Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.
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El gobierno de Japón, liderado por Sanae Takaichi, ha anunciado la eliminación de las restricciones que tenían sus empresas para la exportación de material militar letal, prohibición que se encontraba vigente desde hace 50 años.
La restricción de la venta de armamento al exterior estuvo vigente por décadas de forma inflexible, aunque en el 2014 se flexibilizaron las normativas para permitir que las compañías japonesas comenzaran a comerciar equipo militar no letal en categorías específicas.
El cambio en la gestión de Takaichi permitirá la “transferencia de todos los equipos de defensa” a las naciones con las que el país del Sol Naciente tiene acuerdos de cooperación en defensa. A lo anterior se añade que la enmienda contiene una cláusula que prevé un escenario en el que se puedan transferir armas a países en conflicto, prohibición todavía más antigua que el marco recientemente modificado por el gabinete de Sanae Takaichi.
Una reforma como la que ha anunciado el gobierno japonés supone un cambio histórico para un país que renunció “de forma perpetua a la guerra” según su propia Constitución y que había mantenido esa línea pacifista desde hace más de ocho décadas.
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi. (Foto: EFE/EPA/JIJI PRESS JAPAN)
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La primera ministra nipona atribuyó la decisión de su administración a la necesidad de garantizar la seguridad nacional y recalcó que la medida no supone “ningún cambio en su compromiso de mantener su ideología básica como nación pacífica”.
“En un entorno de seguridad cada vez más severo, ningún país puede por sí solo proteger su paz y seguridad. Asimismo, en el ámbito de los equipos de defensa se necesita que los países aliados se apoyen mutuamente”, señaló Takaichi en un comunicado que subió a la red social X.
La Constitución japonesa establece en su noveno artículo la renuncia del país a los conflictos bélicos y se origina en la rendición de la potencia asiática luego de ser vencida en la Segunda Guerra Mundial.
El documento fue redactado bajo la supervisión del general Douglas McArthur durante la ocupación de Estados Unidos y ha estado en vigor desde 1947. Tras esto el militarizado y expansionista Japón imperial se convirtió en un Estado democrático influido por el liberalismo norteamericano.
El artículo 9
Con fuerza de ley
«Aspirando sinceramente a una paz internacional basada en la justicia y el orden, el pueblo japonés renuncia para siempre a la guerra como derecho soberano de la nación y a la amenaza o al uso de la fuerza como medio de solución en disputas internacionales. Con el objeto de llevar a cabo el deseo expresado en el párrafo precedente, no se mantendrán en lo sucesivo fuerzas de tierra, mar o aire como tampoco otro potencial bélico. El derecho de beligerancia del estado no será reconocido».
Bajo el nuevo marco constitucional, las Fuerzas Armadas niponas dieron paso a las Fuerzas de Autodefensa de Japón, creadas oficialmente en 1954 y definidas como un organismo de estructura militar orientado netamente a funciones defensivas.
Tras décadas de recuperación económica, Japón introdujo en 1967 sus primeras limitaciones a la exportación de armamento, prohibiendo la venta a países comunistas, estados con embargos de armas en la ONU y naciones en conflicto o con potencial de caer dentro de uno.
La Constitución pacifista de Japón se redactó tras la rendición del país asiático al final de la Segunda Guerra Mundial. (Foto: Wikimedia)
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Sin embargo, no sería hasta 1976 cuando se decretó la prohibición general de exportar material militar a cualquier destino. La medida fue aprobada durante el gobierno de Takeo Miki, quien sostenía que era necesario que el accionar de su país estuviera alineado con el carácter pacifista de su Constitución.
Por décadas el pacifismo institucionalizado de Japón se mantuvo imperturbable, pero la situación comenzó a cambiar en la década pasada. Durante la administración del fallecido Shinzo Abe, la potencia asiática comenzó una progresiva flexibilización de la interpretación de la Constitución y sus leyes pacifistas.
En diciembre del 2013 la gestión de Abe creó un Consejo de Seguridad Nacional como respuesta a lo que se calificó como “un entorno de seguridad cada vez más complejo”, a la vez que señaló que buscaba una mayor integración de inteligencia con sus aliados para generar un “marco de protección equivalente al de los países occidentales”.
