Pocas veces un clásico se define con un repertorio de errores en el último suspiro. Pasó anoche, el duelo entre Alianza Lima y Universitario, desde que salió el pase largo de Inga, pasando por el pivoteo que gana Valera, hasta la inefable coordinación entre Chávez y Duarte para gestar una hecatombe en su propia área. Menos de dos segundos que, horas después, aún duelen en la mitad más uno del pueblo y que aún disfruta la otra mitad más uno de hinchas.
Pocas veces un clásico se define con un repertorio de errores en el último suspiro. Pasó anoche, el duelo entre Alianza Lima y Universitario, desde que salió el pase largo de Inga, pasando por el pivoteo que gana Valera, hasta la inefable coordinación entre Chávez y Duarte para gestar una hecatombe en su propia área. Menos de dos segundos que, horas después, aún duelen en la mitad más uno del pueblo y que aún disfruta la otra mitad más uno de hinchas.
MIRA AQUÍ:VIDEO: Alianza Lima cayó 2-1 ante Universitario tras grosero error de Alejandro Duarte
Y es que cuando lo más equitativo parecía ser el empate, un recurso del pelotazo largo en el equipo de Cúper propicio el horror cuando era más fácil despejar una pelota que llevaba poco, muy poquito, de peligro. Pero así es el fútbol: la escena destruyó todo lo bueno que había hecho el equipo de Guede en el segundo tiempo y premió el riguroso planteamiento crema que se fue desinflando en el complemento.
ALEJANDRO DUARTE — La decepción. Su partido terminó en una sola jugada. Había respondido cuando Alianza lo necesitó, pero salió en falso en la última pelota y dejó el arco expuesto. En un clásico, el arquero no tiene derecho a equivocarse ni en el minuto cero ni en el último suspiro. Alzugaray se lo recordó. Y el hincha se lo recordará por buen tiempo.
LUIS ADVÍNCULA — El empuje. Corrió como si el partido dependiera de él. Muchas veces, de hecho, dependió. Atacó por derecha, empujó al equipo hacia adelante y terminó instalado cerca del área crema. Eso sí, le faltó precisión para el centro y resto físico para el zapatazo. Le sobró voluntad, aunque con eso pocas veces se llega al éxito.
RENZO GARCÉS — El más firme. Fue el defensor que mejor entendió el partido. Ganó duelos, sostuvo la última línea y tuvo la ocasión que pudo cambiarlo todo con un cabezazo al palo. Mientras otros perdían la marca, Garcés resistía. En el segundo gol le gana el vivo Valera.
MARCO HUAMÁN — Irregular. Le costó contener los ataques de Universitario y tampoco consiguió darle profundidad constante a Alianza. Mejoró después del descanso, pero para entonces el equipo ya necesitaba mucho más que una mejoría. Y él nunca tuvo más que ofrecer.
ESTEBAN PAVEZ — Corrió, pero no mandó. Su despliegue fue innegociable. Su influencia, menos. Recuperó y cubrió espacios, aunque le faltó hacerse dueño de un mediocampo que Universitario supo manejar durante demasiados minutos. Fue el eje hasta que llegaba a los últimos metros de la cancha.
FERNANDO GAIBOR — Desaparecido. Tuvo algunos destellos, pero un clásico exige presencia permanente. Alianza necesitaba un conductor cuando el partido se cerraba y Gaibor apareció demasiado poco. Su fútbol quedó a cuentagotas. Por momentos, incluso, parecía no saber qué hacer con la pelota.
JAIRO VÉLEZ — La sorpresa. Terminó siendo una de las mejores noticias de Alianza dentro de una derrota dolorosa. Su asistencia a Girotti fue precisa y oportuna. Vio lo que otros no vieron y puso la pelota donde tenía que ponerla. Le alcanzó para rescatar al equipo una vez. No para salvarlo.
