En “La cabaña”, la nueva apuesta del teatro Marsano, Joaquín de Orbegoso y Lilian Schiappa-Pietra interpretan a Thomas y Sylvia, dos amantes que llevan años viéndose a escondidas. Para sostener esa relación sobre el escenario, sin embargo, necesitan algo que va más allá de la ficción: confianza.
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El cambio de registro fue una de las razones que terminó de convencer a Lilian. Venía de la intensidad dramática de “Bodas de sangre” y ahora tenía delante una comedia en la que podía jugar desde otro lugar.
“Me emocionó un montón pasar de un género al otro, porque me gusta mostrar versatilidad”, cuenta.
Joaquín de Orbegoso llegó a “La cabaña” por un camino distinto. Rodrigo Falla lo llamó para ofrecerle el papel de Thomas y bastó leer la obra para entusiasmarse. Le atraía volver a la comedia, probarse en la farsa y, además, saldar una deuda personal que llevaba años esperando: actuar en el Teatro Marsano.
“Había hablado un par de veces con Osvaldo Cattone y nunca logramos concretarlo. Para mí era un pendiente. Así que con mucha alegría acepté esta aventura”, recuerda.
Para Lilian, el reto está en alternar dos personajes opuestos: en el Marsano es Sylvia, una dama inglesa de 1923; en televisión, Ramona, una presidiaria en “La vida que me robaste”.
“Me pareció locazo tener los dos personajes al mismo tiempo”, reconoce.
Joaquín también sale de su zona habitual. Como Thomas, asume un lugar más protagónico dentro de la comedia, un registro que lo obliga a exigirse de otra manera. “Es un bonito personaje para crecer como persona y también como actor”, afirma.
Hablar de crecimiento lleva la conversación a un terreno más personal. Lilian recuerda que, a los 18 años, cuando recién empezaba en televisión, alguien cuestionó su cuerpo y le dijo que nunca sería protagonista si no era delgada. La frase agravó inseguridades que ya arrastraba, pero con los años la actuación terminó ayudándola a reconciliarse consigo misma.
“Me terminó de matar”, admite. “Ahora sí podría decir que ya no tengo un problema con mi cuerpo. Me siento mucho más segura de mí misma”.
Joaquín reconoce una experiencia similar. Hace alrededor de un año y medio, después de una lesión que lo mantuvo alejado del deporte, un amigo hizo un comentario sobre su peso y luego sobre su desempeño corriendo tabla. No cree que hubiera mala intención, pero la frase lo golpeó.
“En dos segundos me cortó las alas. Fue horrible”, recuerda.
Hoy ambos eligen sus proyectos desde otro lugar. Lilian busca personajes que la reten y le permitan descubrir nuevas zonas de sí misma; Joaquín, que encontró en la carpintería otra pasión, selecciona con más cuidado sus trabajos y vive “La cabaña” como un feliz reencuentro con el teatro. Mientras ella atraviesa una etapa activa entre televisión, escenario y su escuela de actuación, él vuelve a las tablas después de un tiempo de distancia.
“Los personajes que llegan a mi vida llegan para enseñarme cosas”, dice Lilian. Joaquín coincide desde otra imagen: “Son aspectos míos que probablemente no transito mucho”, concluye.
El Dato
“La cabaña” se presenta en el Teatro. Las entradas en Teleticket y en la boletería del teatro.


