Basta que suenen los primeros acordes de un requinto para que un amor perdido vuelva a tener nombre, una ausencia recupere su voz o una historia que creíamos olvidada regrese intacta a la memoria. Los Panchos llevan más de ocho décadas despertando esas emociones. Y Gabriel ‘Gabi’ Vargas, el hombre que hoy mantiene vivo su legado, sabe que detrás de cada bolero siempre habrá alguien dispuesto a escucharlo.
Su historia con Los Panchos comenzó en la infancia. Creció rodeado de música, con una madre que cantaba y un abuelo de inclinaciones artísticas. A los 7 años, aprendió por sí solo a tocar el requinto y ya interpretaba las canciones del trío que tanto admiraba, sin imaginar que algún día integraría sus filas.
Su talento no pasó inadvertido para Alfredo Gil, fundador de Los Panchos y creador del requinto que dio al trío su sonido inconfundible. Impresionado por la habilidad de aquel niño para interpretar sus melodías, decidió convertirse en su maestro y compartir con él los secretos de un instrumento que Vargas domina hasta hoy.
“Me decía que fuera sencillo, humilde, que no tocara por tocar. Hay quienes ejecutan el instrumento muy bien, pero no transmiten nada. Lo importante es sentir lo que uno está haciendo”, asegura el músico.
En 1978, tras el retiro de Alfredo Gil, Vargas ocupó su lugar en el requinto y asumió el desafío de preservar el sonido que había convertido a Los Panchos en un referente de la música romántica.
“Fue un zapato muy grande que llenar. La primera vez que me presenté con ellos sentí una emoción inmensa. Primero los había admirado y después estaba allí, representándolos. Hoy llevo 48 años dentro de esta institución y sigo haciéndolo con mucho cariño”, afirma.
La historia de Los Panchos comenzó en Nueva York, en 1944, cuando los mexicanos Alfredo Gil y Chucho Navarro se unieron al puertorriqueño Hernando Avilés para formar uno de los tríos más influyentes de la música latinoamericana. Tres voces, guitarras y un requinto bastaron para construir una manera de interpretar el amor que cruzó fronteras y generaciones.
Su repertorio encontró en el bolero un lenguaje universal. Canciones como “Piel canela”, “Sin ti”, “Contigo” y “Rayito de luna” hablan de encuentros, despedidas, promesas y heridas del corazón. Para Vargas, esa capacidad de expresar sentimientos que trascienden generaciones es precisamente la razón de su permanencia.
“Los grandes compositores no inventaban esos sentimientos. Escribían sobre sus propias vivencias. Por eso esas canciones se quedaron en el alma y en el corazón de la gente. El amor y el desamor siguen existiendo, y siempre vamos a necesitar canciones que hablen de ello”, reflexiona.
Aunque la música ha evolucionado con los años, Vargas busca preservar la esencia de Los Panchos, con sus armonías, sus tres voces y el sonido inconfundible del requinto, mientras acerca su legado a nuevas generaciones.
“Hay música que se queda y otra que es pasajera. La que tiene un mensaje llega al corazón. Nosotros queremos mantener las tres voces y ese sonido único que la gente reconoce”, sostiene.
El bolero, que durante décadas acompañó a padres y abuelos, vuelve a despertar el interés de los jóvenes. Vargas celebra este acercamiento y recuerda su colaboración con Ángela Aguilar, quien invitó a Los Panchos a participar en un disco de boleros.
“Fue una experiencia maravillosa. Ángela es una joven muy talentosa y preparada. Queremos seguir colaborando con nuevas generaciones para que el bolero permanezca vivo”, destaca.
Esa vigencia también se refleja en sus conciertos, donde distintas generaciones se reúnen para cantar sus boleros. Jóvenes acompañan a sus padres y abuelos, mientras otros llevan antiguos discos de vinilo para conseguir un autógrafo.
“Vemos a personas emocionarse hasta las lágrimas al recordar momentos de sus vidas. También llegan jóvenes con sus abuelos y nos llevan discos antiguos para que los autografiemos. Eso demuestra que Los Panchos siguen enamorando”, comenta.
Para Vargas, cada bolero conserva su carga emotiva. Confiesa que, incluso después de tantos años sobre los escenarios, algunas frases todavía le hacen un nudo en la garganta. Las canciones son las mismas, pero cada interpretación despierta emociones distintas.
Como último integrante activo de la generación histórica a la que perteneció, Vargas considera que preservar el nombre de Los Panchos implica una responsabilidad que va más allá del escenario. Por ello, cuestiona a las agrupaciones que, según afirma, utilizan la denominación sin autorización.
“Los Panchos son una institución con reconocimiento mundial y hay que respetarla. Los nuevos tríos deben desarrollar sus propios estilos, no apropiarse de una historia que tiene tantos años”, manifiesta.
Su preocupación también alcanza al futuro. Sabe que una tradición musical no puede depender eternamente de una sola persona. Por eso celebra la incorporación de músicos jóvenes y la presencia de su hijo, Gaby Junior, quien participa en las presentaciones, canta y toca percusión.
Sin embargo, cuando se le pregunta por el sueño que todavía le queda por cumplir, Vargas no menciona premios ni escenarios más grandes. Su deseo es mucho más sencillo: que los jóvenes sigan descubriendo las canciones que él aprendió a tocar cuando apenas era un niño.
“Quiero seguir llenando de juventud el romanticismo de Los Panchos. Que las nuevas generaciones escuchen estos boleros, los canten y los vivan como lo hicieron nuestros padres y abuelos”, afirma.
Entre los países que han marcado su trayectoria, Perú ocupa un lugar especial. Vargas recuerda que algunas de sus primeras presentaciones sudamericanas como integrante del trío fueron precisamente en nuestro país. También destaca la relación de Los Panchos con la música peruana, especialmente con el vals, género que incorporaron a su repertorio, entre ellos “Ódiame”, de Federico Barreto.
“Tenemos grandes recuerdos del Perú. Grabamos sus valses y los llevamos a distintos países. Es maravilloso regresar y reencontrarnos con un público que siempre nos ha recibido con tanto cariño”, señala.
Los Panchos regresan al Perú con el Nostalgia Tour, un recorrido por sus grandes éxitos que reunirá a músicos de distintas generaciones. A 82 años de su fundación, el trío mantiene vivo un legado que sigue emocionando al público. Y es que, mientras existan amores que recordar, despedidas que duelan e historias que contar, sus boleros tendrán siempre una razón para seguir sonando.
El Dato
Los Panchos se presentará el domingo 1 de noviembre, a las 8 p. m., en el Teatro Jorge Basadre de Tacna. Entradas en Passline.
En Lima, el concierto será el miércoles 4 de noviembre, a las 8 p. m., en el Teatro Canout. Entradas en Teleticket.



