viernes, mayo 15

Pese a la guerra comercial y a las discrepancias en varios frentes, el presidente de EE.UU., Donald Trump, y su par chino, Xi Jinping, exhibieron sus mejores sonrisas e intercambiaron muestras de cortesía en la jornada central de la visita del republicano a Beijing. Pero no fue todo pompa y gentileza. Al final del día fue claro que las diferencias están lejos de cerrarse, especialmente las que se centran en Taiwán.

El segundo día de la visita transcurrió sin anuncios importantes. La atención se la llevó la advertencia que Xi lanzó a Trump, al afirmar que los dos países podrían chocar por Taiwán si el tema no se maneja adecuadamente. Fue el pronunciamiento más duro de lo que va de la visita y contrastó con los elogios del líder estadounidense hacia su homólogo chino.

En diálogo con El Comercio, Marco Carrasco, profesor de Desarrollo y Estudios de Asia de la Universidad San Marcos, considera que la visita de Trump a Beijing no buscaba lograr grandes acuerdos inmediatos, sino funcionar como un mecanismo para reducir tensiones entre dos potencias que están condenadas a coexistir y competir durante las próximas décadas.

-Más allá de la pompa y la buena sintonía entre ambos mandatarios no hubo anuncios importantes o señales de entendimiento sobre la guerra comercial. ¿Para qué sirvió esta cita?

No es que de antemano uno vaya a esperar que ese tipo de reuniones tenga grandes resultados, sobre todo dado el contexto y la innegable rivalidad y competencia que hay actualmente entre China y Estados Unidos. Más bien, es una suerte de mecanismo de contención de una circunstancia en la cual ambas superpotencias están destinadas a coexistir en las próximas décadas. Más allá de los distintos niveles de entredichos que puedan haber habido previamente y del tema de los aranceles, yo creo que en general se puede mantener una suerte de control estable ante ciertos asuntos que han sido complicados. Para China, claramente se trata del caso de Taiwán, mientras que para Estados Unidos está el tema también de los aranceles, el tema de Irán. Pero no es que se esperaran grandes anuncios, sino que estas reuniones sirven para bajar la tensión, pero finalmente el desenlace o la dinámica entre ambas naciones es inexorable y es independiente a la reunión de Trump y Xi Jinping. La rivalidad continúa, el peso económico y geopolítico continúa, los presidentes, sobre todo en el lado de Estados Unidos, van a tener un sucesor eventualmente.

El presidente chino Xi Jinping inspecciona una guardia de honor junto al presidente estadounidense Donald Trump durante una ceremonia de bienvenida en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, China, el 14 de mayo de 2026. Foto: EFE/EPA/Maxim Shemetov / POOL

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-El tema más espinoso fue Taiwán. Xi advirtió a Trump que si el tema no se gestiona adecuadamente, las discrepancias podrían derivar en un conflicto y en “una situación extremadamente peligrosa”, mientras que el secretario de Estado, Marco Rubio, afirmó que la política de EE.UU. sobre ese territorio no ha cambiado en el viaje a China. ¿Qué papel ocupará Taiwán en las relaciones entre ambos países en adelante?

Del lado chino, Xi ha centrado el tema de forma muy interesante. Básicamente, ha condicionado todo tipo de relación posterior entre China y Estados Unidos, que bien puede ser de competencia o de cooperación, a tener el asunto de Taiwán como la piedra angular. La postura china se centra en que, en la medida que en Estados Unidos y en general en el mundo, se respete la cuestión de Taiwán y de la defensa de una única China, las cosas pueden avanzar de una manera relativamente constructiva y estable, pero si es que se maneja de forma distinta las relaciones entre ambas naciones pueden colisionar.

Algo interesante también es que Xi conectó este tema con la trampa de Tucídides, un concepto geopolítico de Graham Allison que habla de los conflictos entre una superpotencia establecida y una superpotencia emergente. Según este politólogo, en la gran mayoría de casos a lo largo de la historia, ello suele terminar en un conflicto no pacífico. Es interesante la mención que hace Xi del caso, un poco como para condicionar el escenario y poner la relevancia de Taiwán como una cuestión central.

-¿Es Taiwán la gran línea roja? ¿Cuál será la estrategia de Trump para lidiar con las presiones sobre ese territorio?

