El artista peruano Lenin Tamayo, creador del Q-pop ha construido un proyecto musical y un universo visual coherente, reconocible y en constante evolución. Uno en el que se fusionan el K-pop -con su precisión estética y narrativa visual- con elementos andinos, símbolos ancestrales y una identidad que no busca adaptarse, sino afirmarse.
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A ese cruce lo ha llamado Quechuapop (Q-pop). Y más que un género, es una declaración estética. El estilo de Lenin parte desde lo local para proyectarse globalmente. Sus looks, cuidadosamente construidos, funcionan como una extensión de su discurso artístico. Conversamos con el joven cantante, quien nos aterrizó en palabras su universo creativo: “La estética visual de un artista puede comunicar bastante sin tener que decir nada. Eso me parece muy poderoso”.
A diferencia de muchos artistas cuya imagen es completamente delegada a un equipo, Tamayo mantiene el control creativo de su estilo. Si bien colabora con stylists y marcas, la decisión final siempre pasa por él.
“Colaboro con algunas personas, pero la última decisión siempre la tengo yo”, explica. Una postura que no es casual: su relación con la moda viene desde antes de su carrera musical. “Siempre he tenido ese hábito de pensar qué quiero expresar con la ropa”, declaró para El Comercio.
Esa claridad se traduce en una expresión de la moda que no responde a tendencias, sino a algo mucho más personal. Cada etapa de su música, cada canción, cada lanzamiento, define también su vestuario. “Depende de la era en la que me encuentro. Cada parte del proyecto tiene un mensaje y eso lo traduzco a todos los niveles, incluida la ropa”.
Uno de los aspectos más interesantes de su estilo es la fusión entre lo andino y lo asiático. Lejos de ser un recurso superficial, esta mezcla responde a un proceso de exploración personal que terminó encontrando puntos de conexión inesperados.
“Cuando fui a Asia en 2024 empecé a notar similitudes entre las siluetas asiáticas y las prendas andinas. Recuerdo que llevé una pieza de Cusco y funcionaba perfectamente con esa estética. Ahí entendí que había algo en común”, cuenta.
Desde entonces, esa relación se ha vuelto parte central de su propuesta visual. Pero el punto de partida no fue la referencia externa, sino la búsqueda interna. “Cuando haces algo nuevo, primero tienes que explorarte tú. Solo tú sabes qué quieres comunicar. Luego las personas que colaboran contigo empiezan a entender esa visión”.
El resultado es una estética híbrida pero coherente, donde conviven telares, capas, accesorios y siluetas contemporáneas con una naturalidad que desarma cualquier lectura folclórica.
Si hay un principio que define su forma de vestir, es la libertad. Lenin evita encasillar su estética desde la confección y prefiere construirla desde el styling.
“No me gusta definir la ropa desde cómo fue diseñada originalmente. Me interesa cómo puedo transformarla: usar una prenda como tocado, como chal o amarrarla de otra forma”, explica.
Esta lógica convierte a los accesorios en protagonistas. Sobre bases simples -pantalones o tops neutros- construye capas de significado a través de piezas que se suman, se reinterpretan y se resignifican.
En ese proceso, también colabora con diseñadores peruanos y marcas independientes como Hey Jim, Ocho Perú y Katherine Salcedo, así como con creadores emergentes que incluso le hacen llegar piezas de forma directa. El resultado es un ecosistema diverso, donde la moda se construye de manera colectiva, pero con una dirección clara.
Y en el universo de Tamayo, nada es casual. Ni siquiera el cabello. Para su proyecto “AMARU”, un álbum conceptual dividido en tres partes, decidió dejarlo crecer como parte del relato. “Quería que se viera que el personaje está atravesando cambios. El crecimiento del cabello es una forma visual de mostrar evolución”.
Pero la decisión también conecta con una lectura cultural más profunda. “En la cultura andina el cabello tenía un significado importante, representaba jerarquía, identidad. Y también es una imagen muy asociada a las culturas originarias a nivel global”. Así, el cabello se convierte en símbolo: una herramienta visual que dialoga con la historia, la percepción global y la construcción de identidad contemporánea.
Entre todos los elementos que componen su estilo, hay uno que se repite y resume su enfoque: un collar en forma de sol que aparece en múltiples looks.
Lejos de ser una pieza de lujo en términos tradicionales, su valor es simbólico. “Lo conseguí detrás de la catedral del Cusco. Para mí es una joya no por el material, sino por lo que representa”, explica.
El accesorio llamado Sol Echenique remite a sus raíces familiares y al significado del quechua como cultura viva. Es, en esencia, una declaración: en su estética, el valor no está en el objeto, sino en la historia que carga.
Uno de sus looks más representativos -un kimono bicolor en rojo y blanco representando los colores de nuestra bandera- resume bien su manera de entender la moda como puente cultural. Diseñado para una gira en Asia, el look buscaba transmitir el mensaje de “amor y libertad”, eje central de su proyecto. “Quería representar nuestra llegada a Asia no como algo ajeno, sino como parte de esa cultura”, explica. La imagen es potente: un artista peruano que se presenta ante el mundo desde el respeto, pero sin renunciar a su identidad. “Era como una especie de Inca que llegaba con un kimono, y al abrirlo mostraba todo el universo quechua”.
Hoy, el impacto de su propuesta trasciende lo visual. El creciente apoyo del público -incluyendo quienes lo proponen como telonero para el concierto de BTS en Lima– refleja algo más amplio: un cambio en la forma en que se percibe lo local.
“Que en mi propio país haya más apertura a lo que hago es un indicador de que estamos empezando a tener una visión más amplia, sin perder identidad”, señala.
Su referencia más reciente, no por casualidad, es David Bowie, un artista que entendió la estética como parte esencial de la música. “Me inspira cómo construía cada alter ego con una identidad visual clara”.//
Además…
El siguiente capítulo
Este 23 de junio, Lenin Tamayo presentará la última parte de su proyecto «AMARU» en el gran Teatro Nacional, una trilogía que ha marcado su evolución artística: «AMARU I»(2023), «AMARU II» (2025) y esta entrega final que verá la luz en un concierto que promete consolidar su propuesta.













