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Hay escritores que inventan fantasmas y hay quienes prefieren ocuparse de los propios. Al escritor peruano Martín Salas los suyos no se le presentan bajo una sábana blanca ni a medianoche con ganas de asustarlo, en su lugar, toman la forma de culpas y errores que, después de años escondidos, siempre encuentran el modo de volver. De ahí el título de su nueva novela, “La rebelión de los fantasmas”, publicada por Gambirazio Ediciones, un libro que revisa el pasado desde la ficción.
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Salas no cree que estos fantasmas puedan matarse. Lo que sí encontró es una forma de hacer las paces con ellos a través del perdón. No ese perdón automático que tantas veces se reclama en nombre de la familia, la sangre o las buenas costumbres, sino, precisa el autor, “uno que sana, un perdón que hace que uno se perdone a sí mismo”. Perdonar, aclara, no significa olvidar lo sucedido ni dejar de sentir el peso del pasado: los fantasmas no desaparecen, solo dejan de exigir una respuesta inmediata.
Esa misma idea explica por qué el autor decidió llamar “rebelión” a lo que fácilmente pudo haber llamado de otro modo. Una rebelión no garantiza haber ganado, es apenas el acto de resistir con resultado incierto. Así entiende Salas a sus fantasmas, que no pretenden conquistar nada. Estos vuelven, se presentan sin haber sido invitados y obligan a quien los recibe a decidir qué hará con lo que dejó pendiente. “La rebelión, en este caso, son culpas, errores, deudas emocionales que muchas veces nos persiguen y vuelven. Si eso cambiara tras enfrentarlas, el libro se llamaría ‘La revolución de los fantasmas’”, señala.

El autor tardó seis años en escribir las cinco historias que componen un relato sobre el pasado, las deudas emocionales y la posibilidad del perdón.
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Escribir las cinco historias tomó seis años y significó, para Salas, meterse en varios mundos antes de sentarse a contar cualquiera de ellos. La primera que tomó forma fue la de Yaya, ambientada en el antiguo Egipto. Después llegó la estructura general y, con ella, una larga investigación histórica y geográfica para que el tono narrativo no se viera alterado por elementos de otras épocas. En el camino, el autor reconoce haberse cruzado con ciertos episodios que evocan su propia historia, aunque prefiere no precisar cuáles ni ahondar en ellos.
Queda, por último, la rebelión más personal de todas. Salas no acepta la idea de que esta vida es el fin, sino que tendremos muchas vidas donde tendremos oportunidades de transformación. “Crecí en el catolicismo y, al abrazar estos conceptos más amplios sobre la vida y la muerte, pude mejorar como ser humano. Cada uno debe lidiar con las ideas que vienen de su pasado para así poder encontrar su propio camino”, concluye.

