El inminente paso de Roberto Sánchez a la segunda vuelta originará, seguramente, un estallido de histeria entre quienes aborrecen a la izquierda, sector político que el candidato dice representar. Así, nuevamente, veremos cómo el color rojo será equiparado con una ciega vocación por el atraso o la destrucción de lo hasta ahora conseguido.
Como si hubiera un fuerte temor por parecer concesivo, la derecha política parece reacia al aprendizaje y, lejos de tender puentes a quienes se manifiestan de centro, opta por refugiarse en una zona segura. En consecuencia, para estos sectores, todos los matices del rojo no hacen más que coquetear con el comunismo.
De hecho, la primera en formularlo ha sido la misma Keiko Fujimori, la única candidata segura en el balotaje de junio. La noche del domingo 12, en una breve alocución tras la difusión del conteo rápido de Datum, recalcó que “el enemigo es la izquierda”.
Pero el enemigo que presiente Fujimori parece, finalmente, colársele en la segunda vuelta, aunque esto todavía deberán ratificarlo los resultados oficiales. Sea como fuere, parece tratarse de un enemigo menor, al menos según lo reportan los más recientes sondeos de opinión.
En efecto, un reciente estudio del IEP (febrero, 2026), por ejemplo, indica que solo uno de cada cuatro peruanos (26%) se identifica como de izquierda. El resto se reparte de la siguiente manera: 42% de derecha y 32% de centro.
En cualquier caso, ¿es la diferenciación ideológica la que debe imponerse en la segunda vuelta? Para el elector promedio, aquel volátil conglomerado que no votó ni por Fujimori ni por su acompañante en la segunda vuelta, hay temas de mayor trascendencia.
Tal es así que, sumados sus respectivos votos válidos, Fujimori y su eventual contendiente no superan el 30%, lo que deja un amplio margen de votantes por conquistar. Difícilmente, ese inasible grupo poblacional se interese en disputas más propias de otros tiempos o coyunturas.
Por el contrario, para este sector, los temas urgentes han estado ausentes del debate electoral y, sin duda, exigirá que se discutan ahora. El momento es idóneo, pues acotar posiciones entre dos resulta más efectivo que porfiar por un titular en un coro de treinta y cinco.
Así, será el momento de presentar propuestas referidas a la lucha contra la criminalidad, el impacto del populismo económico de los últimos tiempos (en el que tanto el partido de Fujimori como los votos de Sánchez han tenido un rol), o el estruendoso ruido político que ralentiza la toma de decisiones.
Ciertamente, toda segunda vuelta es una hoja en blanco y supone una historia por llenar. Quizás convenga reseñar aquella frase de Marx que señala que todo en “la historia ocurre dos veces: la primera como tragedia, la segunda como farsa”.
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