jueves, junio 4

Este domingo finalizará una contienda que ha resultado, contradictoriamente, corta y extenuante. Corta, por el poco tiempo que se ha dispuesto para discutir propuestas de fondo. Así, una vez más, lo que prevalece en la decisión final es la comparación de las resistencias que ambas opciones generan.

Extenuante, no solo porque ha reiterado las viejas brechas y taras que, como país, arrastramos, sino porque ha vuelto a poner sobre la mesa los males que genera la liquidación del quehacer político de las últimas décadas. Son males que, disfrazados de heroísmo, no suelen ser más que conveniencia y oportunismo.

Pero dejando todo eso atrás, en este último tramo hay al menos cuatro aspectos que deben considerarse para poder avizorar cuál será el resultado final del domingo 7 (es sintomático que el Día D tenga una connotación de malagüero: terminará siendo un día negro para alguno de los bandos en contienda).

En primer término, las encuestas difundidas al cierre, hasta el domingo 31, proyectan un final ajustado, con ambos candidatos arrastrando pasivos que podrían agravarse en la etapa previa. Contradictoriamente, persistir en señalarlos podría favorecer al oponente reduciendo el voto que, por el momento, opta por el blanco o nulo.

Evidentemente, un segundo aspecto por considerar es el debate presidencial del último domingo. En sus intervenciones, Keiko Fujimori expuso una rigidez que echaba por tierra la experiencia de tres balotajes previos. En tanto, Roberto Sánchez demostró mejor manejo escénico y un amplio uso de la maña política. Veremos si esto le resulta.

Tercero: la vuelta a escena del antifujimorismo, aunque con señales ambivalentes. La convocatoria a marchas en todo el territorio nacional mostró una marcada orfandad y cabría pensar, por tanto, que este ha perdido peso. No obstante, los cambios de posición de la última semana de prominentes figuras públicas pasando del nulo al decidido voto por Sánchez pueden hacer reconsiderar tal percepción. En cualquier caso, el domingo se despejará toda duda.

Finalmente, la actualización del plan de gobierno de Juntos por el Perú ha conseguido gran cobertura mediática. Pero, tanto por el guion como por el cásting, parece que estamos ante un ‘remake’ que ha perdido gracia: una “nueva propuesta” que sigue anclada a una mirada del país desde la izquierda, con todo lo que ha significado para el país y la región.

¿Qué esperar de los días que quedan? Primero, una intensa circulación de información real y ficticia. Segundo, la activación de factores emocionales: temores y tirrias, en la misma medida, para justificar posiciones encontradas. Si, como reza la salsa, “alguien pierde, alguien gana”, la derrota, que también es parte del quehacer democrático, deberá ser asumida con la madurez democrática que las circunstancias exigen. ¿Tenemos políticos capaces de responder con esa intensidad y a esa altura?

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Share.
Exit mobile version