domingo, septiembre 13

Desde que empezó a trabajar como profesor, para Jorge Eslava ofrecer una versión de la “Nueva crónica y buen gobierno” a los más jóvenes era un sueño imposible. Un proyecto difícil con el que era mejor no ilusionarse. Solo la depuración y limpieza de un texto muy complejo, intercalado con 400 ilustraciones, espantaría a cualquier editor. Así, el texto de Guamán Poma de Ayala permanecía como un libro de culto: de aquellos que todos citan, pero que pocos han leído, a excepción de estudiosos y eruditos. “Esa es una desgracia que persigue a algunos libros que, siendo tan importantes, libros que nos permiten observar desde la mirada de los vencidos y de los desamparados, sin embargo no son leídos”, lamenta el escritor.

Desde que empezó a trabajar como profesor, para Jorge Eslava ofrecer una versión de la “Nueva crónica y buen gobierno” a los más jóvenes era un sueño imposible. Un proyecto difícil con el que era mejor no ilusionarse. Solo la depuración y limpieza de un texto muy complejo, intercalado con 400 ilustraciones, espantaría a cualquier editor. Así, el texto de Guamán Poma de Ayala permanecía como un libro de culto: de aquellos que todos citan, pero que pocos han leído, a excepción de estudiosos y eruditos. “Esa es una desgracia que persigue a algunos libros que, siendo tan importantes, libros que nos permiten observar desde la mirada de los vencidos y de los desamparados, sin embargo no son leídos”, lamenta el escritor.

Porque, como advierte Eslava, eso es justamente lo que nos produce la lectura de Guamán Poma: ubicarnos del lado de los indios que no habían sido representados en aquellos testimonios de época. “Se trata de un libro que nos dice por qué somos así, por qué convivimos con tanta corrupción. En ese sentido, se trata de un libro revelador”, afirma Eslava, quien por fin cumple su sueño al adaptar los textos del cronista indígena. Comparando las ediciones anteriores de Luis Bustíos (1956), Franklin Pease (1980) y Carlos Araníbar (2015), el escritor reescribe el texto de 1615 para darle una sintaxis y una dicción contemporáneas, pero respetando vestigios de lo añejo y admitiendo algunos traviesos giros coloquiales.

—¿Qué dificultades encuentras en el texto al momento de adaptarlo?

Para empezar, es una obra escrita en un español atravesado por otras lenguas como el quechua, el aimara y diversos dialectos. Evidentemente está escrita por un quechuahablante, lo que es posible notar por la sintaxis, la construcción y el ordenamiento de las palabras, entre otras características del texto que fui descubriendo cuando me propuse adaptarlo, lo que ha sido para mí un descubrimiento lingüístico fascinante. Por ejemplo, el abuso del pleonasmo y de la redundancia. Las repeticiones son constantes, así como el uso de los verbos enclíticos, donde el pronombre va enlazado al verbo al final de la construcción. Se trata no solo de traducir un texto, sino de pensar en otro idioma. Guamán Poma era una persona que, evidentemente, había leído literatura de la época además de libros eclesiásticos. Se trataba de una persona con mucha ilustración y cultura, con un bagaje de lecturas muy grande. Meterse en ese tejido lingüístico es fascinante.

(Foto: Leandro Britto/ GEC)

`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});

—Como todo libro de culto, tiene una historia detrás. En este caso, se trata de un manuscrito que permaneció oculto durante 300 años. Su hallazgo, en 1908, lo cuentas al inicio del libro en un cómic dibujado por Guillermo de Orbegoso. ¿Por qué?

Había una historia que contar sobre la crónica, no propiamente de ella, sino de todo lo que sucedió después de ser escrita hasta su hallazgo fantástico a inicios del siglo XX. Cuando estoy detrás de un proyecto o he empezado a escribir algo, tengo la manía de pensar como un editor considerado que piensa en sus lectores. Así que había una historia que contar y podía hacerse simplemente como un prólogo, o podría aprovechar y presentarla en un formato de cómic, que pudiera confrontarse después con las ilustraciones de Guamán Poma.

—¿Qué cadena de errores deben ocurrir para que un texto que un autor indígena envió desde Lima hasta la corte del rey Felipe III terminara en una biblioteca nórdica?

Algunos, con mucha imaginación y osadía, pensaron que debió haber caído en manos de piratas, y contaron una leyenda parecida. Pero la teoría que parece tener más fuerza es que el texto cayó en manos de coleccionistas y que nunca fue leído por el rey. No hay ninguna señal de que fuera leído por el monarca de España. Desde que Guamán Poma embarca su texto en 1615, se pierde 45 años, hasta que encontramos un registro de 1660 en la Biblioteca Real de Copenhague que da cuenta de su existencia. Pero hasta 1908, en que se produce el hallazgo, nadie había abierto ese paquete. Aún estaba en su envoltorio. Así lo contó el investigador y bibliotecario alemán Richard Pietschmann en su primer informe del hallazgo a un grupo muy pequeño de investigadores. Luego empezó la guerra, Pietschmann enfermó y murió. Y será Paul Rivet quien asuma el relevo y publique en París la primera edición facsimilar en 1936, lo que permitió que la comunidad académica internacional conociera el valioso manuscrito.

—¿Crees que fue ingenuo por parte de Guamán Poma enviar su crónica al rey?

Totalmente. En esa época había ciertos requisitos para que un texto se imprimiera. Debía pasar antes por el Tribunal de la Inquisición. Pienso que terminó siendo, probablemente, la amistad un poco interesada que tenía Guamán Poma con Cristóbal de Albornoz para conseguir el consentimiento de la Corona y permitirle publicar lo que estaba escribiendo. Uno puede encontrar ilustraciones y textos muy subidos de tono, muy osados como materia de denuncia; por eso, uno de los grandes encantos de la crónica de Guamán Poma es que no pasó por la censura. En esa época todas las crónicas eran revisadas y aquellas que no pasaban el examen simplemente iban a incrementar el index de los libros prohibidos.

—Guamán Poma tiene una compleja relación con fray Martín de Murúa, el autor de la “Historia general del Perú”. Murúa acusó a Guamán Poma, ilustrador de su volumen, de haberlo plagiado sin escrúpulos. ¿Qué piensas de ello?

Según las investigaciones, todo parece indicar que Guamán Poma trabajó en el taller de fray Martín de Murúa, donde practica el dibujo y ejerce como ilustrador. Como lo cuenta Juan Ossio, se ha podido comprobar que alrededor del 80% de las ilustraciones publicadas en el códice Murúa pertenecen a la mano de Guamán Poma. Hasta entonces, parece que la relación de ambos era buena. Luego se aparta de Murúa y empieza una empresa personal que le tomará 20 años. Y será entonces cuando Guamán Poma nos ofrezca más información: menciona a Murúa en su crónica en términos bastante censurables. Lo señala como un mal religioso, como un explotador de indios. Hay una ilustración que lo presenta castigando a una india. Y aunque esa relación terminó muy mal, no hay ningún registro de que Martín de Murúa lo hubiese demandado por sus ilustraciones.

“El cronista dibujante”

Autor: Felipe Guamán Poma de Ayala, versión de Jorge Eslava

Editorial: FCE

Año: 2026

Páginas: 234

Además…

A saber

El volumen incluye además una historieta ilustrada por Guillermo de Orbegoso sobre el hallazgo del manuscrito en Dinamarca, además de materiales gráficos que contextualizan la obra y destacan su importancia histórica.

Share.
Exit mobile version