“Mira, este es un gobierno de Fuerza Popular. Keiko, Lucho y Miki dirigen el partido y por ellos pasan las decisiones más importantes”, me dijo una fuente de alto nivel, cercana al fujimorismo, a quien le estaba dando la lata con preguntas para las que no tenía respuesta. Tiene razón mi fuente respecto de los tres, aunque a Miguel ‘Miki’ Torres lo veamos poco. Sucede, para la contrariada notoriedad de Miki, que el congreso bicameral que preside es un paquidermo que recién se echa a andar.
Fue muy gracioso, por cierto, ver a ‘Miki’ hablar en una cuña de un minuto en la trasmisión del canal del Congreso, aprovechando que el relator leía el reglamento antes de la presentación del Gabinete Galarreta (está lanzando, en sus redes, varios videos de rutina, pero con la seria limitación de que no tiene acciones políticas que mostrar).
Miki preside el senado y, por ende, el Congreso; pero no le tocaba sentarse en la mesa ese día, pues el papel le tocó al presidente de la cámara de diputados, Óscar Reto, del Partido de Buen Gobierno. Ese día fue de ‘Lucho’, para el que se había preparado con un largo ayuno mediático. Keiko sí aparece casi todos los días en eventos y redes, hasta el riesgo de la sobreexposición con papelito de discurso en mano.
«Alguien que los conoce muy bien me los describió así: ‘Keiko es la más caviar, Lucho el más derechista, Miki está en el medio’. Matices más, matices menos, los tres están comprometidos con un ideario conservador”.
Ganado el poder, el trío se ha dividido las funciones de acuerdo al mandato popular (Keiko fue la que ganó, ¿no?), a la primacía en el partido (Keiko lo preside, Lucho la secunda como secretario general y Miki le sigue con cargos que se han ido ajustando a las circunstancias) y a la plancha presidencial (Lucho es primer vice, Miki es segundo).
Sumen un antecedente que no se remonta al primer fujimorismo, sino al segundo gobierno de Alan García, que en muchos aspectos es el gran referente del keikismo: Alan puso en la PCM a Jorge del Castillo, la figura más notoria del aprismo luego de él, y dejó los asuntos del partido a Mauricio Mulder. Bueno pues, ahora Lucho está en la PCM y Miki a cargo del partido en el Congreso.
Lo explico con un ejemplo: Keiko quiere facultades legislativas, Lucho coordina desde la PCM la elaboración del pedido con colaboración de varios ministerios, Miki ha de velar para que la bancada del senado consiga que se apruebe lo más posible, aunque diputados apruebe poco.

Presidente del Consejo de Ministros, Luis Galarreta, expone en el Congreso de la República para presentar la política general del Gobierno. (Foto: Congreso)
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Así nacieron
Los tres pilares de Fuerza Popular no son albertistas de primera. Son neofujimorismo puro. Los tres han tenido sus diferencias históricas y sus reconciliaciones íntimas con la veta del patriarca. Keiko (51) criticó públicamente el influjo de Montesinos en la re reelección de su padre en el 2000. Sin embargo, siguió siendo su primera dama y lo acompañó en su última campaña al ritmo de ‘El baile del Chino’. No lo acompañó, eso sí, en su fuga a Japón.
Esa oportuna distancia le permitió, en el 2006, a pedido de Alberto, ser su heredera política postulando al número 1 por Lima. Martha Chávez fue la candidata presidencial, pero todo el aparato apuntaló a la hija del patriarca que afrontaba una extradición desde Chile.
Keiko fundó en el 2009 un vehículo electoral, Fuerza 2011, con la fecha de caducidad que Alberto ponía a todos los partidos que mandó crear. Pero ella sí quiso construir un aparato estable y, en el 2012, con su entonces personero legal Pier Figari (hoy diputado), lo rebautizaron Fuerza Popular.
Con ese membrete neofujimorista postuló por segunda vez a la presidencia en el 2011. En su entorno dirigencial principal no estaban las otras dos naranjas de este cuento. En su lugar, transitoriamente, estuvieron Jaime Yoshiyama, Pier Figari, Ana Herz de Vega y Joaquín Ramírez, quien tuvo que renunciar tras un escándalo en plena campaña del 2016 y ser reemplazado en la secretaría general por el empresario José Chlimper. Ramírez, actual alcalde de Cajamarca, ahora postula con su movimiento propio a la gobernación de su región y mantiene una relación amical con FP. Chlimper es más cercano aún.
Galarreta no era ni siquiera fujimorista en el 2011. Era, por segundo periodo, congresista del PPC. Conocía a Keiko porque ambos coincidieron en la Comisión de Economía. En el primer semestre del 2015 se distanció del PPC que estaba transido por pleitos internos que lo dejaron desubicado. En el siguiente semestre inició sus conversaciones con FP. Fue presentado públicamente en enero del 2016 como jale para la lista congresal. Keiko quería sangre nueva, aunque hubiese sido crítica de su padre como él lo fue. Recuerden que fue en esa campaña que Keiko se jactó de apartar de la lista a veteranos del primer fujimorismo como Luisa María Cuculiza y Martha Chávez, para dar primacía a Lucho, a Daniel Salaverry y a Rosa Bartra, entre otros. Galarreta llevó su ímpetu de derecha a un terreno que le sentó mejor que el PPC y, con el paso de los años, hizo su lectura conciliadora del fujimorismo. Tiene la gran ventaja de no haber participado del pasivo albertista.
