Durante su participación en la tercera edición del Día1 Summit, Enrique Gubbins, presidente de ComexPerú para el período 2026-2028, remarcó tres prioridades fundamentales para el próximo gobierno: garantizar la estabilidad jurídica, trabajar hacia una simplificación regulatoria y, también, impulsar el crecimiento económico. En esta entrevista, la primera desde que asumió el cargo, Gubbins dio detalles sobre qué se requiere para lograrlo.
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El MEF era un ministerio con mucho talento. Hoy todo el mundo habla del Banco Central de Reserva, pero el MEF no era diferente. Ha perdido ese lugar, ha retrocedido un poco, y eso es lo que ha pasado con muchas instituciones. En cuanto a las inversiones: las inversiones mineras, por ejemplo, son de muy largo aliento. Toma muchos años armar un proyecto, diseñarlo y encontrar el mineral; en petróleo y gas es lo mismo. Eso requiere que la seguridad jurídica esté garantizada, y que uno esté seguro de que no le va a pasar lo que le pasó a Tía María —proyecto de Southern Perú—. Estamos dando tumbos con ese proyecto hace mucho tiempo. Entonces, lo primero que tendría que hacer el gobierno, aparte de convocar talento, es reforzar el marco regulatorio de ciertos sectores que requieren una regulación muy estable. Hay que cambiar la manera en que se atrae al talento humano al sector público para que esto mejore.
Yo lo calificaría, a veces, como falta de gestión pública. Van, cobran su sueldo y no hacen nada. A veces por temor, a veces por incapacidad y a veces por corrupción, que también existe. Cuando estuve en APEC, la corrupción era uno de los temas más discutidos. La corrupción genera muchas pérdidas para los países. Un proyecto que no se hace son miles de millones de dólares perdidos. Y, finalmente, como hay corrupción, uno termina atrayendo a los inversionistas que no quiere atraer: vienen los que saben manejarse en esos pasillos, y no se atrae a los inversionistas sanos que sí nos interesa tener.

Ilustración: Giovanni Tazza
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Hay un sector fundamental [que se debe priorizar], que es el energético. Nosotros tenemos un solo yacimiento de gas, que es Camisea, y un solo ducto. Es increíble, porque en la selva hay más gas todavía. Para poder desarrollar esos campos adicionales, el consorcio liderado por Pluspetrol necesita tiempo. Y una de las principales trabas es el plazo de los contratos. El hecho de que no se pueda renovar el plazo hace que se deje de invertir antes de que caduque la concesión. Eso es fatal. Si entra un nuevo concesionario después del consorcio Camisea, tiene que volver a empezar. Eso toma tiempo. Hay que encontrar la manera de extender esos contratos.
Lo otro es el ducto: somos tremendamente vulnerables, como ha quedado demostrado. He escuchado que desde ProInversión se está hablando de extender el contrato con el consorcio a cambio de que se haga el gasoducto, que es un proyecto que TGP ha presentado. Pero no podemos hacer eso sin asegurar lo demás, porque vamos a empeorar el problema.
Lo esencial es lo que ya estaba previsto: el ducto de la selva. No se hizo porque no se le dio aprobación al estudio de impacto ambiental; no se hizo porque lo iba a hacer el gasoducto del sur, pero la responsabilidad era de TGP y no lo hicieron, y más bien repartieron dividendos. Todo ese sistema tiene que ser rediseñado, pensando en la competitividad del país y en los usuarios. Desde que se instaló Camisea, se instalaron las térmicas de Chilca, con muchos incentivos, y las siete industrias originales. Hoy, los clientes originales de TGP —los primeros consumidores del gas— son los mismos. Si tenemos un país con gas abundante, ¿por qué no se han desarrollado nuevas industrias?, ¿por qué después de 25 años no se han desarrollado nuevos ductos? Algo está mal en el modelo. El modelo no crece. Si es negocio, el concesionario debería ser el primero en decirlo; no recién ahora, 25 años después.

