al consumidor. Es decir, existe el riesgo de más traspaso de costos a precios. Entonces, más allá de El Niño, que es efectivamente temporal, hay argumentos para que el Banco Central tenga que subir tasas.
– ¿Las proyecciones que mantienen el MEF y el Banco Central, ¿le parecen muy optimistas para este escenario?
Estamos en una situación difícil porque no sabemos cuál va a ser el impacto de El Niño. Escuchamos que va a ser un Niño muy fuerte. Pero, la verdad es que no lo sabemos, y cada uno de estos fenómenos afecta a la economía de manera distinta; afecta a unos sectores más que a otros. Sabemos que hay todo un esfuerzo en estos momentos de tratar de “prepararse”, pero no sabemos qué tan efectivas van a ser esas medidas.
Si el impacto de El Niño es muy moderado o imaginemos que no existiera, yo creo que el Perú podría estar creciendo tranquilamente a tasas de 3,5% o 4% en 2026 y 2027. Pero, como está El Niño presente y no sabemos cuán duro o fuerte va a ser su impacto, es difícil.

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– La proyección para el 2027 de crecimiento es también cauta.
(Asiente), porque El Niño va a impactar el primer y segundo trimestre del próximo año. Estadísticamente hablando, lo que pase en la primera mitad del año es más importante que lo que pasa en la segunda mitad del año. La segunda mitad del año lo que va a ayudar es a impulsar el crecimiento para el 2028. Cuando pase lo de El Niño –y esperemos que pase la guerra y que los precios de combustibles caigan– creo que sí puede haber una confluencia de factores que podrían ayudar a que claramente el crecimiento en el Perú por ahí supere el 4% y se acerque más al 5%, pero hay que pasar todavía el siguiente año y medio.
– ¿Cómo ven la evolución de los precios de los metales? Todo parece indicar que el cobre se va a mantener a precios altos, pero ¿eso es algo en lo que se debería confiar en el mediano plazo?
Hay un tema estructural que hace poco probable que el precio del cobre caiga, porque el cobre está siendo utilizado no solamente para la transición energética, sino que también para la construcción de data centers y la infraestructura de inteligencia artificial. Entonces, eso tiene para rato. La demanda no va a caer en el corto plazo. Claramente, países como Perú, Chile u otros se van a beneficiar de esta dinámica de términos de intercambio.
– ¿Cuál es la economía de América Latina más expuesta a todos estos efectos externos que hemos mencionado?
Sudamérica se beneficia de términos de intercambio porque no todos los países son exportadores de petróleo. Colombia, Brasil, Argentina y Venezuela son exportadores. Chile y Perú, son importadores netos, Chile más que Perú. Entonces, es bastante diferenciado el impacto por el lado de combustibles. Pero, por el lado de metales, ya estamos hablando de que se espera que se mantengan altos. Entonces, ahí sí se beneficia tanto Perú como Chile.
– Sobre la rivalidad entre Estados Unidos y China, ¿cómo puede el Perú capitalizar esta rencilla internacional
El Perú tiene que tratar de mantenerse atractivo para el capital extranjero, sea de donde venga. La política exterior de Estados Unidos en estos momentos está bastante enfocada en promover más integración comercial y de inversión entre Estados Unidos y el hemisferio occidental, lo cual es bueno, pero hay una gran diferencia: Washington no puede obligar a las empresas americanas a invertir en tal proyecto o tal sector. Las empresas son libres de participar donde les parezca.
Lo mejor que puede hacer el Perú es avanzar en reformas, destrabar proyectos, concesionar oportunidades y esperar que se presenten como postores compañías americanas, pero eso no está garantizado. Si al final son las compañías chinas las que ofrecen los mejores términos, no se les puede cerrar la puerta.
– Usted ha destacado en otra entrevista que los mercados emergentes habían resistido mejor de lo esperado toda la situación internacional, pero que no todos se benefician de los mismos factores. Si un gestor tuviera que asignar hoy capital –hablemos de Perú, Chile y Colombia, que son países más cercanos–, ¿en qué tipo de activo sería más competitivo el Perú y cuál quedaría rezagado? Y, ¿qué podría cambiar ese orden durante el 2027?
Las estructuras de la economía son un poco distintas. En el caso de Colombia, por ejemplo, ellos tienen mucha más energía y tienen necesidades de invertir más en, por ejemplo, gas natural; ahora se han vuelto importadores, antes exportaban. Entonces, hay muchas oportunidades en ese país para invertir más en ese sector, sabiendo que existe el gas natural en el subsuelo.
En el caso de Perú, estamos bendecidos por recursos mineros cuantiosos. El Perú tiene, y lo mismo pasa con Chile, en estos momentos lo que el mundo quiere. Estados Unidos ahora está tratando de reducir su dependencia de China, y está tratando de realinear sus cadenas de producción con países que son un poco más afines. América Latina en general, y Perú también, debería estar levantando la mano y decir: “Por favor, vengan, mírenme, inviertan acá”.

