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El aroma de los frutos maduros y el repique de las campanas acompañaron una jornada especial en Santiago de Surco, donde las autoridades y los vecinos se reunieron para celebrar la producción de sus viñedos. Se trataba de la primera Fiesta de la Vendimia oficial en nuestro país.
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Terminada la misa, la comitiva oficial -integrada por las autoridades del gobierno central y los representantes distritales- salió de la iglesia acompañada por cánticos religiosos. El Arzobispo de Lima, Monseñor Pedro Pascual Farfán y sus acompañantes se dirigieron en procesión hacia la plaza principal, en la que numerosos vecinos esperaban el inicio del acto festivo. La jornada reunió a personas de distintas edades en torno a la fiesta de la uva y el vino de Surco.
El sacerdote destacó la fertilidad de las tierras surcanas y el trabajo de sus agricultores».
El Comercio, 08.03.1937
Los festejos continuaron en la glorieta de la Plaza Central, que había sido adornada con guirnaldas, flores y emblemas patrios. Allí, el alcalde distrital, Juan Enrique Capurro pronunció el discurso inaugural. En sus palabras, reconoció también las tareas de los trabajadores vinculados a la producción de uva y vino.
El discurso de Capurro fue seguido por los asistentes a través de los altoparlantes instalados para la ocasión, recibiendo efusivos aplausos del vecindario. El alcalde destacó que aquella primera festividad vitivinícola buscaba poner en valor esta tradición y contribuir al desarrollo económico del distrito.
Luego intervino el coronel Federico Recavarren, ministro de Fomento y Obras Públicas, quien transmitió a los vecinos el saludo y respaldo del segundo gobierno del general Óscar R. Benavides. El funcionario aseguró que el Estado atendería las necesidades de los agricultores y anunció que se retomarían y concluirían las obras viales y de infraestructura pendientes en la zona.
LA CORONACIÓN DE LA SOBERANA Y EL FERVOR POPULAR EN SURCO
Uno de los momentos centrales fue la proclamación y coronación de la “Reina de la Vendimia”, título que recayó en la señorita Carmela Espinosa. La nueva soberana apareció con un atuendo inspirado en la tradición vitivinícola y recorrió la plaza acompañada por su corte de honor, integrada por las damas Leonor Espinosa, Felicia Manco, y Margarita y Angelita Acosta.

Una imagen rescatada de la propia página del diario, edición del 8 de marzo de 1937, con autoridades civiles y religiosas en Surco. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA).
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La “Reina de la Vendimia” ofreció unas breves palabras donde agradeció y expresó su orgullo por representar a la mujer surcana. También deseó éxito a los productores de uva. El acto continuó entre los aplausos de los vecinos y la música de la Guardia Republicana. Desde los balcones de las casas cercanas, los asistentes arrojaron pétalos de rosas sobre la carroza de la reina y su corte.
La nueva soberana apareció con un atuendo inspirado en la tradición vitivinícola y recorrió la plaza acompañada por su corte de honor».
El Comercio, 08.03.1937
El programa oficial continuó con la lectura de un memorial preparado por el ingeniero agrónomo Pedro Venturo Zapata, presidente de la Comisión Organizadora. En su intervención, explicó los trabajos realizados para mejorar la calidad de las cepas y los procesos de elaboración del vino. Sus palabras fueron seguidas con atención por las autoridades y los especialistas presentes.
Venturo, quien era además conspicuo miembro del Comité Vitivinícola de la Sociedad Nacional Agraria, señaló que el futuro de la agricultura de Surco requería aplicar métodos científicos y contar con el apoyo del Estado.
Asimismo, destacó la importancia de seleccionar mejores variedades de uva y perfeccionar las técnicas de fermentación para impulsar una industria vitivinícola competitiva. Las propuestas de Venturo fueron recibidas con interés por el ministro de Fomento, allí presente.
Mientras las autoridades hablaban desde la tribuna principal, la feria comenzaba a animarse en las calles cercanas a la plaza de Surco. Vecinos y visitantes llegados de Lima y de los balnearios próximos recorrían los puestos autorizados, donde se exhibían diversos productos agrícolas. Entre ellos destacaban las cestas de uvas, con racimos de las variedades moscatel e Italia, que atraían la atención de los asistentes.

