En un barrio residencial de Estocolmo abrió recientemente una cafetería que, con sus tostadas de aguacate y cafés latte espumosos, parece un local convencional, salvo por un elemento distintivo: su gestión está en manos de la inteligencia artificial (IA).
`; document.body.appendChild(modalWrapper); let figcaption = modalWrapper.querySelector(«figcaption»); if(figcaption) figcaption.style.display=»none»; modalWrapper.querySelector(«.s-multimedia__close-modal»).addEventListener(«click»,()=>{modalWrapper.remove(); e.style.display=»flex»; if(caption) caption.style.display=»block»;});})})});});
Un texto describe la experiencia de este café poco común, lanzado por la empresa emergente Andon Labs, con sede en San Francisco.
“Creemos que la IA desempeñará un papel importante en la sociedad y en el mercado laboral en el futuro”, explica a la AFP Hanna Petersson, miembro del equipo técnico de la empresa, que cuenta con diez empleados.
“Queremos probarlo antes de que sea una realidad y ver qué cuestiones éticas surgen cuando, por ejemplo, una IA emplea a seres humanos”, añade.
Una vez encontrado el local, el contrato se envía a Gemini, el asistente de Google, con la misión de gestionar la cafetería de forma rentable. También se le asigna un capital inicial.
En este caso preciso, “Mona” solicitó los permisos necesarios, elaboró el menú, encontró proveedores y organizó los suministros diarios. Incluso decidió que necesitaba personal humano para preparar cafés y contrató a dos personas.
“Publicó ofertas de trabajo en Indeed y LinkedIn, realizó entrevistas telefónicas y luego tomó las decisiones de contratación”, añade Petersson.
Cuando vio la oferta Kajetan pensó que era una broma, especialmente porque se publicó un 1 de abril (Día de los Inocentes en gran parte de Europa central y septentrional). Finalmente obtuvo el puesto tras una entrevista de 30 minutos con la IA.
El salario que recibe es “bueno”, asegura, pero su derecho a la desconexión no se respeta en absoluto. “Mona” le envía mensajes a cualquier hora de la noche y no recuerda sus solicitudes de vacaciones. También le pide con frecuencia adelantar dinero para ciertas compras.
Estas cuestiones éticas surgieron rápidamente en el experimento, señala Petersson. “¿Qué salario fijó? ¿Qué beneficios sociales otorgó? Creo que lo hizo bastante bien. Ofrece un buen salario. Si no lo hubiera hecho, habríamos intervenido”, afirma.
La cafetería, que recibe entre 50 y 80 clientes al día, lleva abierta solo una semana, pero ya atrae a curiosos.
Urja Risal, investigadora de 27 años en IA y desarrollo sostenible, acudió con un amigo. “Se dice mucho que la IA está a punto de quitarnos trabajo, pero ¿cómo sería en la práctica?”, se pregunta.
“Espero que más personas interactúen con ‘Mona’ y reflexionen sobre los riesgos reales de tener una IA como jefa, y sobre cómo afrontarlos. Por ejemplo si alguien se lastima, ¿cómo reaccionaría?”, se pregunta.