Al año siguiente, el fallecido exprimer ministro nipón puso la primera piedra de la actual reforma de Takaichi al introducir los “Tres Principios sobre la Transferencia de Equipos y Tecnología de Defensa”, que modificaban la prohibición de vender armamento al exterior.
Tanque de batalla principal tipo 90 del 11. ° Batallón de Tanques, 11 ° Brigada del Ejército del Norte de la Fuerza de Autodefensa Terrestre de Japón (JGSDF), en el campamento Kita-Eniwa en Eniwa. (Foto: AFP)
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Esta enmienda permitió la venta de material militar en cinco categorías específicas: vigilancia, transporte, rescate, control y desminado. Con las nuevas condiciones Japón comenzó a vender material de uso militar a 17 países con los que tenía acuerdos de transferencia de tecnología de defensa, pero la venta de armamento letal al exterior siguió sin estar permitida.
El gabinete de Abe argumentó que esta venta de bienes militares iba a ser controlada y estaba condicionada a que las exportaciones “contribuyeran a la paz internacional o la seguridad japonesa”.
Este viraje histórico se enmarcaba en la reinterpretación del apartado pacifista de la Constitución que impulsaba el antiguo primer ministro, quien sentó principios como los de “autodefensa colectiva” y establecía que el país del Sol Naciente podía tener un rol más activo con el fin de resguardar la seguridad nacional.
Esto se plasmó en el conjunto de leyes denominado “Legislación Para la Paz y Seguridad”, que se aprobó definitivamente en setiembre del 2015. Bajo la nueva regulación, las Fuerzas de Autodefensa de Japón están facultadas para salir en defensa de un país aliado.
Durante el mandato de Fumio Kishida se dieron más pasos relevantes en el camino iniciado por Abe con la aprobación del incremento del presupuesto de defensa, que pasó de 1% del PIB al 2% en el 2022.
La postura oficial señalaba que el país asiático debería tener la facultad de realizar ataques en el exterior contra sus enemigos en caso de conflicto y no restringirse únicamente a la defensa dentro de su territorio. En ese contexto se adquirieron misiles de largo alcance para atacar bases y posiciones enemigas en escenarios de “ataque inminente”, a la vez que se alcanzaron acuerdos de transferencia tecnológica en el apartado bélico con países como Reino Unido.
El reciente anuncio de Japón ya ha generado reacciones, particularmente de China, cuyo gobierno ha manifestado estar “seriamente preocupado” por las medidas del país insular, definiendo como “contradictorias” las afirmaciones de Sanae Takaichi acerca de que su país seguía siendo pacifista incluso con la aprobación de la venta de armas al exterior.
Misiles balísticos intercontinentales DF-5C de China durante un desfile militar que conmemora el 80.º aniversario de la victoria sobre Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. (Foto: GREG BAKER / AFP).
/ GREG BAKER
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Guo Jiakun, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, indicó que tanto su gobierno como la comunidad internacional se mantendrán “en alta vigilancia” ante lo que consideran un creciente militarismo nipón.
En opinión de Carlos Aquino, director del Centro de Estudios Asiáticos de la UNMSM, el revisionismo japonés en cuanto a la interpretación de los límites de su Constitución en materia militar es esperable dentro del contexto actual. Desde su perspectiva, eventos geopolíticos como la guerra de Ucrania, el conflicto de EE.UU. con Irán y el auge de China han puesto sobre la mesa un escenario totalmente distinto al que tenía delante el país en las décadas previas.
“En Japón se dice que el país debe adecuarse al siglo XXI, a la realidad actual. Hasta hace unos años en términos de defensa vivía bajo el paraguas militar de Estados Unidos. Ahora ven lo que pasa en Ucrania y que Washington está desatendiendo a sus socios en Europa desde hace años, por lo que Japón siente que no puede confiar solo en Estados Unidos, sino que debe depender de sí mismo”, comenta el catedrático.
“La región del Asia-Pacífico o el Asia Oriental ha cambiado mucho y tenemos una China cada vez más grande, asertiva y que —según Tokio— ocupa cada vez más el Mar de China Meridional y amenaza a Taiwán, siendo para los japoneses importante que esta isla no sea ocupada. Tenemos también el caso de Corea del Norte, que cada vez es más agresiva, que ya puede lanzar misiles desde submarinos y ya posee bombas atómicas, a lo que se suma que también Rusia es más agresiva”, añade Aquino.
