martes, mayo 19

En una de las conversaciones más interesantes que tuve en la vida aprendí la diferencia de preguntarme ‘¿para qué?’ en lugar de ‘¿por qué?’ El por qué te coloca en una posición de víctima de la cual muchas veces no tienes salida ni respuesta. El para qué te empuja hacia adelante, buscando razones y volviéndote proactivo, dándote siempre una razón para seguir. Si bien, esta conversación estaba atada a mi vida personal, siempre la llevo a mi trabajo cotidiano como estratega. Nada más útil en los negocios, para las marcas y hasta para replantear un problema de marketing que un buen ‘¿para qué?’.

En la respuesta se encuentra el famoso propósito del que todo el mundo habla. Pero para llegar ahí, hay que pasar por el posicionamiento, los beneficios, el entendimiento profundo del consumidor… el camino no es corto ni fácil, pero vale la pena. La misma pregunta me hice hace unas semanas cuando analizaba las diferencias entre mis alumnos de las maestrías en Lima en los últimos años; la decadencia es evidente. Hablé con muchos de ellos buscando su ‘¿para qué estudias?’ Y las respuestas, al final del día, giraban siempre en torno al cartón, al ascenso, a más dinero. Repetí la misma pregunta fuera, en países de Europa. La respuesta inicial fue “para aprender”. En una clase de primer ciclo, Sociología de la Comunicación, el profesor empieza hablando de Newton, Dante Alighieri, Euler y termina diciendo que para estar en la clase todos deben llegar con un conocimiento previo, sino ‘¿para qué estarían aquí?’

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También es importante quién te guía en esta búsqueda. En una visita a un mercado turco, nuestro guía iba mostrándonos todos los productos que vendían los mercaderes, en un entorno abrumador, lleno de colores, olores y estímulos. Como iba al final del grupo, pude escuchar al guía del grupo siguiente -italiano- explicar que si mirábamos hacia arriba podíamos ver que el mercado había sido instalado en un antiguo palacio con un techo hecho íntegramente de madera armada sin ningún tipo de pegamento ni clavos. Esa sola frase cambió toda mi perspectiva del recorrido.

Cuando eres capaz de ver de manera trasversal lo que significa un propósito, en toda su real dimensión, y sentirlo a través de todas las bisagras de la vida, es cuando te das cuenta de lo difícil y trascendental que es definir el verdadero propósito de una empresa, de una marca, de una corporación, de un negocio. Desde el ‘Reason Why’ de antaño, lleno de naftalina, todas las estrategias han tratado de descifrar de la mejor manera cómo responder a esta pregunta tan profunda. Analiza todo el entorno, descarta las variable inútiles, enfócate en lo importante, y finalmente, pregúntate para qué estas aquí. Descubre tu propósito.

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