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Hay algo inquietante en un diente de león cuando se lo mira de cerca. Lo que normalmente parece una pequeña esfera blanca a merced del viento es, en realidad, una estructura diseñada para viajar. Sus semillas se desprenden, recorren distancias y buscan las condiciones necesarias para convertirse en una nueva planta. Momoko Seto convierte ese comportamiento en una odisea de supervivencia en “El gran viaje (Dandelion’s Odyssey)“, su ópera prima, que llegará a los cines del Perú el 20 de agosto.
Hay algo inquietante en un diente de león cuando se lo mira de cerca. Lo que normalmente parece una pequeña esfera blanca a merced del viento es, en realidad, una estructura diseñada para viajar. Sus semillas se desprenden, recorren distancias y buscan las condiciones necesarias para convertirse en una nueva planta. Momoko Seto convierte ese comportamiento en una odisea de supervivencia en “El gran viaje (Dandelion’s Odyssey)“, su ópera prima, que llegará a los cines del Perú el 20 de agosto.
En la película, cuatro semillas sobreviven a la devastación de la Tierra y quedan a la deriva en busca de un lugar donde puedan volver a crecer. No son animales ni humanos. Son cipselas de diente de león, conocidas coloquialmente como “panaderos”, y tampoco tienen nombres. Seto las convierte en protagonistas sin dotarlas de rasgos humanos evidentes: su personalidad aparece en la forma en que se mueven, reaccionan ante el peligro y se relacionan entre sí.
La película fue seleccionada como título de clausura de la Semana de la Crítica de Cannes 2025, una de las secciones paralelas más importantes del festival francés.
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El recorrido las lleva por ríos, montañas, desiertos, bosques, pantanos y territorios helados. El mundo que encuentran conserva elementos reconocibles de la naturaleza, pero también introduce situaciones extrañas, como peces capaces de volar o líquidos que aceleran de manera descontrolada el crecimiento de las plantas. La película alterna animación 3D, imágenes de naturaleza y secuencias de time-lapse para construir un universo que parece familiar y extraño al mismo tiempo.
Seto, cuya trayectoria cruza el cine experimental con la investigación científica y la imagen de organismos vivos, quería cambiar la escala desde la que observamos el mundo. La cámara ya no contempla la naturaleza desde afuera, sino que acompaña a criaturas diminutas que atraviesan ecosistemas enormes. “Muchos organismos pequeños son invisibles para nosotros, no por su tamaño, sino porque no les prestamos atención. Pero son nuestros socios importantes”, explica la directora.
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La película tampoco utiliza diálogos para explicar lo que sucede. Las semillas se comunican mediante movimientos, sonidos y gestos, mientras el resto de los organismos responde a sus propias reglas. Para Seto, introducir palabras habría reducido esa experiencia. “Creo que la expresión no verbal es más rica, más matizada y más precisa que las descripciones verbales”, sostiene. El resultado obliga al espectador a observar con mayor detenimiento a unos personajes cuya expresividad depende de movimientos mínimos.
Momoko Seto nació en Japón y desarrolló buena parte de su trayectoria artística en Francia, donde estudió cine y consolidó una obra vinculada a la experimentación audiovisual.
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La ausencia de un villano tradicional responde a la misma lógica. En El gran viaje, el peligro puede surgir de un depredador, del clima, de una corriente de agua o de las condiciones de un territorio. Ninguno de esos elementos actúa por maldad. Cada organismo responde a la necesidad de sobrevivir, reproducirse o encontrar alimento. La película convierte así el ecosistema en un escenario donde las categorías humanas de héroe y antagonista dejan de funcionar.
“En la naturaleza no existe algo como lo ‘bueno’ o lo ‘malo’. Solo existen hechos: depredadores, cadenas alimentarias, parasitismo, simbiosis y demás”, explica Seto.
El gran viaje es una coproducción entre Francia y Bélgica y lleva como título original Planètes, denominación que fue modificada para su distribución en español.
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Esa mirada fue trabajada desde el guion por Seto y su coguionista, Alain Layrac. Las cuatro semillas recibieron intenciones, sentimientos y características personales antes de pasar a la animación. Tres actrices y un actor participaron en el proceso para ayudar a construir sus personalidades. Después, los animadores trasladaron esas referencias al movimiento de sus cuerpos y sus vilanos. “Quería darles a los aquenios ese rango de expresión sutil”, cuenta Seto.
El sonido terminó de completar esa construcción. Las protagonistas no hablan, pero producen sonidos agudos cuando enfrentan situaciones de peligro y pueden acercarse o sujetarse entre ellas. Para crear su presencia sonora se utilizaron respiración humana, efectos Foley y ondas Martenot. La intención era que las semillas parecieran vivas sin convertirlas en pequeñas personas disfrazadas de plantas.
El proyecto retoma la investigación que Seto había desarrollado en su serie de cortometrajes “Planet”, centrada en organismos, microorganismos y formas de vida observadas mediante técnicas de imagen científica.
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Detrás de la aventura también aparece una preocupación más personal para la directora. Seto es japonesa y ha vivido en Francia y otros lugares, una experiencia que trasladó a una historia sobre seres que abandonan su lugar de origen y necesitan encontrar otro donde puedan establecerse. “¿Qué significa ser extranjero? ¿Por qué somos extranjeros cuando todos vivimos en esta Tierra global?”, plantea. La migración deja de ser entonces una idea exclusivamente humana y se convierte en una condición de la propia naturaleza.
El gran viaje fue escogida como película de clausura de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes en 2025, donde recibió el Premio FIPRESCI, y posteriormente pasó por el Festival de Annecy, donde obtuvo el Premio Paul Grimault. Su mezcla de animación hiperrealista, experimentación visual, fotografía de naturaleza y ciencia ficción la coloca lejos de las fórmulas más habituales del cine animado. Para Seto, la consecuencia que debería quedar después de los créditos es sencilla: “No existen seres superiores, solo una simbiosis horizontal. Dependemos de los demás tanto como ellos dependen de nosotros”.



