Con la presentación del premier Galarreta en el Congreso, las expectativas alrededor de los compromisos del Gobierno comienzan a crecer…y así también, la presión para que la materialización de esas promesas sea efectiva más temprano que tarde. Y, aunque lo ideal sería que el ‘business as usual’ avance sin contratiempos, los impredecibles movimientos sísmicos y la inequívoca llegada de El Niño ponen a prueba a esta gestión, y no han pasado ni 100 días. Lo urgente–de corto plazo– y lo importante –de largo plazo– comienzan a separarse y delimitarse claramente, y el trabajo del Ejecutivo se multiplica. Esta historia se repite cada cinco años y las siguientes preguntas, también: ¿las reformas tendrán que esperar? ¿Dependerán estas de las facultades legislativas?
Con la presentación del premier Galarreta en el Congreso, las expectativas alrededor de los compromisos del Gobierno comienzan a crecer…y así también, la presión para que la materialización de esas promesas sea efectiva más temprano que tarde. Y, aunque lo ideal sería que el ‘business as usual’ avance sin contratiempos, los impredecibles movimientos sísmicos y la inequívoca llegada de El Niño ponen a prueba a esta gestión, y no han pasado ni 100 días. Lo urgente–de corto plazo– y lo importante –de largo plazo– comienzan a separarse y delimitarse claramente, y el trabajo del Ejecutivo se multiplica. Esta historia se repite cada cinco años y las siguientes preguntas, también: ¿las reformas tendrán que esperar? ¿Dependerán estas de las facultades legislativas?
Para el gobierno de Fuerza Popular, en principio, no –y esto lo ha repetido tanto el titular del MEF como el del MTPE–. Pero como siempre, decir es más fácil que hacer, y no es descabellado afirmar que será un verdadero desafío el encontrar el balance para avanzar a buen ritmo, o siquiera algo, en ambos frentes. Una de las pruebas más importantes que se vienen radica en la capacidad de generar alianzas políticas con el Congreso, donde comisiones clave como trabajo, economía y minería tienen como titulares a la oposición en ambas cámaras.
Una relación tirante generará retrasos y hasta estancamiento alrededor de lo importante; esa no es novedad. Lo que viene y quizá en demasía, será una serie de negociaciones políticas que nos afectarán a todos. Y es importante para la confianza y las expectativas que dichas negociaciones no se parezcan a las del último quinquenio: impúdicas y mercantilistas, a vista y paciencia de los peruanos.
El desafío estará, como siempre, en evitar que la urgencia termine devorando la agenda de reformas. El Ejecutivo tendrá que responder a las emergencias sin renunciar a crear condiciones estables para invertir, formalizar y generar empleo. Para ello no bastarán anuncios ni facultades: hará falta gestión, diálogo y negociación política y, lo más difícil, capacidad de ejecución. En un país expuesto a shocks recurrentes, la confianza se construye cumpliendo metas concretas. Y esa será, finalmente, la verdadera medida de esta gestión.



