sábado, septiembre 5

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El presidente de Argentina, Javier Milei, reclamó esta semana la soberanía de su país sobre las islas Malvinas y señaló este jueves 3, en un discurso a la nación, que impondrá sanciones adicionales a las compañías petroleras que realicen actividades en las islas Malvinas. En el mensaje también anunció la construcción de una base militar en la provincia patagónica de Tierra del Fuego, cercana al archipiélago administrado por el Reino Unido.

Los anuncios de Milei se producen mientras las compañías Rockhopper (Gran Bretaña) y Navitas (Israel) vienen trabajando de cara a un proyecto de extracción de hidrocarburos en las islas, cuyo inicio operativo está programado para el primer tercio del 2028.

Esta antigua disputa territorial con el Reino Unido tuvo esta semana a Donald Trump como una inesperada tercera parte, luego de que el mandatario estadounidense dijera el 31 de agosto que está dispuesto a revisar la tradicional neutralidad del gigante norteamericano alrededor de las Malvinas. “Siempre reevalúo mis posturas y esta es solo una de muchas”, había comentado Trump a los medios presentes en el Despacho Oval.

El gobierno de Milei mantiene buenas relaciones con el de Donald Trump.

El gobierno de Milei mantiene buenas relaciones con el de Donald Trump.

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Milei tomó nota de las declaraciones de su homólogo norteamericano mencionando que “en el mundo corren vientos de cambio favorables” a la postura argentina sobre el territorio insular. No obstante, Reino Unido respondió este viernes 4 a través de su secretario de Relaciones Exteriores, Ed Miliband, quien afirmó que las islas “son británicas y seguirán siéndolo por la abrumadora voluntad de sus habitantes”.

En medio del reavivamiento de la disputa retórica, al interior de Argentina la oposición ha acusado a Javier Milei de emplear de forma “oportunista” la temática de las Malvinas, cuestionamientos que han sido compartidos por la Federación de Veteranos de Guerra del país sudamericano.

Las voces críticas con el mandatario argentino no han dudado en recordarle sus posiciones previas, cuando declaraba que cualquier solución ligada a la soberanía de las islas atlánticas debía pasar por el “respeto a la voluntad de los habitantes” de esos territorios.

Juan Negri, analista político argentino y catedrático de la Universidad Torcuato di Tella, comenta en diálogo con “El Comercio” que Javier Milei ha abordado la reivindicación de las islas Malvinas en un periodo de evidente descenso de su popularidad.

Para el especialista, la soberanía argentina sobre las islas es un factor indudablemente aglutinador a nivel interno, aunque poco duradero porque es un tema asumido por completo entre la opinión pública. Negri resalta que, si bien recurrir a las Malvinas no provoca mayor desgaste para un gobernante argentino, el uso de este recurso por Milei tiene algunos riesgos potenciales por el contexto en el que lleva a cabo el reclamo sobre las islas.

—Milei anteriormente se había referido a la soberanía argentina sobre las Malvinas aludiendo a la libre determinación de los habitantes las islas, ¿este cambio de postura ha causado sorpresa en Argentina?

¿Hay sorpresa por el cambio? Yo creo que sí y no. Sorprende porque contradice lo que él mismo decía acerca de que admiraba a Margaret Thatcher y que aceptaba conversar con los isleños como parte de la solución. Ahora sostiene que no tienen derecho a la autodeterminación —que es la posición argentina clásica— y al mismo tiempo sorprende poco a quien siguió su gobierno porque Javier Milei ya hizo giros abruptos parecidos con respecto a China, Brasil y el Vaticano.

Otro detalle importante a tener en cuenta es que Milei eligió apoyarse en una ley sancionada por el kirchnerismo en el 2011, a la que en su momento se opuso políticamente.

«Las Malvinas es de los pocos temas donde se puede construir mayoría sin polarizar tanto»

—¿Cuánto pesa en el discurso del presidente sobre las Malvinas la percepción de los argentinos sobre el éxito o no del modelo Milei en el contexto nacional actual?

Yo creo que en la percepción sobre el modelo pesa mucho, aunque no lo explica todo. Es cierto que la aprobación de Milei cayó de un pico cercano al 45% en febrero a un 31% en agosto, arrastrado por expectativas económicas malas y por el escándalo que sacó a su vocero Manuel Adorni; sin embargo, las Malvinas es de los pocos temas donde puede construir mayoría sin polarizar tanto.

También es cierto que el calendario del proyecto petrolero es ajeno al ciclo político argentino y le impone plazos propios. Hay una señal reveladora en su propio discurso: dijo que un país empobrecido no puede defender su soberanía. O sea que puso al modelo económico como fundamento de todo lo demás.

—¿Cree Javier Milei que Donald Trump puede tener alguna injerencia en el reclamo argentino sobre las islas o se trata esencialmente de un recurso discursivo de estos dos presidentes para presionar al Reino Unido según sus intereses particulares?

Con relación a Trump, creo que están las dos cosas. La frase de Trump sobre revisar la posición histórica de Washington es la primera grieta en la neutralidad estadounidense desde 1982 y creo que Milei aprovecha la oportunidad y la capitaliza. No obstante, para Trump obviamente esto es una ficha de negociación con Londres en medio de su enojo por la guerra en Irán y también, como toda política de Trump, es fácilmente reversible y de costo cero para él.

Entonces esto para Milei es el núcleo del reclamo, pero en realidad Argentina está apostando por una palanca que no controla en su totalidad.

—¿Las potenciales sanciones sobre explotación de recursos en las Malvinas son aplicables realmente? ¿El Estado argentino ha tenido antecedentes exitosos?

Son bastante ineficaces. Hay empresas que están inhabilitadas para operar en Argentina hace bastantes años y siguen adelante. La justicia fueguina [provincia argentina de Tierra del Fuego] llegó a ordenar embargos millonarios a empresas que nunca han llegado a ejecutarse, por lo que, si las compañías no tienen activos ni negocios en el territorio argentino, la prohibición de operar acá no les cuesta nada.

Vista aérea de Stanley, Islas Malvinas, el 7 de octubre de 2019. Foto: PABLO PORCIUNCULA / AFP

/ PABLO PORCIUNCULA

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Hay una novedad en el paquete de Milei que apunta justamente a este problema porque extiende la responsabilidad a accionistas, directores y proveedores, de servicios de logística y transporte marítimo. Ahí sí podría haber un costo real porque la cadena de contratistas y aseguradores del proyecto funciona más globalmente.

Las operadoras ya respondieron que no esperan efectos materiales, pero algunas empresas, por ejemplo, ya vieron desplomarse sus acciones.

—¿El uso político de las Malvinas es un recurso que comienza a dar señales de desgaste en Argentina o es una carta siempre efectiva para solventar problemas de popularidad en los gobiernos?

Yo diría que el recurso de las Malvinas es una carta de bajo costo y bajo rendimiento. Genera consenso porque casi nadie la discute, y por eso mismo nadie cambia el voto por eso.

Desde 1983 ningún gobierno argentino obtuvo popularidad duradera con las Malvinas y el conflicto de 1982 terminó en el colapso del régimen militar que lo intentó. Entonces, funciona como recurso defensivo para unificar y ganar tiempo más que ningún tipo de iniciativa seria de recuperación.

En este caso creo que hay un riesgo específico adicional y es que si el petróleo empieza a fluir en el 2028 con la infraestructura británica intacta, el costo político del fracaso posiblemente lo pague el que elevó las expectativas, que en este caso sería el mismo Milei.

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