Croacia ya festejaba el empate cuando el estadio quedó en silencio. En la última jugada del partido ante Portugal, por los octavos de final del Mundial 2026, el balón terminó en la red y parecía prolongar la eliminatoria. Sin embargo, tras una revisión del VAR, el tanto fue anulado por fuera de juego. La decisión desató una ola de protestas porque las repeticiones televisivas no mostraban con claridad el momento exacto del contacto. Horas después, la FIFA publicó la explicación oficial: el protagonista oculto había sido un diminuto sensor instalado dentro del balón, capaz de detectar un toque prácticamente imposible de percibir a simple vista.
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La clave está en los llamados sensores IMU (Inertial Measurement Unit o Unidad de Medición Inercial), una tecnología que forma parte del sistema Connected Ball Technology utilizado por la FIFA desde el Mundial de Qatar 2022 y perfeccionado para esta edición. Estos dispositivos registran el movimiento del balón cientos de veces por segundo y permiten identificar con precisión el instante exacto en que un jugador lo toca. En la acción entre Croacia y Portugal, el sistema confirmó que el balón rozó levemente a un atacante croata antes de que otro compañero, que se encontraba adelantado, participara de la jugada. Ese contacto fue suficiente para invalidar el gol.
La explicación técnica terminó respaldando la decisión arbitral. Según detalló la FIFA, los datos recogidos por los sensores IMU se combinan con el sistema de fuera de juego semiautomático y con las cámaras de seguimiento distribuidas por todo el estadio. Esa integración genera una reconstrucción tridimensional de la jugada y determina el momento exacto del pase con una precisión de milisegundos. Gracias a esa sincronización, los árbitros pudieron comprobar que existía una nueva acción ofensiva y que el futbolista croata que convirtió estaba en posición antirreglamentaria cuando se produjo el roce previo.
La polémica, sin embargo, no desapareció. En redes sociales muchos aficionados cuestionaron que un contacto tan leve pudiera modificar una jugada decisiva en un partido de eliminación directa. Otros, en cambio, defendieron la decisión al considerar que la tecnología reduce el margen de error y elimina interpretaciones subjetivas. La publicación de la FIFA, acompañada por gráficos y la secuencia del sensor, buscó precisamente despejar cualquier duda sobre una acción que, sin esa herramienta, probablemente habría seguido alimentando el debate durante años.
El episodio confirmó que el Mundial 2026 también está marcando una nueva era en el arbitraje. Hoy ya no solo hablan las cámaras o las líneas virtuales: también lo hacen los datos que viajan desde el interior del balón. Los sensores IMU, invisibles para el espectador, terminaron siendo tan determinantes como un defensor o un delantero. Y en un torneo donde cada detalle puede decidir una clasificación, un roce imperceptible bastó para cambiar la historia de Croacia y darle la razón a la tecnología.
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SOBRE EL AUTOR
Periodista en Deporte Total de El Comercio desde 2018, el mismo año que Perú cumplió el sueño de volver a un Mundial. Siete años en el diario con coberturas de Eliminatorias, Copa América, Mundial, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, en vivo y streaming. Ver más