Perdió a su padre a los 13 años a causa del alcoholismo y tuvo que trabajar en su infancia como obrero de construcción, conserje, jardinero, repartidor de folletos, entre otras tareas, para apoyar a su madre y tres hermanos, para que llegue un plato de comida a casa al final de la noche. Criando sola a cuatro hijos y trabajando como recolectora de basura, Igor Thiago recuerda cómo su madre, María Diva, llegó un día a un almuerzo familiar, en donde se suponía que cada uno debía llevar un plato, a lo que un pariente le reclamó por llegar con las manos vacías.
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Thiago terminó en Verê, una ciudad de 7.000 habitantes. En ese poblado, el atacante fue el máximo goleador de la liga regional, lo que lo llevó al Cruzeiro, en Belo Horizonte, la sexta ciudad más grande del país, para ser presentado en un breve video con la directiva del club.
Para los 18 años llegó su debut profesional en el peor Cruzeiro de la historia: “Hay cosas que nadie sabe que viví, pasé por un periodo de depresión”, le dijo en un podcast a ESPN.
En febrero del 2022, Cruzeiro lo vende por 1.3 millones de euros al Ludogorets de Bulgaria. Cualquiera que iniciaba un mejor camino en el ‘Viejo Continente’, pero en sus inicios, apenas gozaba de minutos en el primer equipo, a lo que pidió ser enviado al conjunto de la B. Thiago solo quería jugar y para adaptarse en Europa del Este, le preguntaba a los veteranos en que podía mejorar y, tiempo después, respondió a base de goles: 21 en 53 encuentros para ser vendido una temporada después al Brujas, a cambio de 11 millones de euros.
De ahí, el camino al éxito fue color de rosas. En Bélgica anota 29 goles en 55 juegos y es vendido a la temporada al Brentford, su actual equipo, por 33 millones de euros. “Creo que todo lo que Dios ha planeado para mi vida, lo que me ha dado este año en el Brentford, es algo que no había experimentado antes en mi carrera”, afirmó el futbolista, que cumple 25 años en junio.

Igor Thiago con Erling Haaland en duelo de la Premier League. (Foto: Getty Images)
/ Martin Rickett – PA Images
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Probablemente, nunca imaginó que batiría algún récord de goleo en su carrera, aunque en la actualidad sea el brasileño que más anotaciones lleva en una Premier League (22).
Igor ya cumplió su objetivo: es millonario y su familia no sufrirá de problemas económicos. En ese camino, el jugador también ha madurado espiritualmente: “Aprendí a valorar de verdad a mi familia, a ver la vida de otra manera, a disfrutar del fútbol, a jugar con más amor. Me di cuenta de que tenía que disfrutar más de mi vida como futbolista, disfrutar cada minuto en cancha, no dejar que las pequeñas cosas me frustraran o me sacaran del juego mentalmente. Tenía que disfrutar cada momento, tanto los buenos como los malos, son los que te hacen crecer”.
Su sueño ahora es el Mundial. “Dios tiene un propósito en la vida de cada persona. Si es la voluntad de Dios y la de Carlo, será un placer, un honor, representar a mi país. Es una sensación indescriptible representar a mi país, poder vivir este momento. Será algo que no puedo explicar”, confiesa.
Esa ha sido la vida de Igor Thiago, el atacante de 1,91 metros de estatura. Él sabe que, en su ciudad, hay mucho alcoholismo y drogadicción, pero reconoce en su historia un deseo de superación, ese que ha sabido llegar a la élite del fútbol por la puerta a atrás.
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