Juntos por el Perú pretendía gobernar el país. Y casi lo logra. Las intervenciones de sus senadores y diputados en el hemiciclo, las decisiones que se adoptan en las comisiones que presiden sus integrantes y los personajes a los que ha llevado a ocupar escaños confirman que hace solo tres meses estuvimos a punto de dar un salto al vacío.
Juntos por el Perú pretendía gobernar el país. Y casi lo logra. Las intervenciones de sus senadores y diputados en el hemiciclo, las decisiones que se adoptan en las comisiones que presiden sus integrantes y los personajes a los que ha llevado a ocupar escaños confirman que hace solo tres meses estuvimos a punto de dar un salto al vacío.
El partido de Roberto Sánchez se ha tomado al pie de la letra lo de ser oposición. Se oponen a todo. Con argumentos burdos que parecen sacados de un manual de oratoria pirateado, rechazan cualquier cosa que parezca contraria a la ideología que profesan. La consigna parece ser boicotear y obstruir, no importa cuál sea el costo para el país.
No solo es criticable la actitud de la bancada. Lo son también las formas en que expresan sus desacuerdos. Las intervenciones de algunos de sus integrantes son una exhibición de retórica lumpenesca llevada a los escaños del hemiciclo. Prueba de ello son las groseras expresiones del senador Iber Maraví y del diputado Jesús Pérez Alccahuamán contra los ministros de Relaciones Exteriores, Carlos Espá, y del Interior, César Astudillo, respectivamente. Para estos legisladores, la malcriadez cavernaria es una nueva forma de hacer oposición. A punta de vulgaridad buscan captar la atención que son incapaces de lograr con su labor congresal.
Otra de las joyas que ha llevado Sánchez al Senado es Humberto Morales, quien ha vuelto a enfilar contra Julio Velarde, esta vez cuestionando sus estudios superiores. Los 12 votos de Juntos por el Perú en contra de la ratificación del presidente del BCR no hacen sino confirmar que Roberto Sánchez mintió descaradamente en la segunda vuelta. “La política de Estado significa también la permanencia del señor Julio Velarde”, dijo en aquella oportunidad. Hubo muchos que le creyeron.
Aunque pretenden constituirse en la principal bancada de oposición, el obstruccionismo y la incompetencia de Juntos por el Perú pueden convertirlos, con el paso del tiempo, en aliados involuntarios de un gobierno que empieza a sufrir problemas de popularidad.



