El Congreso Anual de Marketing del Perú 2026 (CAMP), volvió a recordarnos por qué es mucho más que un evento para ‘marketeros’: es un termómetro de negocios, consumo y país. En su edición 25, dejó varias señales sobre hacia dónde mirar si queremos crecer con más inteligencia, propósito y menos piloto automático. A continuación, comparto las que más me resonaron.
La primera es económica, pero también anímica: al Perú le va bien, incluso en medio de un año electoral, crisis políticas y ruido social. No hemos visto la contracción que muchas veces aparece antes de las elecciones. La economía sigue avanzando alrededor de 3% —el BCR elevó su proyección a 3,4%—, pero ahí está precisamente la incomodidad: podríamos estar creciendo 5% o más. El problema no es falta de potencial; es falta de decisión para desbloquearlo.
La segunda es que seguimos mirando de manera limitada a las grandes mayorías. Durante años se las ha leído desde la carencia, asumiendo que son “menos rentables” o que el precio es el único detonador de compra. Ese sesgo nos impide ver su verdadera sofisticación: familias que progresan, comparan, aspiran y exigen. La oportunidad no está en vender barato, sino en diseñar valor accesible: propuestas que respeten su esfuerzo y sus nuevas formas de movilidad social.
La tercera es que el propósito dejó de ser un discurso bonito para convertirse en una ventaja competitiva. Las empresas con alma -como se planteó en CAMP- conectan mejor con consumidores que esperan coherencia, atraen y retienen talento que quiere trabajar con sentido e incluso pueden volverse más atractivas para inversionistas que valoran el impacto positivo. El propósito no reemplaza la rentabilidad; la vuelve más sostenible.
La cuarta señal es una alerta para los que creen que todo se resuelve con ‘performance’. Invertir solo en conversión es como cosechar sin volver a sembrar. Puede funcionar hoy, pero debilita la marca mañana. Es tentador, pero cortoplacista. La discusión no es ‘branding’ versus ‘performance’, sino cómo hacerlos convivir y retroalimentarse. Y vale recordar que las marcas no se construyen solo con campañas publicitarias: se construyen también desde el producto, el servicio, el punto de venta y cada experiencia que confirma —o contradice— la promesa.
La quinta tiene que ver con la capacidad de prestar atención. Nunca se produjo tanto volumen de contenido como hoy y nunca hubo tan poco tiempo -y ganas- para mirarlo. En el congreso, uno de los expositores mencionó que hacemos en ‘scroll’ diario el equivalente a la altura de la Estatua de la Libertad;escalofriante, pero tranquilamente es cierto. Este hecho está claramente exponenciado por la IA, para dar más textura; hoy más del 50% de los contenidos digitales ya se realiza con IA. En línea con esto, es importante recordar que el valor de la IA no debe estar en producir de manera infinita, sino en procesar mejor la información. Es una herramienta extraordinaria, pero no es el fin en sí mismo; el norte para las marcas sigue siendo conectar con verdades humanas de manera consistente, creativa y criteriosa.
Finalmente, crecer dependerá de mirar con más profundidad, actuar con coherencia y crear valor real para las personas y el país.














