Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Es 2012. En un estudio de ballet en Brasil, una adolescente se equilibra sobre la punta de un pie mientras estira la otra pierna hasta la altura de la oreja. Bajo su muslo levantado, arde un cigarrillo, casi tan cerca como para quemarla, pero sin tocarla.
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Como si el horario no fuera ya suficientemente agotador, Lopes Lara estudiaba hasta entrada la noche para competir en olimpiadas académicas: se llevó el oro en la Olimpiada Brasileña de Astronomía y el bronce en la de Matemáticas de Santa Catarina.
Al terminar el instituto se fue a Salzburgo, Austria, para bailar profesionalmente en una temporada de “El lago de los cisnes”.
Nueve meses después, decidió cambiar las zapatillas de ballet por los libros y mudarse a EE.UU. para estudiar en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
La decisión no fue impulsiva: desde hacía tiempo sabía que el ballet no sería, para ella, el punto final. “Lo amaba, pero siempre tuve ambiciones muy grandes, y quería aprender y construir cosas fuera del ballet también”.
En el MIT estudió ciencias de la computación y matemáticas, y más adelante se inclinó hacia la estadística y las finanzas cuantitativas.
Según ella, lo más valioso no fueron las clases, sino la gente que conoció. Y entre esa gente estaba Tarek Mansour, un estudiante también de ciencias de la computación, nacido en California pero criado en Líbano.
Ambos hicieron prácticas en Wall Street, y una tarde de 2018, mientras caminaban tras salir del trabajo, a ella se le ocurrió la idea que cambiaría la vida de los dos.
A Lopes Lara le había llamado la atención que en los mercados financieros las opiniones sobre el futuro casi siempre se expresaban de manera indirecta, nunca directa.
“En aquel momento, el Brexit era muy importante, y todo el mundo llamaba a Goldman y a Bridgewater, el lugar donde trabajábamos, a preguntar cómo encontrar la forma de expresar sus opiniones en los mercados”.
Esas fórmulas siempre eran indirectas: vender en corto la libra esterlina, comprar tal instrumento, apostar por tal otro, en un intento de imitar lo que en realidad se quería predecir.
Lo que se le ocurrió fue “crear un lugar donde pudieras operar directamente sobre si el Brexit iba a ocurrir o no”.
Mansour vio el potencial de inmediato.
Decidieron fundar una empresa y la llamaron Kalshi (que en árabe significa “todo”).

Kalshi fue la pionera, pero hoy compite con un puñado de plataformas de mercados de predicción, algunas reguladas y otras basadas en criptomonedas.
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La filosofía, en palabras de Mansour, era simple: financiarizarlo todo.
“El universo de lo que hoy se puede negociar frente a lo que podría negociarse es diminuto. Cualquier cosa sobre la que exista una diferencia de opinión, algún día podrá ser objeto de comercio”, señaló.
La idea de fondo era sencilla de explicar, aunque no tanto de asimilar.
“Los mercados de predicción funcionan como el mercado bursátil, pero en lugar de operar con acciones, operas con el resultado de eventos futuros”, resumió Lopes Lara.
Los usuarios especulan sobre el resultado de acontecimientos reales, desde elecciones hasta datos de inflación, deportes o los ganadores de los Oscar.
Lo hacen mediante lo que se denomina “contratos de eventos”; el precio del contrato refleja lo que el mercado cree que es la probabilidad de que ocurra. Cuando el acontecimiento se resuelve, el contrato paga.
Con esa idea acudieron a Y Combinator, la aceleradora californiana que impulsó a startups como Airbnb y Reddit, y la presentaron como “una bolsa de valores para acontecimientos”.
Uno de los socios, Michael Seibel, decidió arriesgarse, y en 2019, la revista Forbes publicó el primer artículo sobre Kalshi.
Resaltó que buena parte de lo que pretendían hacer era ilegal.
Las leyes de apuestas en EE.UU. son un mosaico: cada estado decide qué permite y qué no, desde que en 2019 el Tribunal Supremo derogó la norma federal que las prohibía casi por completo. Armar un negocio nacional sobre esa base era un terreno minado.
La estrategia de Lopes Lara y Mansour consistió en no llamar a las cosas por su nombre: Kalshi no ofrecería apuestas, sino “contratos de eventos”.
El matiz legal importaba porque los mercados de predicción ya estaban regulados, pero por la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC, por sus siglas en inglés), bajo la ley de materias primas, no bajo la ley del juego.
Si conseguían que la CFTC los tratara como una bolsa financiera, dejarían de estar sujetos a las restricciones del juego.

