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Había que estar un poco loco o ser un visionario a comienzos de los años ochenta para montar una franquicia multimillonaria sobre la premisa de un hombre en taparrabos medieval que monta un tigre. Pero eso, exactamente, fue lo que hizo Mattel en 1982. Y funcionó. Los niños de hoy probablemente no entiendan el fenómeno. Pero hubo un momento en que escuchar a He-Man gritando “¡Por el poder de Grayskull!” era suficiente para paralizar una sala, un barrio o cualquier tarea escolar pendiente.
Había que estar un poco loco o ser un visionario a comienzos de los años ochenta para montar una franquicia multimillonaria sobre la premisa de un hombre en taparrabos medieval que monta un tigre. Pero eso, exactamente, fue lo que hizo Mattel en 1982. Y funcionó. Los niños de hoy probablemente no entiendan el fenómeno. Pero hubo un momento en que escuchar a He-Man gritando “¡Por el poder de Grayskull!” era suficiente para paralizar una sala, un barrio o cualquier tarea escolar pendiente.
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Lo más curioso de la historia de He-Man es que no nació en una sala de guionistas ni en las páginas de un cómic. Nació en una empresa de juguetes con operarios y gerentes de producción muy imaginativos. A comienzos de los ochenta, Mattel andaba desesperada buscando cómo competir con las figuras de acción de Star Wars. Hasta entonces todos sus intentos de enfrentar al imperio de Lucas habían fracasado, hasta que a alguien en la empresa se le ocurrió hacer un estudio de mercado. Como se relata en el documental “The Toys That Made Us”, en Mattel organizaron un ‘focus group’ con niños y descubrieron que lo que más deseaban era poder. El poder es una ilusión, dicen, pero para los pequeños sujetos a reglas y órdenes constantes es algo muy concreto. Su fantasía, en efecto, es tener el poder.

Jared Leto interpreta a Skeletor, el villano con rostro de calavera obsesionado con capturar el Castillo de Grayskull.
/ Photo Credit: Amazon MGM Studios
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A partir de esa idea descubrieron también que la estética de bárbaros, al estilo Conan, tenía gran aceptación entre ellos. Lo que siguió fue encargar a sus diseñadores una serie de prototipos. Tomaron una figura de G.I. Joe y la recubrieron de arcilla hasta convertirla en un muñeco imposiblemente voluminoso, con músculos sobre músculos. Un personaje que transmitía poder a simple vista.
“Los niños de los ochenta estaban acostumbrados a jugar con figuras pequeñas, como las de Star Wars o G.I. Joe”, recuerda Richard Tejeda, juguetero de vieja escuela y copropietario de la tienda Museo del Juguete (Camaná 995, tienda 111). En sus anaqueles hay miles de figuras vintage que harían sangrar la billetera a cualquier coleccionista nostálgico. Nos muestra algunas piezas de la época y, la verdad, las de Star Wars, de Kenner, o los G.I. Joe, de Hasbro, son apenas del tamaño de un dedo. “Pero ponías una de esas al lado de un He-Man y este parecía un gigante. Eso gustaba mucho a los niños”.
Así fue como nació Masters of the Universe: una especie de Barbie para chicos, con armadura y vocación épica. La lógica era sorprendentemente parecida. Había un personaje principal con proporciones físicamente imposibles, un vestuario inconfundible —en el caso de He-Man, un taparrabos de cuero marrón y una espada—, además de un castillo que se compraba por separado.
En el Museo del Juguete hay figuras vintage de los Amos del Universo. Richard Tejeda hace poco vendió un Castillo de Grayskull original.
/ NUCLEO-FOTOGRAFIA > CESAR CAMPOS
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Lo más insólito es que el éxito de los muñecos fue tan rápido que Mattel tuvo que inventar una historia para sostenerlo. Primero aparecieron unos minicómics incluidos en los empaques. Después llegó la serie animada de Filmation, estrenada en 1983. A diferencia de la mayoría de franquicias, aquí ocurrió al revés: los juguetes llegaron antes que la narrativa. El dibujo animado no existía para inspirar las ventas; existía para vender más muñecos.