“Los dos soportes masculinos de Keiko son, para decirlo del algún modo, hijos del Congreso y de la persecución judicial contra sus predecesores”.
Miki también tiene esa última ventaja. Era muy joven como para haber activado en el primer fujimorismo. Su padre, Carlos Torres y Torres Lara, crió fama como fujimorista ‘institucionalista’, esa palabra que Keiko siempre espeta a papá Alberto mirando al cielo. Carlos fue primer ministro, canciller y ministro de trabajo en las primeras temporadas del ‘Chino’ y se apartó del gobierno unos meses antes del golpe del 5 de abril de 1992. Volvió como miembro del CCD (Congreso Constituyente Democrático), en el que presidió la Comisión de Constitución que fue el núcleo que evacuó la carta del 1993. Hacia fines de los 90, su salud lo apartó del poder y murió en el 2000, ajeno a la debacle moral de Alberto. O sea, evitó lo ‘peor’ y estuvo en lo ‘mejor’ del albertismo. Miki tuvo su debut partidario electoral recién en el 2014 como candidato a la alcaldía de Surco. Perdió, pero ganó una curul en el 2016 y ascendió en el partido hasta ser subsecretario general durante la gestión de Chlimper.
Le pedí a dos personajes históricos del fujimorismo que me cuenten como fue la transición del entorno dirigencial de Keiko durante el 2018 hacia el actual triunvirato. Nos quedamos en el 2016, con Chlimper de secretario general, compartiendo con Keiko, Figari y Ana Herz de Vega, el manejo del partido con la única mayoría absoluta parlamentaria que hemos visto en el sXXI. El Lava Jato les estalló en la cara en el 2018 con una persecución judicial implacable sobre los presuntos aportes de Odebrecht a la campaña, que llevó a prisión preventiva a Keiko, a Pier y, por menos tiempo, a Ana, en octubre de ese año. Chlimper, en parte para evitar los rigores judiciales sobre su faceta empresarial y cansado de la tarea partidaria, renunció. Se nombró un comité de emergencia presidido por el subsecretario, Miki Torres. Keiko, en los días que estuvo libre entre su detención preliminar y su primera prisión preventiva, convenció a Luz Salgado para que asumiera la secretaría general. Salgado solo aceptó hacerlo por unos meses.
Keiko, desde la prisión, intentó persuadir a Luz de que se quedara en su puesto; pero ella, coincidiendo con otros dirigentes, propuso a Galarreta, quien la había sucedido en la presidencia del Congreso. Había un sector del partido que prefería a Martha Chávez, pues pensaban que ante la ofensiva judicial, el fujimorismo necesitaba a esta vocera agresiva de la vieja guardia. Keiko prefirió a Galarreta, que asumió la secretaría general en abril del 2019. Miki quedó como el tercero que ya era en el escalafón partidario. Se conocía con Keiko y sus hermanos desde que estudiaron en el Recoleta. Miki era de la promoción de Kenji, pero desde su adolescencia conoció a Keiko.
Cuando Vizcarra disolvió el Congreso con mayoría absoluta naranja, Lucho y Miki no postularon al congreso complementario. Confirmando el nuevo triunvirato partidario, Lucho y Miki prefirieron excluirse de las listas al Congreso, identificándose más netamente con el manejo del partido. Pero no estuvieron lejos del parlamento. Lucho había postulado al Parlamento Andino y obtuvo una curul, discreta y de perfil bajo (lo ha vuelto a hacer, pero la PCM le impide cumplir con ello). Miki, en cambio, se la ha pasado el último quinquenio como asesor principal de la bancada. Los dos soportes masculinos de Keiko son, para decirlo del algún modo, hijos del Congreso y de la persecución judicial contra sus predecesores.
Keiko manda, no hay duda, pero los escucha y les da espacios de poder. También escucha al resto de la dirección del partido. Por ejemplo, ni ella ni Miki eran muy aficionados al retorno de la bicameralidad, pero era un reclamo partidario del que sí participaba Lucho y ayudó a que se imponga. Alguien que los conoce muy bien me los describió así: “Keiko es la más caviar, Lucho el más derechista, Miki está en el medio”. Matices más, matices menos, los tres están comprometidos con un ideario conservador y eso lo veremos cada vez más en el gobierno. Miki, con sus vínculos empresariales construidos en su práctica de la abogacía, es el más pragmático. No ha participado como Lucho en el ‘casting’ del gabinete, pero sí ha tenido injerencia, por no llamarle cuota. Una ex asesora suya de cuando era congresista, Maritza Canales, es la nueva ministra de Desarrollo e Inclusión Social, una cartera importante para Fuerza Popular, que piensa incrementar el volumen de los programas sociales. Sumen al MIDIS a los ministerios vigilados directamente por el partido.
Cuando se asienten el gabinete y las dinámicas parlamentarias, las tres naranjas perfilarán mejor sus roles y vocerías. Lucho ha permitido mucho desorden en el gabinete, provocando que Keiko se abriera pequeños y gratuitos frentes. El gabinete, con algunas personalidades independientes que manejan su propia comunicación, obligó a Keiko a algunas aclaraciones. Algunos ministros, con el paso de las semanas, serán cooptados por las necesidades de Lucho y Keiko, mientras Miki termina de conocer los entresijos de la bicameralidad. El inminente pedido de facultades legislativas será la prueba ácida del trío de naranjas.



