Entre los homenajes que ha recibido Blanca Varela por la conmemoración del centenario de su nacimiento, hay que contar “La vértebra perdida”, biografía que acaba de publicar Fietta Jarque. Se trata, no hay duda, de un trabajo informado y asequible para los conocedores y los recién iniciados en la obra de la poeta más trascendente del Perú contemporáneo, y de un aporte para la construcción del libro definitivo sobre su vida. Porque “La vértebra perdida” no lo es y no pretende serlo: este esfuerzo prefiere indagar más en algunas zonas existenciales de Varela que en otros aspectos específicos de su turbulenta experiencia o de su obra preclara.
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De Fietta Jarque, periodista de profesión, hemos leído una rara e interesante novela (“Yo me perdono”, 1998) y un ameno reportaje (“Donde Dennis Hopper perdió el poncho”, 2021, acerca de la accidentada y trágica filmación y edición de “The Last Movie”). En esta nueva incursión se constata su oficio y capacidad para triangular diversos testimonios y fuentes, elaborando así un enriquecedor contraste; su honestidad profesional por exponer y explicar sus decisiones a la hora de abordar ciertos asuntos privados y públicos de la poeta, así como su transparencia al advertir los posibles sesgos que la subjetividad de sus entrevistados puede provocar.
Encontramos en estas páginas destreza narrativa y un dinamismo innegable al desgranar ciertos episodios, como el de la estancia europea de Varela y su integración al mundo cultural del que se nutrió y en el que terminó siendo figura de excepción. También alcanza brío la sección que abarca los años posteriores al inesperado fallecimiento de su hijo Lorenzo, puntillosamente revisados por Jarque, quien nos muestra a una mujer transida por un dolor insondable que se agravó con su despido como directora del Fondo de Cultura Económica, hecho que la afectó más de lo que se podía sospechar. Pero así como hallamos estos núcleos logrados y hasta vigorosos, también nos damos con otros donde la mera acumulación de datos, entrevistas y referencias hegemoniza el relato; la autora prefiere ceder la posta a la nutrida documentación que ha reunido. Esta es una opción legítima (que también empleó en su libro de Dennis Hopper); el problema es que en no pocos tramos ello hace del texto un recuento impersonal, una recopilación archivística tan ordenada como meramente informativa.
Pero quizá lo que más se extraña en “La vértebra perdida” sea la relación de Varela con sus propios libros. Se nos dice poco acerca de cómo los escribió, cómo estos se interrelacionan con su impronta vital, salvo en algunos casos más o menos conocidos. Es verdad que la autora nos previene de que no es su meta ejercer un análisis literario, pero de todos modos uno cierra esta biografía con la impresión de haber contemplado un rompecabezas abigarrado y sugestivo, pero incompleto. Todo ello habla, al final, más de Fietta Jarque que de Blanca Varela: se reafirma una forma de trabajo donde se renuncia a la reflexión en cuanto al objeto de estudio a favor de una mirada periodística y objetiva, pese al costo que eso pueda suponer. En ese alto riesgo se sustenta la apuesta de este volumen.
“La vértebra perdida”
Autora: Fietta Jarque
Editorial: Lumen
Año: 2026
Páginas: 322
Relación con el autor: cordial