No aparece en las fotografías levantando los brazos ni suele ocupar el centro de las conferencias de prensa. Mientras Sebastián Beccacece recibe los reflectores, Martín Bressan permanece algunos metros detrás, observando cada movimiento de los futbolistas. Así ha construido su carrera durante más de dos décadas. En silencio. Sin protagonismo. Pero con una influencia enorme. Y en el histórico triunfo de Ecuador sobre Alemania por el Mundial 2026 volvió a quedar demostrado que, detrás de una de las mayores hazañas del fútbol sudamericano en los últimos años, también había un trabajo físico de altísimo nivel.
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A comienzos de los años 2000 llegó al país como integrante del cuerpo técnico de Jorge Sampaoli. El entonces desconocido entrenador argentino comenzaba a recorrer el continente construyendo la carrera que años más tarde lo llevaría a dirigir a Chile, Argentina y Brasil. En esa aventura también viajaba un joven preparador físico llamado Martín Bressan.
Las vueltas del fútbol hicieron que, tras la salida de Sampaoli, Bressan permaneciera en el país. Fue entonces cuando apareció Franco Navarro. El exdelantero necesitaba un preparador físico para Sport Boys y recibió una recomendación de dos personas que conocían bien el medio: Héctor Carmona y Jean Ferrari.
Navarro nunca dudó. “Tenía como 32 años y desde ahí hemos estado trece años juntos, jamás una discusión, un problema. Súper profesional. Genio”, recordó hace algún tiempo en el programa “La Fe de Cuto”. Una definición que resume la consideración que llegó a tener por quien, años después, trabajaría en algunas de las selecciones más importantes de Sudamérica.
La relación trascendió lo profesional. Compartieron campañas, ascensos, proyectos y también momentos difíciles. Uno de ellos ocurrió en Sport Boys, cuando Navarro viajó unos días a Estados Unidos para acompañar a su familia durante unas breves vacaciones. Fue Bressan quien lo llamó para advertirle que la dirigencia analizaba reemplazarlo por otro entrenador. Navarro regresó inmediatamente al Perú, aunque finalmente terminó siendo destituido. Aquella anécdota, que el propio técnico recuerda hasta hoy, también refleja el nivel de confianza que existía entre ambos.
Durante esos años Bressan pasó por distintos clubes del fútbol peruano, por Sport Boys, Juan Aurich, León de Huánuco, San Martín, Melgar, César Vallejo. Estuvo junto a Navarro antes de volver a vincularse con Sampaoli y posteriormente iniciar su extensa sociedad con Sebastián Beccacece. Mientras muchos preparadores físicos buscan construir un nombre propio, él eligió otro camino: potenciar las ideas del entrenador y convertirse en una pieza indispensable dentro de cada proyecto.

Bressan junto a Beccacece posando con la camiseta de Sport Boys en una visita a Lima. (SBA)
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Hoy esa experiencia lo encuentra viviendo el momento más importante de su carrera. Ecuador acaba de escribir una de las páginas más gloriosas de su historia mundialista derrotando a Alemania y buena parte de ese logro se explica por un equipo que jamás dejó de correr, presionar y competir.
Quizá por eso Franco Navarro nunca se equivocó cuando lo definió con una sola palabra. Mucho antes de que trabajara en selecciones mundialistas y celebrara una victoria histórica frente a un campeón del mundo, el técnico peruano ya había descubierto en aquel joven argentino a un profesional distinto. Un “genio”, como todavía lo llama. Y el Mundial, escenario donde solo sobreviven los mejores, parece haberle dado la razón.













