- “Metamorfosis” de Franz Kafka llega a las tablas con una obra dirigida por Francisco Cabrera
- Un estudio de Kafka hecho en el país más kafkiano de todos: Perú
Son chistes que cada país siente suyos. Que Dios es connacional. Que nuestro himno es, después de la Marsellesa, el más bello del mundo. Que Kafka, si fuera un autor local, resultaría costumbrista. Lo cierto es que si cada país asocia las pesadillas del escritor checo a la idiosincrasia local, un escenario perfecto para sus historias, es porque cada país tiene algo de surrealista, absurdo y angustioso. Gregorio Samsa convertido en enorme escarabajo, preocupado por llegar temprano al trabajo o el procesado Josef, sin saber cuál es su culpa, bien podrían ser ciudadanos de cualquier parte: en el mundo soñado por el centenario autor se refleja toda realidad grotesca donde nada parece tener sentido y la vida se arruina sin razones aparentes. Bien lo definía en versos el poeta chileno Enrique Lihn: “Soy sensible a este abismo / me enternece de otra manera la lectura de Kafka / pruebo, con frialdad, el gusto de la muerte / que nos hace falta algo / junto a lo cual no somos nada”.
Por supuesto, como advierte el escritor cusqueño Luis Nieto Degregori, nadie más alejado del costumbrismo que Kafka. Asimismo, el autor de “La metamorfosis” nunca habría podido mostrar nuestro pasaporte: “Hasta muy avanzado el siglo XX, nuestra literatura tenía preocupaciones muy localistas y horizontes muy limitados. La condición humana y la posición del individuo ante poderes ‘abstractos’ como la burocracia estatal no le quitaban el sueño ni a escritores, ni a críticos ni a lectores”, afirma.
Sin embargo, cinco autores aceptan el reto y sacan la cara por la peruanidad del buen Franz. Ellos tienen la palabra.




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