Jairo Vélez sin duda es el mejor fichaje de Alianza Lima en esta temporada (Foto: GEC)
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ERYC CASTILLO — Apagado. El uno contra uno que suele romper partidos esta vez no apareció. Universitario le cerró los caminos y Castillo terminó atrapado en una noche donde Alianza necesitaba precisamente lo contrario: alguien que rompiera algo. Las que tuvo, padeció de mala puntería.
FEDERICO GIROTTI — Héroe a medias. Marcó el 1-1 y puso a Matute de pie. Después tuvo el 2-1 en sus pies y lo dejó escapar. Su gol lo salva del reproche. Su ocasión perdida explica parte de la derrota.
DIEGO ROMERO — El seguro de la ‘U’. Cuando Alianza se lanzó encima, respondió. No pudo hacer nada ante el remate de Girotti y sí consiguió sostener a su equipo cuando el partido pedía resistencia. Terminó celebrando porque hizo lo que tenía que hacer.
CAÍN FARA — Concentrado. No tuvo una noche perfecta, pero sí la suficiente personalidad para aguantar el vendaval final. Universitario necesitaba defensores que no se quebraran. Fara fue uno de ellos. Con modales de un leñador más que un estilo de cirujano.
MATÍAS DI BENEDETTO — A los golpes. Tuvo una pelea permanente con Girotti y consiguió sostenerla durante buena parte de la noche. Cuando Alianza cargó el área, sufrió. Cuando hubo que resistir, respondió. Se le facilitaron las cosas con tanto pelotazo íntimo.
ANDY POLO — Trabajo silencioso. Corrió, retrocedió y cerró espacios. Pero un clásico también pide desequilibrio y esa parte de su juego quedó pendiente. Su aporte fue silencioso. Demasiado silencioso.
JAIRO CONCHA — La pausa. Cuando Alianza aceleraba, Concha intentaba enfriar. Cuando había que salir, buscaba la pelota. No fue el dueño del clásico, pero sí uno de los jugadores que ayudó a Universitario a sobrevivir cuando el partido se volvió incómodo.
PIERO QUISPE — El talento entre líneas. Encontró espacios, giró y aceleró cuando pudo. No necesitó dominar el partido para dejar su huella. Le bastó con aparecer en los momentos adecuados.

Universitairo suma cuatro triunfos y dos empates en Matute desde el 2018. Anoche, Valera abrió el marcador tras pase de Lapadula. | Fotos: Giancarlo Ávila/ @photo.gec
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GIANLUCA LAPADULA — El socio. No marcó, pero construyó el primer golpe. Su participación en la acción del 1-0 fue decisiva. Peleó, aguantó y encontró a Valera. Hizo el trabajo que muchas veces no aparece en la estadística.
ÁLEX VALERA — Decisivo. Recibió de Lapadula y no perdonó. El 1-0 fue suyo y durante buena parte de la noche pareció suficiente para que Universitario controlara el clásico. Abrió la herida. Alzugaray se encargó de cerrarla.
LISANDRO ALZUGARAY — La figura. Entró para jugar los últimos minutos y terminó jugando para la historia. Esperó el error, apareció en el lugar exacto y definió cuando el reloj marcaba 97 minutos. No necesitó una hora. Necesitó una pelota. Y convirtió un clásico perdido en un clásico ganado. Sangre fría para resolver.
GIANFRANCO CHÁVEZ — El peor. Entró para defender el intento de remontada y terminó formando parte del derrumbe. La pelota de Alianza pedía un despeje. Chávez no lo encontró. Duarte tampoco resolvió. Alzugaray sí. Hay errores que cuestan un gol. Este costó un clásico.
HORACIO MURRUGARRA — El equilibrio. Jugó un clásico de esos que se entienden mejor cuando se mira la cancha completa. Se movió, cortó circuitos y estuvo pendiente de las segundas pelotas. Su trabajo fue importante para que Universitario pudiera sostener la ventaja durante buena parte del partido y, sobre todo, para no dejarle a Alianza todo el control del mediocampo cuando Matute empezó a empujar. No fue la figura, pero sí uno de los obreros de la victoria.
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