miércoles, octubre 7

Amy Gutiérrez empezó a cantar a los siete años. A los 13 ganó “La voz Kids”. Después llegaron las agrupaciones, Son Tentación, You Salsa, la carrera solista, los escenarios, las canciones y también los golpes que casi nunca aparecen en una fotografía promocional. Ahora, a los 28, una nueva fecha se suma a esa historia: el 7 de noviembre cantará por primera vez en el Gran Teatro Nacional, en un espectáculo concebido especialmente para recorrer su trayectoria.

“Es un sueño hecho realidad, pero también una noticia que ha costado muchos años de trabajo, sacrificio y de soñar muchísimo. Para mí va a ser un supermegareto, un paso muy importante en mi carrera”, confiesa.

La idea es que esa noche no aparezca una sola Amy. Aparecerán todas. La niña que cantaba en casa, en el Callao. La adolescente que competía en televisión. La participante de “La voz Kids”. La joven que empezó a hacerse un nombre dentro de agrupaciones tropicales. La solista que un día decidió que ya no quería ser únicamente la voz que llegaba, cantaba y se iba, sino también la mujer capaz de dirigir un equipo y sostener su propio proyecto.

“Van a encontrar a todas las Amys, de todas sus etapas. Pero la que va a cerrar con broche de oro es la Amy de ahora: más grande, más madura, con mucha más convicción, con los pies sobre la tierra y amando más que nunca a mi público y a mi música”, dice.

El espectáculo reunirá salsa, música tropical, baladas y música criolla, además de nuevos arreglos y más de veinte artistas en escena. En el repertorio estarán canciones como “No sé”, “Alguien”, “Vamos a escapar”, “No te contaron mal” y “Qué pasaría”, junto con lanzamientos más recientes.

Durante años, Amy sintió que había desarrollado una carrera musical, pero le faltaba dar un paso hacia el espectáculo de mayor formato. Montar un show que no dependiera únicamente de una canción o de su presencia en redes, sino de una propuesta pensada desde el escenario.

“Una cosa es ser artista en redes sociales, tener tu música, y otra es hacer un espectáculo como tal. Yo sentía que me faltaba ese gran paso, para poder hacer algo que tenga nivel internacional”, explica.

Le gustaría que este concierto sea el inicio de una ruta que algún día pueda llevarla al Anfiteatro del Parque de la Exposición, Costa 21, Arena 1, el Estadio Nacional y, después, a grandes escenarios fuera del Perú.

Cuando inició su carrera como solista tuvo que aprender a decidir por sí misma. Dejó de ser solo la cantante para convertirse en la cabeza de sus músicos, su equipo y su propio proyecto. Con esa responsabilidad llegaron también las dudas, los errores y más de un golpe contra la pared.

“Hay cosas que no me salieron como quería, proyectos que quizá no conectaron con el público. Pero de todo aprendí muchísimo. No hay mejor persona que pueda conocer qué le funciona a un artista que uno mismo”, reflexiona.

También hubo momentos en los que Amy pensó que quizá la música ya no valía tanto sufrimiento. Cuando los shows disminuían o sentía que dependía demasiado de las discotecas, las radios o de decisiones ajenas, llegó a preguntarse para qué continuar.

“Era como: si no tengo esto, no soy; si no tengo este puente, no tengo público. Entonces pensaba: ‘¿Para qué voy a seguir haciendo algo que me está haciendo sufrir más de lo que disfruto?’”.

Dice que en esos quiebres aparecía su fe. “Ahí es donde Diosito aparece y te dice: ‘Tienes que continuar, porque este momento es el que te va a hacer más fuerte para lo que viene’”, recuerda.

“He recibido más de 800 ‘no’. Hubo canciones que una radio no quiso tocar. Propuestas que no prosperaron. Incluso un artista al que admiraba rechazó grabar una colaboración conmigo porque tenía otros proyectos”.

A los 28 años, Amy tuvo otra pequeña sacudida. Miró algunos de los reconocimientos que guarda en casa y leyó frases que durante mucho tiempo la acompañaron: “nueva voz”, “voz joven”, “revelación”. De pronto entendió que esa etiqueta ya no le pertenecía.

“Me dio nostalgia. Pensé: ‘Ya no soy tan joven como antes’. Pero después entendí que, si me quedaba pensando así, yo misma me estaba limitando. Quizá antes fui la voz revelación y ahora puedo ser la mejor canción del año en los Latin Grammy, la mejor artista o tener el mejor álbum. Uno crece y aparecen otras oportunidades”, afirma.

Empezó a cantar de niña, pero Amy siente que la música no le robó la infancia. Creció con carencias, aunque sus padres hicieron lo posible para que ella no cargara con ellas.

“Si no podían comprarme una muñeca, mi papá me hacía una casita de madera para la Barbie. Tuve una infancia feliz”.

La adolescencia sí tuvo renuncias: mientras sus amigas salían, ella ensayaba o trabajaba. Hasta su primer beso ocurrió sobre un escenario.

“Mi primer beso lo di actuando en una obra de teatro”, recuerda entre risas.

Dice estar enamorada, sentirse acompañada por su familia, su pareja y sus cinco perros. También reconoce que esa calma emocional ha cambiado su manera de crear y componer canciones.

“Cuando uno está bien emocionalmente, incluso si falta algo material, te sientes feliz, plena, con ganas de comerte el mundo”, dice. “Yo trabajo desde el amor, completamente. Pero también he trabajado desde el dolor”, admite.

Mientras prepara su debut en el Gran Teatro Nacional, trabaja además en una nueva canción de latin pop que espera lanzar para el verano de 2027 y en colaboraciones internacionales que todavía prefiere mantener en reserva.

Hay mucho por hacer. Amy lo sabe. El Gran Teatro Nacional no será la llegada. Será otra puerta.

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