Siempre tuve una visión perfecta, “20/20” como decía el oftalmólogo, hasta que llegué a los cuarenta y aprendí la palabra presbicia, que según el diccionario de la RAE es el “Defecto óptico caracterizado por la visión confusa de los objetos cercanos, cuando, a causa de la edad, disminuye la capacidad de acomodación del ojo”.
Siempre tuve una visión perfecta, “20/20” como decía el oftalmólogo, hasta que llegué a los cuarenta y aprendí la palabra presbicia, que según el diccionario de la RAE es el “Defecto óptico caracterizado por la visión confusa de los objetos cercanos, cuando, a causa de la edad, disminuye la capacidad de acomodación del ojo”.
Al empezar a usar anteojos, pude comprender mejor a mi madre que me pedía de chica que le ayudara a ensartar el hilo en la aguja, y a todas las personas adultos mayores en situación de vulnerabilidad que tienen dificultades en su vida cotidiana por no tener lentes para mejorar su visión. Una de las experiencias que más he celebrado es la buena práctica del Programa Pensión 65 y Management Sciences for Health Perú – MSH que entre el 2022 y el 2024 en colaboración conjunta realizaron 2.135 campañas de medición y entrega de lentes de lectura en 1.283 distritos de las 24 regiones a nivel nacional y donde se ha entregado 218.345 lentes a personas adultas mayores en condición de pobreza extrema, mejorando su calidad de vida.
Por otro lado, mis problemas de visión me hicieron prestar más atención a los avances tecnológicos que parecen sacados de alguna película futurista. Hoy en día existe una amplia gama de ‘smartglasses’ o gafas inteligentes que integran cámaras digitales, audio y video, pantallas de visualización, conexión a aparatos celulares y a redes digitales, entre otros, que incluso pueden recopilar y analizar información. Y, además, existen gafas inteligentes para personas con capacidades visuales disminuidas o para adaptarse a la luz del entorno de manera más precisa.
Cuando me preguntan qué se requiere para innovar en la gestión pública, casi siempre respondo que necesitamos lentes imaginarios para enfocar y entender mejor los puntos de dolor de las personas que acuden a una entidad pública. Lentes con enfoque intergeneracional para ver cómo interactúan los jóvenes, los adultos y los ancianos. Lentes con enfoque intercultural para estudiar cómo reciben información las personas que hablan lenguas nativas o visten según sus costumbres. Lentes con enfoque de igualdad para distinguir cómo se atiende a una madre gestante o con niño en brazos. Lentes con enfoque territorial para medir cuánto le toma a una persona llegar al establecimiento desde su casa. Y así. Múltiples lentes porque las personas somos diversas y vivimos en diferentes contextos.
Me imagino que los avances tecnológicos nos darán pronto una alternativa para captar toda esa información a través de lentes multifocales inteligentes, con la capacidad de procesar información e incluso sugerir alternativas de soluciones que generen valor público. Mientras tanto, debemos entrenar nuestra capacidad empática para entender y sobre todo liderar soluciones conjuntas. Lo peor que puede pasar es que nos pongamos lentes negros como en Men in Black y olvidemos lo importante.

