Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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En el jirón Las Cucardas, el caricaturista Alfredo Marcos nos recibe para hablar de sus calatos. Lo hace rodeado de dibujos y papeles donde todavía sobreviven sus personajes en alguna situación hilarante. Afuera, Casuarinas se extiende ordenada y silenciosa, pero Marcos preferiría tener esta conversación a unas cuadras, en la cima de Pamplona, mirando la ciudad desde arriba. “Ahí está el Perú real”, dice. Acaba de publicar Los Calatos bajo el sello de Penguin Random House y siente que la selección de viñetas que reúne sus años de trabajo en el humor político y la crítica social ha quedado “decente”.
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A sus 78 años, Marcos conserva intactas la memoria y la rapidez mental. Habla de censura, de dictaduras, de la prensa peruana y de cómo el humor gráfico terminó convirtiéndose en una manera de resistir. En su trayectoria aparecen varios diarios nacionales, así como Alan García, aunque no se le pregunte directamente. “Qué buen segundo mandato, claro, si lo comparamos con el primero”, comenta. También sobreviven en el papel personajes como “Los Achorados”, “El hombre que no podía irse” o “Cachito”, un sujeto ingenuo condenado a ser engañado permanentemente. Pero ninguno alcanzó la potencia simbólica de “Los Calatos”.
La primera vez que dibujó a uno, ni siquiera estaba desnudo. “Lo hice vestido —el personaje, no yo”, se corrige rápidamente— “y después dije: ‘Lo voy a calatear ¿Qué podría pasar?’”, recuerda. La decisión no era estética, sino política. “El calato no está desnudo porque no tenga qué ponerse. Está desnudo porque no tiene nada. No tiene vivienda, alimentación ni estabilidad. Es un símbolo”, explica.

“Los Calatos” surgieron inicialmente como personajes vestidos, pero Marcos decidió despojarlos de ropa para convertirlos en un símbolo de quienes viven excluidos de las promesas de progreso y bienestar social. (Foto: Instagram Alfredo Marcos)
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Más de cuarenta y cinco años después de su aparición, “Los Calatos” siguen teniendo vigencia. El Perú cambió de presidentes, multiplicó edificios, llenó avenidas de pantallas LED y celulares inteligentes, pero la precariedad continúa instalada en la vida diaria. “Lo único que ha pasado es que ahora hay grifos bonitos y más avisos luminosos. Pero el pobre sigue siendo pobre y sigue siendo un turista en su país”, afirma Marcos.
La vigencia de estos personajes también revela una deuda social persistente. Los calatos representan a quienes permanecen fuera de la promesa del progreso: ciudadanos atravesados por trabajos precarios, educación insuficiente y una constante sensación de abandono. Sin embargo, nunca aparecen derrotados del todo. Marcos los construyó desde la ironía y la ternura. “Si la vida no nos toma en serio, ¿por qué nosotros vamos a tomar en serio la vida?”, repetían sus personajes.

El caricaturista peruano publicó una antología de “Los Calatos” bajo el sello Penguin Random House, reuniendo viñetas aparecidas originalmente en diarios nacionales. (Foto: Penguin Random House)
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Ese humor funciona como una forma de resistencia. No es evasión ni cinismo, insiste el artista, quien recuerda que la realidad siempre supera a la ficción. “Me llegó una carta de una monja que decía admirar profundamente mi trabajo y que esperaba algún día tener un libro firmado por mí”, cuenta el caricaturista, quien meses después dibujó a un Cristo calato.
En varias etapas de su carrera hubo críticas e intentos de censura ante el desabrigo de sus personajes. Pero “Los Calatos” aprendieron a esquivar golpes. “El calato es como Messi. A veces se escapaba del censor porque no entendía el chiste o porque yo lo disfrazaba bien”, comenta Marcos, quien hoy observa a sus personajes desde otro ángulo y decide cubrirlos con una tapa dura, como si intentara encapsular el pudor de la realidad peruana.
Sobre
«Los Calatos»
Nombre del autor: Alfredo Marcos
Editorial: Penguin Random House
Sello: RESERVOIR BOOKS
Formato: Tapa dura
Número de Páginas: 160 páginas