Los Amos del Universo eran el sueño de cualquier niño de los años ochenta. Y el infierno económico de cualquier padre. “Los muñecos de He-Man eran caros acá”, recuerda Tejeda. “Y en el Perú no se producían, como sí ocurrió con las Barbies, que fabricó BASA. Si tenías una figura original, era porque había sido importada, y eso, sumado a su tamaño, elevaba bastante el precio”. Lo que más se encontraba eran figuras clonadas llegadas de Asia, inspiradas en Masters of the Universe. Para muchos padres la diferencia era imperceptible. Para un niño de ocho años era una tragedia. Bastaba mirar la cara del muñeco para saber que aquello no era He-Man.
Los compradores de muñecos de He-Man suelen ser hombres de más de cuarenta años. Incluso los nuevos que se ven en tiendas no van dirigidos a los niños
La serie de Filmation terminaba cada episodio con una moraleja dirigida al público infantil: una decisión pedagógica admirable, aunque ligeramente irónica si se considera que el protagonista pasaba buena parte de la trama ocultando su identidad a sus amigos más cercanos. Parte del éxito de la franquicia tenía que ver con su villano. Y He-Man tenía a Skeletor. Con su rostro de calavera, su capa morada y su obsesión inextinguible por conquistar el Castillo de Grayskull, se convirtió en uno de los grandes antagonistas de la cultura popular de aquella década.
El éxito de la franquicia llevó inevitablemente a Hollywood. En 1987 llegó la primera adaptación cinematográfica, protagonizada por Dolph Lundgren como He-Man. El problema era que recrear Eternia, el mundo de He-Man, resultaba demasiado caro, así que los guionistas encontraron una solución económica: trasladar buena parte de la acción a la Tierra. El resultado fue un fracaso comercial sonoro. Recaudó menos de lo esperado y dejó congelados durante décadas los planes de continuar la saga en la pantalla grande.
La versión con Dolph Lundgren de 1987 fue un fracaso de taquilla, pero actualmente se ha convertido en una pieza de culto.
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Con el tiempo ocurrió algo curioso. Los fanáticos terminaron recordándola con bastante más cariño que muchos éxitos de taquilla de aquella época. Los fracasos sinceros tienen una cualidad misteriosa: suelen envejecer mejor que varios éxitos fabricados. Hoy la imagen de Lundgren empuñando la Espada del Poder despierta más simpatía genuina que varios superhéroes producidos en serie con presupuestos ilimitados. No es justicia poética, exactamente, pero se le parece bastante.
Ahora “He-Man” regresa al cine. La nueva versión, protagonizada por Nicholas Galitzine, se acaba de estrenar con una producción que apuesta en serio: cerca de 200 millones de dólares de presupuesto, Jared Leto como Skeletor, Idris Elba como Man-At-Arms, Camila Mendes como Teela, Alison Brie como Evil-Lyn y Morena Baccarin como la Hechicera.
El regreso forma parte de una tendencia que Hollywood explota con entusiasmo: convertir los recuerdos de infancia de la generación X y los ‘millennials’ en nuevas franquicias cinematográficas. Barbie, Transformers, Tortugas Ninja y G.I. Joe ya recorrieron ese camino. He-Man era uno de los pocos gigantes de los ochenta que todavía faltaba rescatar.
Los niños que crecieron con He-Man tienen hoy entre cuarenta y cinco y cincuenta y cinco años, y seguramente muchos llevarán ahora a sus propios hijos al cine para conocer al héroe de su infancia. La misma industria que primero vendió los muñecos vende ahora la película sobre los muñecos, y dentro de poco venderá los muñecos de la película. El círculo es perfecto.
Lo que ningún estudio puede fabricar, sin embargo, es aquello que hace que todo esto funcione de verdad: la emoción de reencontrarse con algo que habitó la imaginación de toda una generación. Eso no tiene presupuesto. Es invaluable. //
Además…
A saber
La nueva adaptación tuvo un presupuesto cercano a los 200 millones de dólares. Deberá demostrar que “He-Man”, más que un nicho, puede conquistar a nuevas generaciones.