En el medio, monseñor Pedro Pascual Farfán, Arzobispo de Lima, invitado en la inauguración de esa histórica «Semana de la Uva y el Vino», la primera fiesta oficial de una vendimia en el Perú. Elegancia y distinción de la concurrencia en Surco. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA)
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La jornada estuvo acompañada por los músicos que interpretaron marchas y polcas criollas en distintos puntos del pueblo surcano. Las calles y alamedas se llenaron de ciudadanos, mientras los niños recorrían con curiosidad por el lugar. Los surcanos también ofrecían a los visitantes vasos de vino que producía la zona.
SURCO: EL BULLICIO DE LOS “LAGARES” EN LA PRIMERA FERIA TRADICIONAL
Las tradicionales “cabañas vinícolas” de Surco también recibieron a los asistentes. Allí podían conocer los antiguos “lagares”, espacios donde antes se pisaba o prensaba la uva para extraer el mosto. En esas incursiones exploratorias, el público podía ser atendido por los mismos propietarios de las bodegas, quienes atendían personalmente y explicaban los procesos artesanales utilizados en la elaboración de sus vinos.
Mientras las autoridades hablaban desde la tribuna principal, la feria comenzaba a animarse en las calles cercanas a la plaza de Surco».
El Comercio, 08.03.1937
El movimiento de vehículos y peatones fue intenso durante toda la fiesta, por lo que fue necesario reforzar la vigilancia en las principales calles del distrito. El control estuvo a cargo de una comisión especial dirigida por el doctor Ovidio García Rosell y Fernando Rodríguez Soto, con apoyo de la Guardia Civil. El Comercio informó el lunes 8 de marzo que la celebración había transcurrido sin incidentes.
Al caer la tarde dominical, las actividades continuaron en la Plaza de Surco. A las seis de la tarde, la banda de la Marina de Guerra ofreció una retreta musical que reunió nuevamente a numerosos vecinos. El programa incluyó marchas y piezas clásicas, que acompañaron las últimas horas de ese inolvidable 7 de marzo de 1937.
La primera jornada de la inaugural “Fiesta de la Vendimia”, terminó por la noche con un baile popular en el local municipal y las plazuelas cercanas. El lugar fue iluminado con farolillos y luces, mientras las parejas bailaban marinera y valses criollos. Los vecinos y visitantes de Lima participaron en la celebración hasta altas horas de la noche.

Los vecinos de Surco, y los visitantes de los demás balnearios cercanos disfrutaron de varias horas de esparcimiento vitivinícola ese día de apertura de la semana dedicada a la uva y el vino artesanal. (Foto: Archivo Histórico de El Comercio, mejorada con IA)
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La denominada entonces “Semana de la Uva y el Vino” de 1937 puso en evidencia la importancia que tenía entonces la actividad vitivinícola para Santiago de Surco.
La crónica de El Comercio de 1937 registraba una época en la que el cultivo de la uva, la producción de vino y la participación de vecinos y autoridades formaban parte de la vida del distrito. Fue también un testimonio de una tradición que, con el paso de los años, fue cambiando junto con Surco.
La celebración vitivinícola revelaba, además, el empeño de esa gente de los años 30 en sacar adelante su trabajo agrícola en ese empeñoso distrito, al sur de Lima. Los detalles publicados por la prensa limeña permitieron apreciar la importancia que tenían la uva y el vino en la vida de los vecinos de Surco.
En 1937, estos productos no solo formaban parte de la economía local, sino también de las costumbres y celebraciones de la zona. La “Semana de la Uva y el Vino” (en verdad, la primera Fiesta de la Vendimia entre nosotros) era una ocasión para reunir a los convecinos, agricultores y autoridades en torno a una tradición compartida.
Hoy, el paisaje de Santiago de Surco es inconmensurablemente distinto al de 1937. La expansión urbana transformó buena parte de las antiguas zonas agrícolas y de los viñedos que caracterizaban al distrito. Revisar las crónicas de aquella semana total de uva y vino permite conocer cómo era Surco entonces y recordar que alguna vez en su historia vivieron con fe y trabajo de la tierra que los vio crecer desde esas primeras décadas del siglo XX.


