Algo está cambiando. En los últimos dos meses, los pedidos de reuniones con analistas e inversionistas de ‘equity’ han aumentado sustancialmente. Brasil, Estados Unidos, Reino Unido, Chile. Fondos que durante un tiempo miraron al Perú con cautela hoy vuelven a preguntar, a escuchar y a evaluar oportunidades.
Lo veo directamente en mi trabajo en Intercorp Financial Services, una de las empresas peruanas listadas en la Bolsa de Nueva York. Hay más interés por entender qué está pasando en el Perú, qué sectores están creciendo y dónde están las oportunidades. Es una señal importante, pero, sobre todo, una oportunidad que no deberíamos desaprovechar.
El Perú necesita inversión para volver a crecer a tasas que realmente transformen la economía y reduzcan la pobreza. Y tenemos mucho que ofrecer. Minería, agroindustria, pesca, energía, turismo y gastronomía son sectores donde contamos con ventajas difíciles de replicar. Pero tener oportunidades no basta. Hay que conectarlas con el capital.
Y esa conexión importa porque detrás de la inversión hay mucho más que cifras. Una empresa que invierte amplía una planta, incorpora tecnología, contrata trabajadores, desarrolla proveedores y aumenta su productividad. Eso significa más empleo formal, mejores ingresos y nuevas oportunidades para las familias. Cuando la inversión se multiplica, también crece la capacidad del país para cerrar brechas y financiar mejores servicios. El capital se vuelve desarrollo cuando se transforma en inversión productiva.
Ese puente funciona en ambas direcciones: mostrar al inversionista internacional proyectos concretos, empresas con planes de crecimiento y sectores con ventajas competitivas; y ayudar a nuestras empresas a acceder a ese capital y convertirlo en capacidad productiva, empleo y bienestar.
ProInversión cumple un rol fundamental. Su cartera suma más de 80 proyectos por más de US$40 mil millones para ser desarrollados con inversión privada, por ejemplo, mediante Asociaciones Público-Privadas. Son proyectos que pueden cerrar brechas de infraestructura y servicios, mejorar la competitividad y, sobre todo, tener un impacto concreto en la vida de las personas.
El Gobierno también tiene una tarea fundamental: acelerar permisos, eliminar barreras innecesarias, garantizar predictibilidad y reglas claras, priorizar infraestructura habilitante y acompañar al inversionista hasta que el proyecto se concrete.
Porque el capital no llega solamente porque existan buenos proyectos. Los países compiten por atención, confianza y recursos. Eso exige identificar inversionistas, entender qué buscan, presentar oportunidades concretas y acompañarlos desde la primera conversación hasta la ejecución.
Iniciativas como inPerú cumplen ese objetivo. El 26 y 27 de octubre estaremos en Nueva York conversando con inversionistas internacionales, mostrando empresas, proyectos y oportunidades. Promocionar Perú tiene que ser un esfuerzo permanente y coordinado entre el Estado y el sector privado.
Hoy tenemos algo que quizá no teníamos con la misma intensidad hace unos meses: atención. Hay capital mirando al Perú. Hay proyectos. Hay empresas que quieren crecer. El reto es convertir ese interés en inversión real, empleo, productividad y oportunidades.
No esperemos que el capital venga a buscarnos. Creemos las condiciones para que venga. Y salgamos a vender Perú.



