“Aprendí a leer a los 5 años, en la clase del hermano Justiniano, en el colegio de la Salle, en Cochabamba”. Así empezó a leer su discurso, el 7 de diciembre del 2010, en el edificio de Fundación Nobel, el escritor peruano Mario Vargas Llosa. Recordamos estas líneas a propósito de la muestra que desde el 28 de mayo se presenta en la Casa de la Literatura, y que investiga justamente en aquellas primeras lecturas infantiles. Se trata de un recorrido temporal, que vincula al pequeño lector con el escritor bisoño.
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Un 12 de nota en Castellano y Literatura. Once en Inglés. Otro 12 en Historia Universal y lo mismo en Arte. El certificado de segundo año de secundaria cursado en el colegio La Salle no era muy auspicioso para el futuro Nobel, que en 1952 vivía el trauma de la sorpresiva aparición paterna y su difícil convivencia. A estos documentos oficiales expuestos se suman los del Leoncio Prado, así como el último año escolar en el San Miguel de Piura, donde recupera el pulso creativo colaborando con el diario “La Industria” y presentando su primera obra teatral, “La huida del inca”, en el teatro Variedades.
«Esos tres meses en ‘La Crónica’ lo marcarán profundamente. Allí conocerá otro tipo de escritura, más allá de la ficción».
La segunda parte de la muestra, “Días de prensa”, recupera sus primeros textos periodísticos en “La Crónica”, diario al que ingresa a los 16 años por intermediación paterna y donde cubre temas sociales, policiales y culturales. “Esos tres meses en ‘La Crónica’ marcarán profundamente. Allí conocerá otro tipo de escritura, más allá de la ficción. Empieza a escribir crónicas y reportajes, aprovechando lo que la sociedad le da”, explica Ibis Meléndez, curadora de la exposición, con asesoría del escritor Alonso Rabí.
En el recorrido podemos leer uno de sus primeros artículos, dedicado al cachascán, o sobre el cuidado que hay que tener con las farmacias en Lima. Se suman a ellos sus columnas en “La Industria” de Piura, ciudad a la que se trasladó para culminar la secundaria. Empezó a colaborar en abril de 1952 y permaneció allí alrededor de 10 meses, antes de regresar a Lima para estudiar en San Marcos. “En ese espacio, Vargas Llosa desarrollará un intenso ejercicio de escritura. Por un lado, tiene una columna propia: “Buenos días” (que inspira el título de la muestra), además de sus reportajes de la actualidad piurana. En su columna “Campanario”, el joven redactor empieza a probar seudónimos para textos más vinculados a la ficción y la fantasía. Firma como Oiram Sagrav, su nombre al revés algunos poemas, así como textos sobre turismo y teatro. “Él tiene muy analizadas sus firmas. Por ejemplo, el seudónimo Vincent Naxe lo utiliza para textos más intelectuales, mientras que con Oiram explora su lado más creativo. Por cierto, como Oiram firmará, en el semanario “Democracia” fundado con Luis Jaime Cisneros, sus primeras ‘Piedra de toque’”, señala.
Vargas Llosa de bebe, en sus primeros años en Cochabamba, con su familia materna.
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Finalmente, en la sección “Escribir para vivir”, la muestra aterriza en sus primeros textos literarios. En estos años trabaja junto a Raúl Porras, de quien aprende la metodología de investigación que influirá en sus procesos de escritura. Junto con Abelardo Oquendo y Luis Loayza, funda la revista “Literatura”, triunvirato que se convertirá en una sólida amistad. Entre otros trabajos destacan sus columnas de cine publicadas en el diario “Extra”, en las que deja constancia de su amor por el western y los policiales. Asimismo, es el tiempo en que publicará sus primeros cuentos en revistas como “Turismo” (“El Callejón”), “El Mercurio Peruano” (“El desafío”) y “El Dominical” de El Comercio, donde se edita “El abuelo”, relato que integraría luego su volumen “Los jefes”. Textos iniciales que revelan a un autor decidido a construir una definida personalidad literaria.












