El pasado 1 de enero entró en vigor la Ley de Modernización del Servicio Militar de Alemania, un modelo que mezcla el voluntariado con posibles mecanismos de reclutamiento forzoso si la seguridad del país se ve afectado o de presentarse un mínimo número de voluntarios. La reforma alemana apunta a elevar el número de tropas activas de 184.000 a 260.000 y a contar con 200.000 reservistas hacia el 2035.
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La Ley de Modernización del Servicio Militar busca reconstruir capacidades castrenses que fueron reducidas después del fin de la Guerra Fría, a fines de 1991. Durante más de tres décadas, el continente europeo asumió que la paz era el escenario permanente en el mundo y que su seguridad estaba garantizada bajo el poderío militar de Estados Unidos. Sin embargo, hoy, ese panorama ha cambiado con Donald Trump en la Casa Blanca.
La decisión de Alemania de adoptar estas rigurosas medidas de defensa se han concretado después de la invasión rusa a Ucrania en el 2022 —un conflicto bélico que cumplió en febrero pasado cuatro años—, así como también la anexión de Crimea por parte de Rusia en el 2014. Tras estos incidentes, varios países de Europa empezaron a reconsiderar sus políticas militares.
Para el analista internacional Francisco Belaunde Matossian, este cambio responde a una amenaza concreta y no solo a un gesto político. “Los europeos están viendo que tienen que rearmarse por la amenaza rusa. Es más, en estos momentos ya hay una guerra de Rusia contra los europeos, una guerra híbrida. Entonces, ellos consideran que tienen que adoptar todas las medidas necesarias, incluyendo revisar el servicio militar”, sostiene a El Comercio.
Este concepto de “guerra híbrida” —que incluye ciberataques, sabotajes y desinformación— ha reforzado la percepción de vulnerabilidad en el continente. Además, de acuerdo con el profesor en derecho internacional, el temor no se limita a Ucrania, sino a otros países europeos cercanos a Rusia como Estonia, Letonia y Lituania.
“Hay amenazas de que el próximo paso ruso sea invadir alguno de los países bálticos. Ese es el problema que ven los europeos. Por eso ahora hablan de que deben defenderse solos. Incluso Francia ha dicho que ellos podrían utilizar su armamento nuclear para defender a todos los europeos. Lo dicho por Francia ya es un paso gigantesco”, sostiene Belaunde a este Diario.
La época del rearme
Este giro no es exclusivo de Alemania. En la última década, varios países europeos han reactivado o reforzado el servicio militar obligatorio, especialmente tras la anexión de Crimea en 2014 por parte de Rusia. Lituania lo restableció en 2015, en plena crisis de seguridad en Europa del Este. Suecia siguió el mismo camino en el 2017, tras haberlo suspendido pocos años antes. Además, Letonia aprobó su retorno en 2023, con una implementación progresiva.
A este grupo se suma Dinamarca, que ya contaba con conscripción, pero ha decidido ampliarla y reforzarla, mientras que Croacia también ha avanzado hacia su reintroducción. Otros países, como Finlandia y Estonia, nunca la eliminaron, precisamente por su cercanía geográfica con Rusia y su histórica percepción de amenaza desde el Kremlin.
Este resurgimiento del servicio militar va de la mano con un aumento sostenido del gasto en defensa en todo el continente y también responde a un cambio en la relación con Estados Unidos, tradicional garante de la seguridad en el continente.

Soldados de las fuerzas armadas alemanas (Bundeswehr) participan en el ejercicio STEADFAST DART 26 de la OTAN en Putlos, Alemania, el 18 de febrero de 2026. (Foto de Fabian Bimmer / POOL / AFP)
/ FABIAN BIMMER
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Según Francisco Belaunde Matossian, uno de los reproches de Estados Unidos a los europeos, inclusive antes de la administración de Donald Trump, era justamente que Washington cargaba con muchos de los gastos de la OTAN y que ya era tiempo de que los aliados de este continente empiecen a invertir más en la defensa.
“Por ese pedido de Washington, es que hace unos años atrás los europeos decidieron aumentar sus gastos en defensa al 2% respecto del PBI. Al final, eso se va a convertir en un 5% [para el 2035 tras una cumbre en La Haya en junio del 2025]. Europa nunca estuvo preparado para actuar sin Estados Unidos, porque habían dejado de invertir en seguridad militar. Pero ahora que ven que esa protección estadounidense ya no es segura, tienen que rearmarse para poder defenderse solos”, explica el internacionalista a El Comercio.
De acuerdo con el Instituto de Investigación Bruegel, con sede en Basilea, y el Instituto de Economía Mundial, en Kiel, si Europa deja de contar con el apoyo de Estados Unidos necesitaría al menos 300.000 soldados adicionales a los que posee actualmente.
US$125.000
Presencia en el Báltico
Para entender cómo está cambiando el papel militar de Alemania en Europa, hay que mirar hacia el este del continente, hacia Lituania para ser exactos, donde Berlín mantiene por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial una presencia militar permanente. Según la BBC, actualmente hay alrededor de 1.200 soldados alemanes desplegados en territorio lituano, una cifra que podría elevarse hasta los 5.000 en los próximos años. Se trata de un movimiento simbólico y estratégico, pues vuelve a proyectar poder militar más allá de sus fronteras, esta vez como parte de la OTAN y en coordinación con sus aliados.
En esa región, marcada por la llamada “gran llanura europea” —un territorio históricamente expuesto a invasiones—, las fuerzas alemanas ya realizan ejercicios ante escenarios de un eventual ataque desde el este, en referencia a Rusia. La advertencia desde la cúpula militar alemana es clara. El general Carsten Breuer, comandante de las Fuerzas Armadas, ha señalado que el riesgo es real y cercano.
“Nunca he experimentado una situación más peligrosa, más urgente como la de hoy. Rusia está reforzando su capacidad militar… y en 2029 podría estar en condiciones de lanzar una guerra contra la OTAN. Como soldado, debo decir: tenemos que estar preparados”, le aseguró a la BBC. El mensaje es contundente: el rearme europeo ya no es una discusión teórica, sino una realidad que se despliega sobre el terreno.
La transformación también implica un giro histórico. Durante décadas, Alemania limitó su poder militar como respuesta a su pasado en el siglo XX. Hoy, sin embargo, busca reconstruir su capacidad defensiva y asumir un rol más activo en la seguridad del continente, En ese contexto, medidas como el fortalecimiento del servicio militar, el aumento del gasto en defensa y el despliegue de tropas fuera de sus fronteras reflejan un cambio más profundo. Europa no solo se está rearmando. Está redefiniendo su lugar en un escenario en el que la guerra vuelve a ser una posibilidad concreta.
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