En entrevista con El Comercio, Luis Huete, profesor de IESE Business School, explicó cómo las decisiones empresariales afectan la confianza y el desarrollo del entorno. La conversación se realizó tras su participación en el encuentro Impulso Regional UTP.
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-En su ponencia presentó el caso de Medellín. ¿Qué lecciones de esa experiencia podrían servir en otras ciudades?
De Medellín se puede sacar que hay caras detrás de todo esto. Hubo un profesor de universidad que pasó a ser alcalde, con una visión de sanar el sistema, que empezó con algo inteligente: crear una masa crítica de gente dispuesta a colaborar. No hay una buena ejecución si no hay lo que llamamos una coalición entre gente que tiene poder, influencia y atribuciones. Creo que tuvo paciencia para ir creando esa capacidad, sumando al proyecto desde líderes de barrio hasta artistas y asociaciones.
Entonces empezó a crear un círculo virtuoso a partir de la integración de personas. Después hicieron actuaciones en los demás elementos del modelo para crear un sistema sano que se retroalimentara.
De una ciudad dividida, con violencia y problemas serios de todo tipo, de educación, salud y condiciones de vida, al cabo de 20 años ha pasado a ser una región próspera, con mucho turismo y segura.
-¿Y qué podríamos aprender?
Que detrás de esto hay siempre personas con una visión, alguien con capacidad de aglutinar y crear una masa crítica. También que tenemos que tener una visión de conjunto. No basta con hacer una cosa parcial, sino que hay que cerrar el círculo: infraestructuras, colaboración, mejores escuelas, mejor educación y apoyo a las iniciativas de innovación y emprendimiento.
Si hubiera que resumirlo, personas con cierta grandeza personal han conseguido sanar el sistema porque han creado un proyecto que lo empuja.
-¿Qué errores de las propias empresas terminan generando desconfianza entre sus trabajadores, proveedores y comunidades?
El corto plazo, habitualmente. En el corto plazo sí hay disyuntivas y muchos temas son de suma cero: o te lo llevas tú o me lo llevo yo. A veces, directivos que piensan que tienen el poder pueden imponer sus intereses a otras partes porque entienden que pueden hacerlo y porque a corto plazo les va a resultar.
El gran peligro es que no se tenga esa visión de que todo está conectado. Una persona que crea menos en la empresa, que tenga menos confianza en ella, normalmente tampoco la tendrá como primera opción como consumidor o empleado. Y se genera lo que se llama el fracaso.
-¿Cómo recuperar la confianza?
Normalmente, la confianza la recuperas con cuatro puntos. Uno es la credibilidad, haciendo cosas que permitan que alguien empiece a fiarse. Otro es la confiabilidad, cuando prometes cosas, hacerlas. Otro es la empatía, escuchando y haciéndote escuchar. Y otro es que el empresario, el dueño o el directivo no sea un hombre o una mujer muy egocéntrica. Esas cuatro cosas tienen que mostrarse y hacen que se generen relaciones de confianza.
Las relaciones de confianza son como la pasta de dientes: es fácil que salga del tubo, pero después volver a ponerla dentro es difícil. Es asimétrico. Sería, por parte de algunos directivos, una miopía brutal el hacer cosas a costa de la confianza que la empresa tuviera con sus trabajadores. Esa mentalidad de corto plazo, mecanicista, es lo que lleva a no ver estos temas.

En entrevista con El Comercio, Luis Huete, profesor de IESE Business School, explicó cómo las decisiones empresariales afectan la confianza y el desarrollo del entorno. La conversación se realizó tras su participación en el encuentro Impulso Regional UTP.
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-Cuando una empresa lleva agua, educación o infraestructura a una comunidad, ¿cómo evita hacerse cargo indefinidamente de lo que debería resolver el Estado?
Su papel no es solucionar el problema, sino ser parte de una solución. Por tanto, se trata de activar a otros actores que deberían formar parte de ella y que sería razonable que estuvieran involucrados.
Creo que es eso, poner en marcha una masa crítica suficiente entre la administración pública, las empresas y los actores políticos para que cada uno vaya asumiendo el papel que debe asumir. Que se creen mecanismos de coordinación y también relaciones de confianza que permitan una colaboración efectiva.

