Con una frecuencia cada vez mayor, los estudiantes, profesionales y empresarios recurren a la IA para redactar y publicar sus posts en redes sociales. Este fenómeno de reemplazo de contenidos digitales propios ha crecido vertiginosamente en los últimos meses. Y la red social que registra la mayor injerencia de la IA es LinkedIn.
“Si no cuentas lo que haces, no vale”. Solemos escuchar esta frase en el entorno empresarial y acaso a ella debemos todo el auge (y congestión) de publicaciones digitales de carácter corporativo. Pero como las exigencias del día a día quitan tiempo y complican a todos, y además no siempre se concibe una saludable dosificación de publicaciones en las parrillas de contenido, la IA aparece como el mecanismo milagroso que siempre es capaz de apoyar —cuando no sustituir— en las labores de redacción y edición de textos.
Esto trae algunas consecuencias. En primer lugar, la gente se da cuenta. Cada vez más, escuchamos a profesionales de las áreas de markerting y comunicaciones que critican el uso abusivo de estas herramientas, y que los creadores de rankings están buscando mecanismos para penalizar en sus tabulaciones el uso extremo de herramientas de IA. En segundo lugar, muchos usuarios no entienden por qué sus publicaciones registran cada vez menos interacción. Lo que no saben es que LinkedIn castiga el uso abusivo de la IA, confinando estas publicaciones a navegar en espacios limitados.
Un reciente artículo publicado en The Wall Street Journal advierte que LinkedIn quiere que los usuarios dependan menos de la IA. Incluso, si uno entra en este momento a la plataforma, y ve un contenido que le parece hecho por IA, puede desplegar sus funciones y apretar el nuevo botón que dice: “Parece ‘spam’ de IA”. La plataforma digital promete que muy pronto avisará a los usuarios cuando considere que la publicación es un ‘bot’.
Hace unos días, la startup de detección de IA, Pangram Labs, reveló que, entre abril y junio de este año, sobre la base de una muestra de casi 57.000 entradas analizadas, el 41% de las publicaciones extensas y el 30% de los comentarios públicos en LinkedIn fueron generados íntegramente por la IA. LinkedIn ha cuestionado las cifras de los proveedores externos, pero se ha negado a facilitar sus propios datos comparables. Si bien es imposible saber a ciencia cierta cuánto contenido es generado por IA, lo cierto es que está pasando y cada vez más.
El caso de LinkedIn es particular, pues a diferencia de las redes sociales de entretenimiento, gracias a sus más de mil millones de usuarios a nivel mundial, es la plataforma perfecta para buscar empleo, conectar con potenciales clientes o simplemente dar a conocer logros profesionales. Todo lo cual la hace especialmente vulnerable al uso de la IA como un mecanismo sencillo y práctico, pero de sustitución de competencias reales, para mantenerse activo en el espectro laboral y corporativo.
El uso de la IA, per se, no está mal. Las nuevas tecnologías están hechas para usarlas y para que nuestras vidas —sobre todo en el ámbito profesional— sean más sencillas. El problema es cuando pasamos la delgada línea que hoy separa la autenticidad de la simulación y difumina sus fronteras; cuando abandonamos nuestra verdadera esencia como personas y profesionales; cuando nuestros ‘stakeholders’ comienzan a desconfiar, y con razón, de nuestra autenticidad. El reto más importante, estrechamente vinculado a la reputación, será siempre mantener intacta nuestra credibilidad.