«¿Bloqueará Irán el estrecho de Ormuz por 7+ días?», una de las preguntas en Kalshi bajo la categoría de Política. Las respuestas posibles son solamente «Sí» o «No».
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Conseguir esa licencia federal no iba a ser sencillo. Los reguladores llevaban décadas preocupados por el uso de información privilegiada.
El temor no era abstracto: este año, por ejemplo, alguien ganó US$400.000 en un mercado de predicción rival apostando por la fecha exacta en que el presidente venezolano Nicolás Maduro dejaría el poder, despertando sospechas de que esa persona tenía algún vínculo directo con la situación.
Los cofundadores de Kalshi consultaron a más de 60 abogados y todos les aconsejaron que se olvidaran del proyecto: llevaba intentándose sin éxito desde los años 80.
Pero al fin dieron con la persona ideal: Jeff Bandman, abogado y antiguo funcionario de la CFTC, que conocía el organismo por dentro y aceptó liderar su estrategia regulatoria.
En noviembre de 2020, tras dos años de idas y vueltas, el presidente de la CFTC los llamó personalmente para darles el visto bueno.
Kalshi se convirtió así en la primera bolsa de contratos sobre eventos regulada a nivel federal en la historia de EE.UU.
En julio de 2021 Kalshi abrió sus puertas al público, primero solo como sitio web. Los inicios fueron discretos, pero poco a poco los contratos empezaron a multiplicarse.
En 2022 Forbes incluyó a Lopes Lara, con 25 años, en su lista de menores de 30 más destacados, aunque en ese artículo la cara visible fue Mansour. Para entonces la empresa ya tenía oficina en Nueva York, 32 empleados y negociaba dos millones de contratos por semana.
En 2023, un solo usuario superó el millón de dólares en ganancias anuales operando en la plataforma.
Ese mismo año se dio el siguiente gran salto, con la elección entre Donald Trump y Kamala Harris.
La CFTC bloqueó los contratos de Kalshi sobre esas elecciones por parecerse demasiado a una apuesta.
Lopes Lara, contra el consejo de sus propios inversionistas, demandó al regulador argumentando que un resultado electoral “tiene consecuencias para todos” y “cumple un papel esencial en determinar nuestro futuro colectivo”.
En septiembre de 2024 ganó el juicio. Kalshi lanzó la primera especulación legal sobre unas elecciones estadounidenses en más de un siglo, y la aplicación se disparó al primer puesto de la App Store.

Uno de los varios anuncios publicitarios de Kalshi que se desplegaron en 2024, mostrando las probabilidades de las elecciones presidenciales de EE.UU.: este estaba frente al Nasdaq MarketSite en Nueva York.
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El fenómeno se repitió, a menor escala, en la contienda por la alcaldía de Nueva York en 2025. El candidato Zohran Mamdani llegó a citar en plena campaña las cuotas de Kalshi, que en un momento dado le daban más del 90% de probabilidades de ganar.
Que un candidato use las cifras de una plataforma de este tipo como argumento de campaña dice mucho de cuánto peso habían ganado estos mercados en la conversación pública.
Para Lopes Lara, esa es una de las razones que la impulsan a seguir adelante.
“Los datos imparciales que obtienes sobre el estado de una elección son muy importantes”, le dijo a la BBC.
Según ella, tener acceso a ese tipo de información -que, indicó, ha demostrado una y otra vez ser más precisa que los sondeos tradicionales- es clave “para una democracia saludable”.
Quizás. De lo que no hay duda es que es que, con la puerta de la política abierta, entró el dinero grande.
En diciembre de 2025, Kalshi alcanzó una valoración de US$11.000 millones. Para entonces, Lopes Lara poseía el 12% de la compañía: unos US$1.300 millones.
A los 29 años, se convirtió en la mujer más joven del mundo en construir una fortuna semejante desde cero.
En marzo de 2026 la empresa dio su primer paso fuera de Estados Unidos, abriendo operaciones en Brasil, el país donde todo empezó para ella.
El crecimiento no ha silenciado las preguntas incómodas.
El daño que pueden causar los juegos de azar es conocido.
Kalshi responde que está fuertemente regulado, y señala que no gana dinero de las pérdidas de sus usuarios, sino de una comisión por transacción.
“Cuando juegas en casas de apuestas o en casinos y todo eso, estás apostando contra la casa, y la casa siempre gana. El juego está amañado en tu contra. Nosotros funcionamos como un mercado justo, igual que los mercados de opciones y los mercados de futuros”, le dijo Lopes Lara a la BBC.
Otra preocupación tiene que ver con la información privilegiada. Si alguien sabe algo que el resto desconoce, puede sacar una ventaja desleal al sistema. El caso del militar que ganó dinero apostando por la fecha exacta en la que Maduro dejaría el poder, y que hoy enfrenta cargos por ello, ilustra bien el riesgo.
La empresa asegura que prohíbe explícitamente el uso de información privilegiada y que investiga cualquier comportamiento sospechoso.
Y hay más y más inquietudes.














