Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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En algún rincón del cuarto de una adolescente, se encuentra un libro peculiar. En la portada dos hombres están sentados mientras uno no deja de mirar al otro. Ese libro es “Una perfecta confusión”, la nueva novela de América Rodas, una autora que ha encontrado en el BL —Boys’ Love— el territorio para construir sus historias y conectar con una generación de lectores que creció leyendo en internet.
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Rodas forma parte de ese recorrido. Su nueva novela llega cuando el BL ya dejó de ser una categoría desconocida para convertirse en un fenómeno con seguidores propios, códigos y una comunidad especialmente activa en redes sociales. “Una perfecta confusión” aparece, entonces, en un momento en que sus lectores ya no tienen que buscar estas historias únicamente en páginas especializadas o plataformas digitales. También pueden encontrarlas en librerías y ferias de libros.
Ese cambio importa porque modifica la historia del propio género. Durante años, buena parte de sus lectores llegó a estas historias a través de una pantalla. Una recomendación en redes podía conducir a una novela, esa novela a otro autor y, finalmente, a una comunidad, una que permaneció durante mucho tiempo escondiendo aquellos libros. “Ya no son aquellos libros que uno tenía miedo de decir que leía, que solo tenían contenido erótico o que simplemente eran cosas de gays”, menciona Rodas.

La FIL Lima se ha convertido también en un espacio para nuevas comunidades lectoras, donde autores vinculados a Wattpad y a la literatura juvenil encuentran un público dispuesto a seguir sus historias más allá de las plataformas digitales.
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No sorprende que, luego de comprar un libro de este género, su lugar fuera el de un cajón en lugar de la repisa. Durante mucho tiempo, reconocer públicamente el interés por historias homoeróticas podía generar incomodidad, especialmente entre lectores jóvenes. Pero esconder un libro no significa que no exista una comunidad alrededor de él. En el caso del BL ocurrió justamente lo contrario: mientras menos visible parecía en determinados espacios, más fuerza podía adquirir en comunidades específicas de lectores.
La historia de las representaciones homoeróticas, de todos modos, es mucho más antigua que el BL. La literatura universal ha producido durante siglos relatos sobre vínculos amorosos entre personas del mismo sexo, aunque las formas de representarlos hayan cambiado según la época y la sociedad. En la tradición occidental pueden encontrarse referencias en la poesía de Safo y en la literatura de la Grecia antigua; siglos después, autores como Walt Whitman y Oscar Wilde escribieron sobre el deseo y el amor entre hombres desde contextos históricos muy diferentes, además de colocar aquellos mensajes en el subtexto. Aunque su obra no pueda clasificarse como BL, destaca al escritora, la diferencia es importante: una cosa es representar relaciones entre personas del mismo sexo y otra pertenecer a una categoría editorial nacida en Japón durante el siglo XX.

Desde Wattpad hasta las librerías, América Rodas forma parte de una generación de escritores que encontró en internet una primera comunidad de lectores y que ahora ocupa un lugar cada vez más visible en el circuito editorial.
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Entre esos dos puntos existe una larga historia de escritores que encontraron distintas maneras de hablar de aquello que no siempre podía decirse abiertamente. En Japón, incluso antes del nacimiento del BL moderno, existía una tradición literaria que representaba vínculos entre hombres y exploraba la belleza masculina. Los estudios sobre el género señalan esa genealogía como uno de sus antecedentes culturales, aunque el BL contemporáneo se consolidó específicamente con las autoras del manga shōjo en los años setenta.
La diferencia con el presente está en la velocidad con la que esas historias pueden encontrar lectores. Una novela puede pasar de una plataforma digital a una edición impresa y, en el camino, generar grupos de conversación, recomendaciones y comunidades enteras. La propia historia del BL demuestra que esa dinámica no empezó con internet: las lectoras ya producían y compartían material entre ellas desde décadas atrás. Lo que cambió fue la escala, así como una predilección por los temas que aborda este género. “Hay que pensar que uno también merece un amor bonito”, menciona la escritora.
Por eso el fenómeno que rodea a “Una perfecta confusión” no termina en América Rodas. Su novela forma parte de una cadena que conecta a las primeras autoras del manga BL con las escritoras contemporáneas que publican en plataformas digitales, y a aquellas comunidades de lectoras con las que hoy esperan sus libros en las ferias.

“Barreras del corazón” (“Kimi ni Todoketai Koi” / “I Cannot Reach You”) es la adaptación televisiva del manga BL de Mika, una muestra de la expansión de este género desde el papel hacia las plataformas audiovisuales.
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El BL no nació con Wattpad, ni con las redes sociales, ni siquiera con las novelas que hoy llegan a las librerías latinoamericanas. Su historia moderna se remonta al manga japonés de la década de 1970, cuando un grupo de autoras conocido como el Grupo del 24 comenzó a publicar historias de amor entre personajes masculinos dentro del shōjo manga, dirigido principalmente a lectoras jóvenes. Entre esas creadoras estuvieron Moto Hagio y Keiko Takemiya, figuras fundamentales para la formación de una tradición que después recibiría distintas denominaciones.
El término BL apareció después para agrupar una producción mucho más amplia. Antes circularon expresiones como shōnen-ai, June o yaoi, aunque no significan exactamente lo mismo y tienen historias diferentes. El yaoi, por ejemplo, se desarrolló con fuerza en los años ochenta a partir de la producción amateur de aficionadas que creaban historias homoeróticas utilizando personajes de obras conocidas. Con el tiempo, esas prácticas de los círculos de fans también alimentaron una industria comercial.
La etiqueta BL tampoco equivale necesariamente a “literatura erótica”. Puede contener romance, drama, comedia, fantasía o relatos de formación, y el grado de contenido sexual varía de una obra a otra. Lo que las une es, fundamentalmente, que sus historias se construyen alrededor de relaciones entre personajes masculinos. Buena parte de la producción histórica fue creada por mujeres y dirigida a lectoras, algo que ha generado investigaciones y discusiones sobre por qué estas narraciones encontraron precisamente allí un público tan fiel.
También existen críticas. Una de ellas apunta a la distancia que puede existir entre las fantasías y convenciones del género y la experiencia real de las personas homosexuales. Otra discusión se concentra en determinados estereotipos, roles y representaciones de las relaciones. Pero ninguna de esas controversias explica por sí sola su popularidad. El BL sobrevivió, se transformó y llegó a nuevos mercados porque construyó lectores alrededor de sus historias. “Antes no escribía con una intención. No había una intención detrás, del pensar en cómo afecta esto a las comunidades queer y ahora sí”, revela Rodas.
Primero fueron las revistas y los círculos de fans; después llegaron los manga, las novelas, los videojuegos, las series de Netflix y las plataformas digitales. El fenómeno se hizo global. “Esto siempre existió, solo que ahora tiene mayor popularidad, sería ingenuo pensar que la literatura de este tipo es una cosa de estos tiempos”, concluye.