Armas de guerra: Un paracaidista de las Fuerzas de Autodefensa de Tierra japonesas recoge su paracaídas tras tomar tierra durante unas maniobras con fuego real en el campo de entrenamiento de Higashi Fuji, en Gotenba, Japón. (Foto: EFE/Franck Robichon)
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El experto insiste que el contexto en el que se firmó la Constitución nipona es cada vez más lejano y sostiene que estos cambios son esencialmente un “adecuamiento a la realidad”.
Más allá de este detalle, el impulso militar reciente de Japón sigue generando un fuerte debate interno, ya que todavía hay una marcada defensa de la línea pacifista por parte de sectores importantes de la población.
A lo largo de la última década las reformas iniciadas por Shinzo Abe han generado protestas de miles de ciudadanos que abogan por el respeto al ideario pacifista. Hay una marcada división etaria: la población de más edad es la que se muestra más reacia a que su país tenga mayor iniciativa militar, mientras que los jóvenes consideran que ella es una reacción lógica ante amenazas potenciales de China y Corea del Norte.
Para el analista internacional Marco Carrasco, investigador de Desarrollo y Estudios de Asia de la Universidad San Marcos, el criterio de autodefensa en Japón ha venido cambiando gradualmente con el paso de los años y el cambio en esta percepción se ha hecho más pronunciado desde el 2014 también entre la población.
Carrasco coincide con Aquino en que esto responde a “una dinámica cambiante que Japón viene sintiendo en el mundo” y que mensajes como los de Donald Trump alrededor de la “defensa de la soberanía nacional” han marcado parcialmente la pauta a seguir para gobernantes como Sanae Takaichi, quien mantiene un discurso nacionalista.
“Por un lado está la presencia de China, cada vez más amenazante, sobre todo en un contexto en el cual la primera ministra japonesa claramente no está en buenos términos con Beijing, pero por otro lado también hay cierto aprovechamiento de la retórica que hoy se maneja a nivel global y que, para bien o para mal, la dicta Estados Unidos”, comenta Carrasco.
Tanque de batalla principal tipo 90 del 11. ° Batallón de Tanques, 11 ° Brigada del Ejército del Norte de la Fuerza de Autodefensa Terrestre de Japón (JGSDF), en el campamento Kita-Eniwa en Eniwa. (Foto: AFP)
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“Bajo ese mismo criterio Japón ha ido gradualmente expandiendo y revisando su entendimiento de lo que suele ser este mecanismo de autodefensa. La primera ministra tiene una postura bastante seria respecto al tema de fortalecer el apartado militar del país y desde su punto de vista el hecho de liberar cualquier tipo de fricción en cuanto a las ventas de armamento no contraviene de ninguna manera el principio de autodefensa, sino que más bien lo fortalece”, añade el investigador.
Al ser consultados sobre si es posible un futuro cercano en el que la Constitución de Japón sea modificada, ambos especialistas señalan que esto es improbable, debido a que al gobierno todavía le queda mucho margen para seguir “estirando” la interpretación de la autodefensa.
“El entendimiento de un mismo término puede cambiar según el gobierno de turno, sobre todo en el contexto geopolítico”, menciona Carrasco.
Independientemente de lo anterior, Sanae Takaichi cuenta con una mayoría parlamentaria que le puede facilitar más cambios en materia castrense. Pese a que el Partido Liberal Democrático (PLD) de la primera ministra tiene una minoría en el Senado, ejerce mayoría enorme en la cámara baja, pues la coalición de gobierno suma allí 352 de 465 escaños.
Además del interés en materia de defensa, el gobierno japonés ha sido claro al señalar que también hay una motivación económica detrás de la ampliación de la venta de armamento.
“Reconozco que esto no solo contribuye al fortalecimiento de la capacidad de disuasión y respuesta de nuestros aliados y países afines, sino que también conduce al mantenimiento y reforzamiento de nuestra propia base industrial y tecnológica de defensa”, declaró Shinjiro Koizumi, ministro de Defensa nipón.
En efecto, la potencia asiática cuenta con un importante sector industrial que ya produce material y componentes de uso militar fabricados por subsidiarias de algunos de sus grupos corporativos más importantes.
