Todo el que pasa por este mundo deja una huella física. Cuando nacemos, vamos al colegio, a la universidad, nos titulamos, nos casamos, etc., todo queda registrado en documentos. El mundo virtual no es tan diferente. La huella digital es el rastro de datos e información que dejamos al utilizar internet y dispositivos electrónicos. Se construye cada vez que abrimos una cuenta, realizamos una compra, utilizamos una aplicación o interactuamos en redes sociales.
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“Cuando hablamos de huella digital, hablamos de toda esa información que vamos dejando mientras utilizamos Internet. Puede ser nuestro nombre, correo electrónico, número de teléfono, dirección, perfiles o información vinculada a nuestras cuentas. El riesgo está en que distintos datos sobre una misma persona pueden relacionarse entre sí y terminar dando mucha más información de la que pensamos”, señala a El Comercio Iulian Lonita, gerente de Desarrollo de Negocios de Bitdefender para Latinoamérica y Europa Central y Oriental.
Y si bien un dato aislado puede parecer poco relevante, el riesgo aumenta cuando diferentes piezas de información sobre una persona pueden relacionarse entre sí. Un correo, teléfono, contraseña filtrada o contenido publicado en redes sociales puede utilizarse para construir engaños mucho más convincentes.
“Hoy tenemos ataques de phishing a través de correos electrónicos, SMS y redes sociales, pero también falsas oportunidades de inversión, estafas románticas, anuncios y sitios web fraudulentos e incluso deepfakes”, comenta el especialista en ciberseguridad.
Como se ve, la variedad de estafas online es amplia y está en constante evolución. Y la tecnología tiene buena parte de responsabilidad en ello, ya que ayuda a que cada vez sean más difíciles de reconocer. La inteligencia artificial, por ejemplo, se está utilizando constantemente para imitar comunicaciones legítimas o generar contenido en audio y video con el objetivo de engañar a las personas.
No obstante, según Lonita, las principales vías siguen siendo el phishing y las estafas a través de SMS, correo electrónico e ingeniería social. “De hecho, según la información presentada, el phishing y las estafas representan más del 45% de los incidentes de seguridad del consumidor”.
Para el ejecutivo, como el riesgo puede aparecer por distintos canales, lo importante no es pensar únicamente en correos sospechosos como vectores de amenazas, sino también prestar atención a mensajes, llamadas, enlaces, páginas web y contenidos que buscan generar confianza, pero que podrían llevarnos a una estafa.
Jóvenes, los más expuestos
Uno de los datos más interesantes que presenta la compañía de seguridad, con sede en Rumania, tiene mucho que ver con el nivel de exposición de los jóvenes. Ellos son más propensos a caer en estafas o spam que generaciones anteriores, precisamente por su inmersión y uso constante del entorno digital.
“Eso no significa que tengan menos conocimientos de tecnología. Lo que ocurre es que están mucho más presentes en los espacios digitales y, por lo tanto, también están más expuestos a las plataformas donde los estafadores concentran sus esfuerzos. La información que presentamos muestra justamente que los jóvenes tienen el doble de probabilidades de caer en una estafa que las generaciones mayores”, expresó a este Diario Lonita.

Los ciberdelincuentes pueden combinar datos disponibles en internet para crear engaños cada vez más convincentes. (Foto: iStock)
/ marchmeena29
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Estar familiarizados con la tecnología no necesariamente los exime de los riesgos de internet. Por el contrario, la exposición es mayor y, como las estafas también evolucionan rápidamente, pueden ser víctimas de estrategias que van desde el phishing tradicional hasta sitios falsos y contenidos generados con inteligencia artificial.
Muchas veces, como usuarios, caemos en el error de establecer contraseñas débiles o reciclarlas y utilizarlas en varias cuentas a la vez. No podemos eludir la responsabilidad. Sin embargo, en ocasiones son las empresas que deberían cuidar nuestra información las que son vulneradas.
“Hay situaciones que, efectivamente, escapan del control del usuario. Nuestros datos pueden terminar expuestos como consecuencia de una filtración, aunque nosotros hayamos tenido buenas prácticas de seguridad”, señala el experto de Bitdefender.
De ahí la importancia de conocer qué información nuestra está circulando por la web, de tal forma que podamos reaccionar si detectamos una exposición.
Algunas medidas concretas que pueden servir para tal propósito, de acuerdo con el especialista, son utilizar contraseñas diferentes para cada servicio, activar la autenticación multifactor, eliminar las cuentas que ya no utilizamos y revisar periódicamente qué información mantenemos pública. También podemos comprobar si nuestras credenciales han sido comprometidas.

