La conectividad ya no es una opción ni un lujo. Es un derecho habilitador, un componente estructural del desarrollo humano y una herramienta esencial para cerrar brechas que durante décadas han frenado el progreso de millones de peruanos. Sin embargo, aún no llegamos a todos. Según el informe Digital 2025 April Global Statshot Report de DataReport, el número de personas que utilizan Internet en el mundo alcanzó los 5.640 millones, es decir el 68,7% de la población global. Esta cifra refleja un crecimiento de 144 millones de usuarios. Sin embargo, aún persisten brechas digitales significativas, especialmente en áreas rurales.
En los últimos años, el país ha avanzado. De estar entre los últimos en velocidad de conexión en la región, hoy ocupamos el segundo o tercer lugar, según distintos rankings. Osiptel reporta más de 4 millones de conexiones fijas en el Perú, y un cambio clave: casi el 74% de ellas se realiza a través de fibra óptica. Esta evolución tecnológica ha sido posible, en gran parte, por el empuje del sector privado. Empresas como nativas de fibra óptica fueron las pioneras en llevar esta tecnología a zonas urbanas donde otros no llegaban.
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Pero la conectividad sin experiencia es un esfuerzo a medias. Hoy, el nuevo campo de batalla del sector no está solo en quién conecta más rápido o en quién llega más lejos, sino en quién entiende mejor al usuario. En un entorno digital competitivo, la experiencia del cliente se ha convertido en un diferencial estratégico. Ya no es una moda: es una exigencia del mercado. Los resultados son el mejor indicador. En su último informe de satisfacción, Osiptel indicó que Win alcanzó un 80%, demostrando una validación del modelo centrado en el cliente: atención empática, soluciones rápidas y un servicio que se anticipa a las necesidades.
El futuro inmediato del sector pasa por la automatización inteligente, el uso estratégico de datos y la hiperpersonalización de la experiencia. Nada de eso será sostenible si no logramos cerrar la brecha digital. En una era donde el desarrollo depende directamente de la conectividad, el verdadero reto no es solo conectar territorios, sino conectar vidas.




