Todos los días escuchamos conversaciones sobre los avances que buscan enfrentar el calentamiento global. Sin embargo, en muchos países, los combustibles fósiles altamente contaminantes como el carbón y el petróleo aún desempeñan un papel fundamental en sus matrices energéticas; una situación que probablemente persistirá en los próximos años.
De acuerdo con el informe Global Energy Perspective 2025, de McKinsey & Company, los combustibles fósiles seguirán representando entre el 41% y el 55% de la energía global en el 2050. Sin embargo, durante dicho período, el gas natural aparece como la fuente que más crecerá, desplazando a los de mayores emisiones como lo son el carbón y el petróleo.
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El papel de las fuentes de energía tomará mayor relevancia si se toma en cuenta que, según McKinsey, la demanda de electricidad aumentará de forma acelerada en las próximas décadas. Atender ello sin comprometer la asequibilidad ni la seguridad del suministro será uno de los mayores retos globales.
En el Perú aún tenemos mucho trabajo por hacer para contar con infraestructura que nos permita asegurar el futuro energético y, con ello, un mayor desarrollo social y económico.
En los últimos 20 años, hemos tenido la fortuna de poder explotar el gas natural de Camisea, permitiéndonos tener tarifas eléctricas a precios competitivos a nivel regional. Sin embargo, Camisea no es eterna; en las próximas dos décadas podríamos empezar a sentir la falta de gas natural si no empezamos a trabajar hoy.
Un ejemplo de lo que no podemos hacer, es lo que viene sucediendo en Colombia, que por más de 50 años ha consumido gas natural pero que en últimamente ha venido frenando sus inversiones en exploración y no tomó las decisiones a tiempo respecto a la instalación de plantas de regasificación para importar gas natural y contratarlo a precios competitivos.
En el Perú, el riesgo no está en la falta de gas natural en nuestro territorio, ya que existen zonas con reservas que pueden ser explotadas respetando su entorno. Nuestro riesgo está en la falta de agilidad para anticiparnos e impulsar las medidas regulatorias que permitan incentivar la exploración, explotación y construcción de la infraestructura necesaria para asegurar nuestro futuro energético.
No hay que dormirse. Que no nos pase lo de Colombia.













