jueves, octubre 1

En 1978 hizo historia en Viña del Mar al convertirse en el primer peruano en ganar una Gaviota de Plata. Casi cinco décadas después, Homero volverá a abrir camino y será también el primer peruano en competir en el Festival de San Remo Senior, donde interpretará “Rodrigo”, una balada marcada por la distancia entre padres e hijos.

Antes de las luces, los festivales y de convertirse en Homero, Juan Manuel Fernández vivía en el cuarto piso de un complejo habitacional en el Cercado de Lima. Solía subir hasta la azotea, pararse en una esquina, abrir los brazos y mirar al frente. No había nadie. Pero él imaginaba un público.

“Ahí está el público que un día me va a escuchar”, se decía. Y cantaba tan fuerte que los vecinos ya reconocían la escena. “Ya está cantando Juanito”, comentaban.

Juanito era un muchacho que aún no sabía cuándo ni de qué manera llegaría su oportunidad, pero estaba convencido de que algún día alguien lo escucharía. Y así fue. Aquel público que imaginaba desde la azotea comenzó a multiplicarse, primero en escenarios locales y luego fuera del país.

En 1978 hizo historia en Viña del Mar y ese mismo año participó en la VII edición del Festival de la OTI. Tres años después llegó al Festival de Benidorm, en España, y en 1983 compitió en el Festival Mundial Yamaha, en Tokio, donde fue distinguido como mejor intérprete.

El 23 de octubre llegará a Italia para competir en el Festival de San Remo Senior, certamen internacional dirigido a intérpretes y compositores mayores de 34 años y abierto a participantes de diferentes países. Perú tendrá por primera vez un representante.

“Estoy muy contento y, sobre todo, porque es algo bueno para el país. Es presencia internacional y también una puerta para que después puedan ir otros intérpretes”, destaca.

Esta vez la oportunidad llegó de la mano del compositor peruano Miguel Ángel Romero, quien le habló del Festival de San Remo Senior y le propuso grabar una canción. La enviaron, esperaron y, finalmente, fueron seleccionados.

La canción elegida fue “Rodrigo”, una balada con pinceladas andinas y un aire cercano a la saya y a los ritmos del altiplano. Pero detrás de esa sonoridad hay una historia profundamente íntima. Rodrigo es el hijo de Romero, vive en España y fue precisamente la distancia entre ambos la que inspiró la letra.

Homero no tuvo que esforzarse demasiado para conectar con ella. Su único hijo vive en México.

“Las distancias a veces son crueles, porque uno quisiera tener cerca a un familiar en determinado momento y no es posible”, reconoce.

Homero vuelve a mirar hacia los grandes festivales internacionales, décadas después de hacer historia para el Perú en Viña del Mar. (Foto: Antonio Melgarejo)

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En 1973, Homero era todavía un nombre desconocido cuando llegó al Festival de Sullana con “Un pañuelo y una flor”. Compartía escenario con figuras ya consagradas como Lucía de la Cruz, Luis Abanto Morales y Bartola. Él recién empezaba.

“Los festivales son las ventanas que necesitan los nuevos intérpretes”, afirma.

Ese mismo año participó en el Festival de Trujillo con “Pecado”. Quedó en segundo lugar, pero la canción terminó convirtiéndose en uno de los mayores éxitos de su carrera. Según recuerda, el disco superó el medio millón de copias. Después vendrían Bolivia, Chile, España y Japón.

Homero pertenece a una generación en la que, sostiene, una canción aspiraba a sobrevivir mucho más allá de su lanzamiento.

Menciona a José Escajadillo. A Rulli Rendo, compositor de “Un pañuelo y una flor”. Habla de melodías y letras capaces de resistir décadas. Y mira con cierta preocupación una industria que siente más inmediata.

“No estoy en contra de los nuevos ritmos. He escuchado cosas muy buenas de reguetón, pero también cosas muy volátiles, hechas para consumirlas y ya”, afirma.

Lo que extraña es el fondo. Una historia. Algo verdadero detrás de las palabras.

“Antes había una fortaleza de letra y de melodía muy fuerte. Muchas veces en lo que escribía un compositor había parte de su propia vida o de la vida de alguien. Por eso esas canciones perduran”.

A estas alturas de su carrera, Homero podría limitarse a interpretar las canciones que hicieron conocida su voz. Sin embargo, ha elegido también abrir espacio para otros. Enseña canto y conduce un programa de radio dedicado a la música romántica, desde donde además difunde el trabajo de nuevos artistas peruanos.

De lunes a viernes conduce “Románticos de Siempre”, por Radio Vital 91.1 FM.

“No entiendo por qué muchas radios se resisten a pasar música nacional. Hay muchísimo talento escondido, lamentablemente no difundido”, señala.

Hay otro sueño que Homero todavía quiere terminar: “Dos amigos, una historia”, una película musical que produce y que, asegura, está cerca de concluir.

La cinta sigue a dos cantantes que viajan a México con la esperanza de abrirse camino y terminan enfrentándose a engaños, abusos y tropiezos detrás de la promesa del éxito. No es su biografía, aunque inevitablemente guarda algunos ecos de su propia historia: Homero vivió varios años en México y parte de la película fue rodada allí, además del Perú y otras locaciones. Sus protagonistas caen, se levantan y siguen cantando.

Han pasado más de cinco décadas desde que Homero empezó a recorrer festivales y tiene suficiente historia para mirar hacia atrás. Sin embargo, cuando habla de San Remo lo hace en futuro. Habla de prepararse, estudiar, cuidar la voz y entregarse cuando llegue el momento de pisar ese escenario.

“Vamos a hacer que se den cuenta de que en el Perú sentimos y amamos la música, y que también construimos canciones que pueden llegar al corazón de la gente”, concluye.

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