Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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8 de mayo del 2025. Eran las 11:08 de la mañana en el Perú y Héctor Camacho repartía los pedidos de su avícola por las calles de su natal Chulucanas cuando recibió una llamada telefónica. “Papá, ha salido humo blanco”, anunciaba desde el otro lado de la línea Mildred, su hija.
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BAÚL DE RECUERDOS
“Todos los lunes nos reuníamos a las ocho de la noche para programar quiénes acompañarían al padre en las misas de cada semana. Como éramos un grupo grande nos dividían en tres, según edades, y también planeábamos a dónde irnos de paseo o a qué sitios aledaños iríamos para acompañarlo a otras misas. El padre Roberto nos llevaba a la playa, a conciertos en Piura… porque a él le gustaba el rock, recuerdo cuando el Grupo Río fue al coliseo de Piura. Él nos inculcó valores, como el de apoyarnos entre nosotros y mantener una buena comunicación. Se molestaba porque no quería que andemos por ahí caminando o vagando como se dice”, recuerda Víctor Palacios, orgulloso guardián de un álbum fotográfico en el que el hoy Papa León XIV aparece como un amigo más.
“En esta foto estamos con el padre Roberto en la Plaza de Armas de Piura. Nos llevó a un paseo dominical, almorzamos allá y fuimos a comer helados. Ahí pasamos toda la tarde”, detalla antes de pasar a la siguiente foto.

Fotografía en la Plaza de Armas de Piura en la que aparecen Prevost y parte del grupo de monaguillos.
/ Archivo de Víctor Palacios
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Otro momento grabado en la memoria del exmonaguillo fue cuando Prevost regresó de un viaje a Estados Unidos y en su maleta llevaba una consola Atari que terminó instalando en la prelatura para que los jóvenes pudieran jugar.
“¡Acá, este de acá soy yo! Y esa cabecita es del padre Roberto, apenas se ve un poco de su cara y su hábito. Aquí me tocó acompañarlo en la misa”, exclama Palacios con otra imagen en la mano.

Víctor Palacios como monaguillo de una misa en la que participó Robert Prevost en Chulucanas.
/ Archivo de Víctor Palacios
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“Él era como un hermano mayor para nosotros. La primera impresión que te dejaba era de tranquilidad, de fortaleza, pero también era alguien muy jovial, moderno y amigable. Cuando llegó no tenía ni 30 años y nosotros estábamos entre los 13 y los 15”, agrega por su parte Jorge Navarro.
Los tres hombres resaltan que si más de 40 años después de eso siguen en contacto es gracias a Prevost. “Yo estaba en el trabajo cuando anunciaron que era el Papa y me enteré por las redes sociales. De inmediato publiqué dos fotos que tenía y nos reactivamos todo el grupo, con más fuerza todavía. Fue una alegría inmensa para todos”, narra Palacios.

De izquierda a derecha Víctor Palacios, Jorge Navarro y Héctor Camacho.
/ JULIO REAÑO / EL COMERCIO
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Los exmonaguillos de León XIV recuerdan con nostalgia su partida de Chulucanas en 1986. Sin embargo, aseguran que la distancia no redujo en lo más mínimo la preocupación del religioso por el distrito piurano. “Siempre encontró la manera de estar en contacto con nosotros, él le pago estudios a varios del grupo. Gracias al padre Roberto varios son hoy profesionales”, recuerda Palacios.
“Yo tuve contacto con él cuando estuvo en Trujillo, pero quien estuvo más cerca fue nuestro amigo Héctor”, agrega.
Tras su paso por Chulucanas, Robert Prevost regresó a Estados Unidos y un año más tarde, en 1988, fue enviado a Trujillo para dirigir la formación de los aspirantes agustinos. El religioso terminaría pasando diez años en dicha ciudad, ocupando distintos cargos e impulsando la fundación de dos parroquias, antes de volver a su natal Chicago para ejercer como Prior Provincial de la Provincia Madre del Buen Consejo.
Entre medias, sin embargo, siguió dejando huella por el norte peruano. “Nosotros éramos estudiantes ahí en Trujillo, así que Héctor iba a la casa de los seminaristas para visitar al padre. El padre Roberto era como su papá. Él lo acompañaba a hacer misas a unos pueblos jóvenes, le preguntaba cómo iban sus estudios, siempre andaba pendiente”, narra Roxana Dioses, esposa de Héctor Camacho.


