Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Tras una odisea de 24 horas que según reportes lo llevó por Argentina y Ecuador, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente brasileño Jair Bolsonaro, llegó por fin a Miami, Estados Unidos, su lugar de elección para su exilio después de perder la contienda electoral con Luíz Inácio Lula da Silva el pasado fin de semana.
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El escape del político de 45 años deja cabos sueltos no solo en la investigación por corrupción que lo persigue, sino también por el destino del Partido Liberal que presuntamente lidera y por la posible jaqueca diplomática que se abre entre Washington y Brasilia.
La salida de Flávio Bolsonaro deja al Partido Liberal ante un problema de liderazgo justo cuando necesita articular su estrategia frente al nuevo Gobierno, señala en conversación con El Comercio el internacionalista Francisco Belaunde Matossian.
“La salida de Flávio descoloca a su partido, que se suponía que debía liderar la oposición, especialmente porque el Partido Liberal cuenta con una presencia muy importante en el Congreso”, nota el experto. “Desde esa posición, tendría que encabezar la actuación parlamentaria frente al Gobierno, establecer relaciones con otras agrupaciones y formar alianzas para oponerse a las medidas de Lula, un trabajo muy difícil de realizar desde el extranjero”.
El escape de Flávio incluso sorprendió a aliados cercanos y también ha reforzado la posición de su oponente político, señala a este Diario Guilherme Simões Reis, profesor de la Escuela de Ciencia Política de la Universidad Federal del Estado de Río de Janeiro (UNIRIO).
“La disputa electoral entre Lula y Flavio no se limitaba a los votantes de ambos candidatos, porque esos sectores ya tenían sus preferencias definidas. La batalla decisiva consistía en conquistar a quienes habían apoyado otras alternativas, habían votado en blanco o nulo y a quienes se habían abstenido”, señala el politólogo brasileño. “La salida de Flavio mientras enfrentaba investigaciones y su cuestionamiento del resultado electoral refuerza los argumentos de quienes se le opusieron, dándole fundamento a las acusaciones en su contra, especialmente aquella que defendía que representaba un peligro para la democracia”.
Esto no significa que la derecha y el Partido Liberal se encuentren vencidos. La agrupación ha logrado configurarse como la mayor bancada en la Cámara de Diputados, con 121 escaños, y posiblemente 29 escaños en el Senado Federal. Sin embargo, el experto sostiene que la aparente debilidad de los liberales abre un hueco para que otras agrupaciones de derecha sean más pragmáticas y se alíen con movimientos políticos de izquierda a cambio de lograr sus objetivos legislativos.
La huida de Flávio también hizo tambalear los cimientos de otra realidad política brasileña: la supremacía de la dinastía Bolsonaro, sobre todo si se considera que si bien Jair Bolsonaro mantiene gran popularidad, sus hijos son otra historia.
“Flavio nunca tuvo un liderazgo natural dentro de ese espacio político, sino que fue elegido como candidato presidencial por su padre, Jair Bolsonaro, y su principal fortaleza provenía precisamente de ese vínculo familiar”, resalta Guilherme Simões Reis. “Sus hijos tienen menos peso político que él y si Flávio, considerado uno de los más hábiles entre ellos, abandona Brasil en estas circunstancias, resulta más difícil sostener que el liderazgo de la derecha que representan debe permanecer necesariamente en manos de la familia Bolsonaro”.
Curiosamente, el candidato que considera más fuerte para suceder en el rol de líder de la derecha es alguien fuera del Partido Liberal.

El gobernador de Sao Paulo, Tarcísio de Freitas, es uno de los principales candidatos a suceder a Bolsonaro en el liderazgo de la derecha extrema. (Foto: Nelson Almeida/AFP)
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“Me parece que Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo, es un candidato más fuerte que cualquier figura del Partido Liberal”, considera. “De Freitas pertenece al Partido Republicano, no al PL, sin embargo, ha mostrado lealtad a Bolsonaro y cuenta con una importante fortaleza electoral al ser reelegido gobernador de São Paulo en primera vuelta, uno de los estados más importantes por su tamaño y peso político”.
Entre los Bolsonaro que todavía están en Brasil y en libertad, los prospectos son menos alentadores. El senador Carlos Bolsonaro, conocido por su gran habilidad para utilizar las redes sociales, no muestra las propiedades para dirigir a la derecha en este momento, en opinión de Guilherme Simões Reis. Menos aún Jair Renan, el menor de los hijos varones, quien tiene un peso político aún más limitado al tener solo experiencia como concejal en el municipio de Balneario Camboriú, bastión de los conservadores, aunque recientemente fue elegido a la Cámara de Diputados.