Lima, Perú. Jueves, 14 de mayo del 2026. Desde el Día1 Summit, Enrique Gubbins, presidente de Comex-Perú, opinó sobre la economía peruana y lo que debe hacer el Estado para impulsar nuevas inversiones. Fotos: Joel Alonzo / Diario El Comercio.
/ JOEL ALONZO
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Del concesionario y de las autoridades. De las autoridades, por no hacer cumplir el contrato; y del concesionario, por pensar solo en su rentabilidad y no en hacer crecer la red.
Todo es perfectible, por supuesto. Los resultados macroeconómicos del Perú hablan muy bien del modelo. El problema —como se ha mencionado repetidas veces— es que ese modelo no ha beneficiado a todos. Pero lo que hay que desterrar —y que lamentablemente ha crecido y se ha arraigado durante esta campaña electoral— es esa falacia que plantea una causa y efecto equivocada. Para resolver un problema, uno tiene que identificar la causa. Y lo que se dice acá es que la causa es el modelo. Eso no es cierto. Decir eso es una falacia, y por lo tanto, cuando uno dice “esa es la causa”, concluye que hay que cambiar el modelo.
No, porque es como tener un paciente con la pierna rota: los médicos ven que el corazón funciona perfecto y deciden operar el corazón en vez de enyesar la pierna. Ese es el problema: la narrativa que le echa la culpa al modelo económico empuja a concluir que la solución es cambiar el modelo. Y cambiar el modelo es como volver a comenzar. Yo no digo que el modelo sea perfecto; seguramente se puede perfeccionar. Pero no podemos decir “borro todo y empiezo de nuevo”. […] La solución no es tumbar la carretera para hacer otra, sino construir vías de acceso.
Correcto. El gran problema del país es que todos los recursos que generan, sobre todo, las actividades extractivas —porque esas pagan no solo impuesto a la renta y el IGV, sino también canon y regalías— no están regresando a los lugares en donde se desarrollan dichas actividades. El problema es el canal conductor. Es como tener un lago lleno de agua y una acequia rota: uno no resuelve el problema eliminando el lago, sino reparando la acequia para que el agua llegue al agricultor.

La economía peruana entrará a un 2026 en un escenario marcado por la incertidumbre electoral. (Imagen: Andina)
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El gobierno está atrapado con eso. Es producto de una mala decisión anterior. La decisión ya se tomó, la refinería ya se construyó y la situación de Petro-Perú es la que es. Si el gobierno no rescata a Petro-Perú, la empresa deja de pagar a un montón de productores de petróleo del norte, que no están cobrando por el crudo que le entregan. Eso tiene otro tipo de repercusiones. El gobierno está atrapado porque no tiene alternativa: no puede cerrar Petro-Perú. El problema fue la decisión. En 2014, en una Cumbre APEC en Rusia, yo le cuestioné al presidente Humala la construcción de una refinería para hacer gasolina en un mundo cada vez más eléctrico. Esa fue una decisión de gestión.
La otra evidencia de la mala gestión es que Petro-Perú tenía el 54% o 55% del mercado de grifos, y hoy tiene 22 o 23%. No tiene dónde colocar la gasolina. Son problemas de gestión y, lamentablemente, como la empresa es del Estado, el Estado tiene que rescatarla. En el sector privado, cuando eso sucede —que también sucede, no digo que el sector privado no cometa errores— el accionista decide si pone dinero, pierde participación o vende su posición. Hay una solución en el mercado de capitales. Cuando el gobierno es el dueño, la única alternativa es poner el dinero o venderla. Pero venderla como está, no les va a dar nada.
Efectivamente ese no es el rol principal del sector privado; pero, lamentablemente, las carencias que tenemos en el país nos obligan a tener un rol más activo. En otros países siempre hay participación, la cuestión es cuánta. Aquí tenemos que participar más. Fernando mencionó los colegios, las clínicas, pero también podemos participar ayudando al gobierno a tomar mejores decisiones; siempre y cuando cuidemos los conflictos de interés que se puedan dar. Tenemos que ayudar al gobierno a tener talento; tenemos que empujarlo a que pague mejor y atraiga talento para que haya un mejor gobierno.