Para Marco Carrasco, Japón tiene un ejemplo claro del potencial de la industria bélica en la cercana Corea del Sur, que se ha consolidado como el cuarto productor de armas del mundo y es el segundo país que más armas vende a los miembros de la OTAN. Al ya contar con un sector industrial desarrollado, un escenario en el que los nipones crezcan en el rubro militar es bastante factible a juicio del especialista en temas de Asia-Pacífico.
Esta foto de archivo de la Marina de Estados Unidos tomada el 22 de mayo de 2018 muestra al destructor de misiles guiados de la clase Arleigh Burke USS Milius (DDG 69) cuando llega a Yokosuka, Japón. (AFP).
/ GARRETT ZOPFI
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“El potencial industrial de Japón es bastante fuerte y su capacidad para diseñar diferentes tipos de armas, desde buques de guerra, diferentes tipos de misiles balísticos y demás está totalmente alineada a su desarrollo tecnológico y científico”, comenta Carrasco.
Desde el exterior los equipos de fabricación japonesa son considerados particularmente avanzados y equiparables a los de sus aliados occidentales, habiéndose beneficiado de los acuerdos de cooperación tecnológica.
Un ejemplo notable de lo anterior es el conglomerado Mitsubishi, que produce satélites y radares con su subsidiaria Mitsubishi Electric; mientras que su división de industria pesada produce las fragatas de clase Mogami y viene desarrollando un caza de sexta generación en colaboración a Reino Unido e Italia. Otras grandes compañías niponas como Kawasaki o IHI Corporation también tienen producción militar de escala importante.
La administración de Takaichi ha buscado seguir impulsando esta industria y el 18 de abril cerró el mayor contrato de exportación de defensa de la historia del país oriental, firmado con Australia.
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El país oceánico adquirirá una oncena de fragatas Mogami y tres de estas se construirán en territorio japonés, mientras que las ocho restantes serán fabricadas en Australia bajo un acuerdo de transferencia tecnológica. En total, se estima que Australia invertirá hasta 14.400 millones de dólares a lo largo de la presente década.
Carlos Aquino explica que esta intención de ampliar el alcance del complejo militar nipón es únicamente sostenible con las exportaciones y que el contrato con Canberra es un primer paso clave de cara a esa proyección.
Hasta ahora, las Fuerzas de Autodefensa eran el principal cliente del aparato militar de Japón y eran los únicos compradores del material bélico letal a causa de la prohibición de exportación.
Esto repercutía directamente en un incremento sustancial del gasto de producción. Un caso que ilustra esta situación es el del rifle nipón Howa Tipo 89, que tiene un costo de fabricación promedio de 3.000 dólares por unidad, siendo entre tres y cinco veces más caro que los modelos estadounidenses en los que está basado.
“Para alcanzar una economía de escala, un país no puede solo producir armamento para sus propias fuerzas militares, sino también tiene que vender al extranjero”, comenta Aquino.
Para el director de Estudios Asiáticos de la UNMSM este desarrollo industrial militar puede convertirse en otro de los grandes ejes de la economía nipona, al nivel de actividades como el turismo; sin embargo, las necesidades defensivas de Japón siguen siendo el otro gran condicionante, pues la producción local de armas es vista como un medio vital para dejar atrás la dependencia de Estados Unidos.
Aquino cita como ejemplo el caso del buque de asalto anfibio norteamericano USS Tripoli, que recientemente zarpó desde Sasebo hacia el Medio Oriente junto con un grupo anfibio de respuesta rápida y una unidad expedicionaria a causa del conflicto entre Estados Unidos e Irán. Algo similar sucedió con dos destructores de misiles guiados que fueron llevados de Yokosuka al Mar Arábigo.
Conflictos como el de Irán han modificado la percepción sobre la seguridad nacional en Japón. (EFE/EPA/ABEDIN TAHERKENAREH)
/ ABEDIN TAHERKENAREH
En términos prácticos, la movilización de estas unidades restó capacidad de defensa a Japón en un clima regional complejo y las autoridades del archipiélago nipón no quieren encontrarse nuevamente en una situación así.
“Eso es lo que también pone nerviosos a los japoneses: depender de una potencia extranjera para su defensa y depender de armas de EE.UU. en momentos en que parece que este país tendrá problemas para reponer rápidamente las armas que usa en Irán”, finaliza Aquino.
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