Curiosamente quien tiene más posibilidades de convertirse en una figura central es Michelle Bolsonaro, la tercera esposa de Jair Bolsonaro y ahora una senadora electa, quien es bastante popular con el sector evangélico cada vez más relevante en Brasil.
“Es una figura importante y podría tener un rol dentro del partido, aunque habría que ver cómo evoluciona la situación”, resalta Belaunde Matossian. Pero incluso aquí hay grietas, y el ascenso político de Michelle ha causado fricción con los hijos de Jair Bolsonaro.
Fuera de conflictos políticos familiares, la huida de Flávio Bolsonaro a Miami y su recibimiento con los brazos abiertos por la administración de Donald Trump abre un nuevo foco de tensión entre Brasilia y Washington, en momentos ya difíciles para dos de los países más poderosos del hemisferio.
Trump, un aliado de la familia Bolsonaro, calificó la reciente contienda electoral en Brasil como “otra elección amañada”. Trump además no ha dudado de usar su poder para imponer costos económicos en Brasil, incluyendo elevados aranceles a sus productos.

El presidente de Brasil y candidato a la reelección por el Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva (C), reacciona junto a su esposa, la primera dama Rosangela da Silva (I), el diputado federal electo por Minas Gerais, André Janones (segundo a la izquierda) —creador del canal de WhatsApp «Ejército de Lula» para movilizar a los simpatizantes— y el vicepresidente Geraldo Alckmin (tercero a la derecha) tras conocer los primeros resultados de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, en São Paulo, Brasil, el 25 de octubre de 2026. (Foto de NELSON ALMEIDA / AFP)
/ NELSON ALMEIDA
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Lula, por su parte, afirmó que su victoria electoral muestra que Brasil “se rehúsa a ser el jardín trasero de cualquiera”, una frase claramente dirigida a la nueva política intervencionista de la actual administración de Estados Unidos.
Con estas posiciones, es posible que el caso de Flávio Bolsonaro se pueda convertir en un asunto diplomático, aunque ambos expertos consultados opinaron que lo más probable es que ambos gobiernos actúen de manera más sobria.
“A ninguno de los dos les conviene hacer demasiadas olas”, afirma Belaunde Matossian, quien señaló que Brasil quiere evitar nuevas sanciones económicas o aranceles adicionales, mientras que Estados Unidos busca garantizar el acceso a minerales estratégicos brasileños. Esos intereses pueden favorecer una respuesta pragmática, incluso si el caso genera declaraciones duras y fricciones entre los dos gobiernos con el inevitable pedido de extradición.
“Lo racional sería intentar llevar la fiesta en paz. Claro que con Donald Trump nunca se sabe”, argumenta el internacionalista.
Algo de eso ya se vio en la renuencia de Trump para comentar sobre las declaraciones de Flávio de ser el presidente legítimo de Brasil a su llegada a Miami. “No voy a comentar sobre eso. No me voy a involucrar”, dijo el mandatario republicano a la prensa.
Guilherme Simões Reis consideró que si bien la presencia de Flávio y Eduardo Bolsonaro en EE.UU. pueden ser motivo de tensión entre Washington y Brasilia, ello no será una prioridad central, sobre todo tomando en cuenta que Flávio ya se “autodestruyó políticamente” con su escape.
“La relación bilateral ya atraviesa dificultades por otros motivos, por lo que sería más conveniente actuar de manera discreta mediante los canales diplomáticos y judiciales”, anota. “Brasil no puede dejar de reclamar, pero tampoco le conviene elevar innecesariamente la confrontación con un país que tiene mucho poder y cuya política exterior, bajo Trump, resulta impredecible”.
En cambio, el politólogo plantea que sería de mayor utilidad para Brasil continuar con su política exterior de diversificación a manera de protegerse de los ataques económicos estadounidenses, al fortalecer sus vínculos con otras economías como China, la Unión Europea, los BRICS y otros países del sur global, una tradición que precede a los gobiernos de Lula y Bolsonaro.
“Ningún país debería depender excesivamente de otro, pero esto resulta especialmente relevante con Trump, porque su política exterior y comercial es impredecible”, considera.


