Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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En 1994, el portero de Astrid & Gastón ve cada noche, alrededor de las diez, a un hombre mayor caminar frente al local, detenerse unos segundos, mirar la puerta y marcharse. “¿Qué lo trae por aquí, don Gastón?”, le pregunta un día al padre del chef, quien responde con un pequeño análisis. Esa noche hay quince carros estacionados frente al local, diez en uno de la competencia, doce en otro, once en el de más allá y, así, noche tras noche, lleva la cuenta en silencio. “A mi hijo le está yendo bien”, le dice el padre al portero, quien luego cuenta la historia a Gastón Acurio. El chef comprende entonces que nunca decepcionó a su papá al elegir la gastronomía. Aquel hombre, tres veces senador de la República, falleció ayer a los 95 años.
En 1994, el portero de Astrid & Gastón ve cada noche, alrededor de las diez, a un hombre mayor caminar frente al local, detenerse unos segundos, mirar la puerta y marcharse. “¿Qué lo trae por aquí, don Gastón?”, le pregunta un día al padre del chef, quien responde con un pequeño análisis. Esa noche hay quince carros estacionados frente al local, diez en uno de la competencia, doce en otro, once en el de más allá y, así, noche tras noche, lleva la cuenta en silencio. “A mi hijo le está yendo bien”, le dice el padre al portero, quien luego cuenta la historia a Gastón Acurio. El chef comprende entonces que nunca decepcionó a su papá al elegir la gastronomía. Aquel hombre, tres veces senador de la República, falleció ayer a los 95 años.
Había nacido en el Cusco un 25 de diciembre de 1930, como un regalo de Navidad para sus padres Rómulo Acurio de Olarte y Hortencia Velarde Valencia. Cursó la primaria en el Colegio San Francisco de Asís y la secundaria en el Colegio Nacional de Ciencias, dos de las aulas más tradicionales de la Ciudad Imperial. En 1953 egresó como ingeniero civil de la Universidad Nacional de Ingeniería con una tesis que ya anticipaba su vocación pública: “Soluciones a la comunidad de Cherequec”, un trabajo pensado para resolver el problema concreto.
La noticia de la muerte de Gastón Acurio Velarde fue confirmada en un conmovedor post en redes sociales. Foto: Instagram
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El trabajo lo llevó a Trujillo, la ciudad donde conoció a Jesusa Jaramillo Rázuri, con quien se casó y formó una familia de cinco hijos: María Cecilia, María Lucía, María Eugenia, María Beatriz y, el menor, Gastón, el único varón y el que terminaría llevando el apellido Acurio a las mesas del mundo. Pero antes de ser padre de familia numerosa, Acurio Velarde ya había encontrado su otra vocación en los pasillos de la propia universidad donde estudiaba ingeniería. Ahí, como secretario general de los estudiantes a fines de los años cincuenta, conoció a un catedrático que llamaba la atención por sus críticas a la dictadura de entonces: el arquitecto Fernando Belaúnde Terry. De esas conversaciones y protestas estudiantiles nacería, poco después, el partido Acción Popular, del cual Acurio Velarde fue uno de los fundadores y, entre 1963 y 1965, secretario general nacional.
La confianza de Belaúnde se tradujo en un nombramiento: ministro de Fomento y Obras Públicas. En esos dos años se levantó la Residencial San Felipe, en Jesús María, y arrancó la construcción de la Carretera Marginal de la Selva, la vía que hoy lleva el nombre de su fundador político. Luego sería senador en tres oportunidades, intentándolo una vez más sin éxito, y desde entonces se retiró de la primera línea política para dedicarse, con la misma disciplina de siempre, a mirar crecer a sus hijos y, sobre todo, a contar autos frente a los restaurantes de uno de ellos.
Gastón Acurio Velarde fue secretario general nacional de Acción Popular entre 1963 y 1965, antes de asumir el Ministerio de Fomento y Obras Públicas durante el primer gobierno de Fernando Belaúnde Terry. Foto: Instagram
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Meses antes de despedirlo, en el último Día del Padre, Gastón Acurio ya había empezado a decir en público lo que antes solo pensaba en privado. Escribió que su papá pertenecía a una generación poco dada a las confesiones, que prefería demostrar el cariño en la rutina antes que en las palabras: en el trabajo constante, en el cuidado silencioso, en las cosas construidas con las manos. Contó que de chico lo imaginaba como imaginan los niños a sus padres, un gigante que no podía equivocarse, y que con los años entendió que ese gigante también sentía miedo y cansancio, y que aun así no se detenía.
De esas caminatas surgió, según el propio chef ha reconocido, buena parte de su oficio: la costumbre de mirar a los ojos, de detenerse a saludar, de tratar igual a un ministro que a un vendedor ambulante. Su padre, cuenta, les mostró el país desde niños. Les enseñó sus caminos, su gente, también sus carencias. Esa mirada sin jerarquías —la misma que después el chef llevaría a sus cocinas, donde igualó en prestigio al cebiche de esquina y a la alta gastronomía— tuvo como inicio el recuerdo de las manos de su padre tomando las suyas, mientras caminaban por las calles.
Acurio Velarde comparte un partido de tenis con su nieto Ignacio Buse, quien continuó la tradición familiar de disciplina y competencia desde el deporte. Foto: Captura de video/X
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La vara que impuso ese padre parece haberse heredado entera. Sus cinco hijos construyeron carreras propias dentro y fuera del país, y sus nietos siguieron sumando logros a un apellido que ya no cabe solo en la política ni solo en la cocina: entre ellos está el tenista Ignacio Buse, hijo de María Beatriz, que este mismo año conquistó el ATP 250 de Winston-Salem y recibió, cómo no, un mensaje público de su tío el chef. La familia Acurio parece haber aprendido de su patriarca que la excelencia se cocina o se sirve, partido a partido, plato a plato.
Al final, sin embargo, todo regresa a la escena de la puerta del restaurante, a un padre que no necesitaba anunciarse para estar presente. En su despedida, el chef escribió que ya no hace falta preguntarse si esos autos siguen ahí: quedó, para siempre, la certeza de haber sido su hijo. “Para muchos, un gran señor. Para mí, simplemente, mi papá”, escribió através de sus redes el chef antes un último y sencillo deseo para Gastón Rodrigo Acurio Velarde: “descansa en paz”.