De todas maneras es la gran línea roja, eso Xi Jinping lo ha dejado bastante claro en su discurso. Ha habido bastante cortesía. Más allá del tema diplomático, los chinos son muy buenos para mostrar una suerte de empatía o cercanía con el visitante. Pero al mismo tiempo han puesto el tema de Taiwán en relevancia y han usado otros temas, como el estrecho de Ormuz, para tratar de condicionar un poco el hecho de la necesidad de que el status quo respecto a Taiwán se mantenga. El tema de la no injerencia también. Incluso fueron un pasito más allá al decir básicamente que el concepto de la paz en el estrecho de Taiwán era algo irreconciliable con la idea de la independencia de la isla de Taiwán.

-Trump afirmó que Xi le ofreció su ayuda para desbloquear el estrecho de Ormuz y ya en días previos Washington le había pedido a Beijing un papel más activo ante Teherán. ¿Cuánto podría involucrarse China en el conflicto en Medio Oriente?

China tiene una visión geopolítica de tener la menor injerencia posible. Quizás esa es una diferencia bastante notable respecto a lo que ha sido normalmente la política de Estados Unidos, sobre todo en los últimos años. Sin embargo, todo este tema de Irán, en cuanto a lo que viene a ser una negociación, a China le sirve como una suerte de palanca para poder ejercer cierto nivel de respeto para lo que ellos consideran es el tema central: Taiwán. Entonces es posible que China use algunos canales “diplomáticos” para tratar de abogar por ello. No necesariamente creo que vaya a surtir algún efecto claro en el corto plazo, pero puede haber una línea de coincidencia. China declaró estar de acuerdo, por ejemplo, en que Irán no tenga armamento nuclear. Y también está el hecho de que a la economía china le conviene que el estrecho de Ormuz se mantenga abierto.

El presidente de China Xi Jinping brinda durante un banquete de Estado en honor del presidente de Estados Unidos Donald Trump en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 14 de mayo de 2026. (Foto de Brendan SMIALOWSKI / AFP).

El presidente de China Xi Jinping brinda durante un banquete de Estado en honor del presidente de Estados Unidos Donald Trump en el Gran Salón del Pueblo en Beijing, el 14 de mayo de 2026. (Foto de Brendan SMIALOWSKI / AFP).

/ BRENDAN SMIALOWSKI

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-La visita a Beijing se dio sin contratiempos y ahora se espera que Xi Jinping llegue a la Casa Blanca en los próximos meses. ¿Cuál será la estrategia del mandatario estadounidense frente a China para lo que resta de su gobierno?

Algo que me llama la atención es que se nota un cambio, no comparándolo con las reuniones previas entre Xi Jinping y Trump, o con las comunicaciones que tienen cada cierto tiempo, sino respecto a la última visita de nivel similar. La última reunión que se da entre un presidente de Estados Unidos y uno chino en China justamente es de la administración Trump, porque durante la era Biden no se dio una visita en el territorio chino. La última reunión fue en el 2017, estamos hablando de hace casi diez años.

En aquel momento, básicamente, la visión de China era la de una superpotencia emergente, con un Estados Unidos que tenía una mayor capacidad de negociación. En esta ocasión, por un lado por la circunstancia propia de las decisiones geopolíticas de Estados Unidos en Irán, pero también porque China ha venido creciendo en varios otros ámbitos, la situación está casi equiparada. Ahora es innegable el hecho de que hoy en día existen dos superpotencias establecidas en el mundo, siendo una de ellas Estados Unidos y la otra China. Ese nivel de dinámica en el que prácticamente se miden de igual a igual es algo que Estados Unidos tiene que saber reconocer. Entonces, la invitación a la Casa Blanca que hasta ahora se plantea para setiembre puede servir como un mecanismo de Estados Unidos para buscar transmitir una imagen de cierto tipo de dominio, algún tipo también de condicionamiento, más allá, obviamente, de las frases cooperativas que uno pueda dar.

Si bien los estadounidenses han llevado a varios de sus líderes empresariales, no diría que todo el poderío tecnológico de Estados Unidos se siente expresado en la mesa. Es relevante, por ejemplo, el nivel del vínculo tecnológico que tienen y las inversiones que China ha dejado que tenga Estados Unidos en su territorio, pero yo creo que hay muchos puntos que Estados Unidos puede intentar tratar de condicionar o de usar como una palanca de ventaja. En esa línea yo lo vería como una oportunidad. Siempre se habla del tema de la cooperación, la diplomacia, pero lo que busca transmitir una nación en cuanto a ello es importante. Dado que ahora ya es innegable el estatus de China como superpotencia establecida, ese tipo de detalles -como llevar a sus empresarios más importantes- sirven para que Estados Unidos trate de mostrar que aún tiene el liderazgo, aunque en la práctica es casi innegable que estamos hablando ya de representantes de dos naciones en igualdad de condiciones.

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