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Al Qaeda después del 11-S: ¿qué pasa hoy con el grupo terrorista que atacó a Estados Unidos? | Osama Bin Laden | Nueva York | EL COMERCIO PERÚ

Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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Hace 25 años, Al Qaeda cambió para siempre la historia de Estados Unidos y del mundo con los atentados terroristas del 11 de septiembre. Antes de los ataques, su líder, el millonario saudí Osama Bin Laden, solía aparecer de manera frecuente publicando amenazas contra los norteamericanos, mediante declaraciones de guerra y decretos religiosos, o fatwas, donde exigía la expulsión de las tropas estadounidenses de los lugares santos del islam. Hoy queda poco de aquella organización que tenía un rostro conocido, a Afganistán como santuario y a Estados Unidos como su principal enemigo. Pero Al Qaeda no desapareció, se transformó y extendió sus tentáculos hacia nuevos escenarios.

Al Qaeda, la base en árabe, nació en agosto de 1988, tras una serie de reuniones celebradas en Peshawar, Pakistán. Surgió casi al final de la guerra de Afganistán contra la entonces potencia ocupante Unión Soviética, donde Bin Laden había participado del lado de los muyahidines afganos.

En sus inicios, Bin Laden concibió Al Qaeda como una base de datos informática para registrar y documentar a los miles de combatientes muyahidines. Se detallaba quiénes sobrevivían, quiénes morían y qué recursos económicos recibían. El objetivo final era aprovechar esa estructura de voluntarios árabes e internacionales ya entrenados militarmente para expandir la yihad a escala global, una vez que los soviéticos se retiraran de Afganistán, algo que ocurrió en 1989.

Esta foto del 19 de junio de 2001 muestra a Osama Bin Laden durante un entrenamiento de tiro en Afganistán. (Foto de AFP).

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Antes del 11-S, Al Qaeda era una organización mucho más estructurada y jerárquica de lo que se piensa. Bin Laden era el emir y máxima autoridad, mientras que el egipcio Ayman al Zawahiri, líder de la Yihad Islámica Egipcia, se convirtió en su principal lugarteniente tras la integración de ambas organizaciones. En la cúpula también destacaba Mohammed Atef, jefe de operaciones militares y uno de los colaboradores más cercanos de Bin Laden.

La organización contaba con una shura o consejo asesor y diferentes áreas encargadas de inteligencia, operaciones militares, finanzas y propaganda. Por debajo de ese núcleo existía una estructura más amplia de colaboradores, afiliados y simpatizantes con distintos grados de autonomía. Al Qaeda planificaba y dirigía grandes operaciones terroristas.

La cúpula de Al Qaeda: Osama Bin Laden (centro), Ayman Al Zawahiri (izquierda) y Muhammad Atef en un lugar y fecha desconocidos. (FOTO DE AFP).

/ HANDOUT

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Uno de los ataques que más impacto causó ocurrió en el 2000, cuando una lancha cargada de explosivos detonó junto al destructor de la Armada de Estados Unidos USS Cole, en el puerto de Adén, en Yemen, causando la muerte de 17 marineros estadounidenses.

Un total de 17 soldados estadounidenses murieron en el ataque contra el USS Cole. (AFP).

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Bin Laden y sus principales colaboradores también recibían propuestas para perpetrar ataques contra intereses de Estados Unidos. Uno de ellos fue Khalid Sheikh Mohammed, quien presentó al jefe de Al Qaeda una idea que terminaría transformándose en la operación del 11-S.

Cuando aprobaba un plan, la dirección del grupo terrorista proporcionaba recursos y respaldo a sus redes de colaboradores, algunas de las cuales podían permanecer inactivas durante largos períodos antes de recibir instrucciones.

En cuanto al dinero, la imagen de Bin Laden como un multimillonario que simplemente utilizaba su fortuna familiar para financiar el terrorismo es engañosa. La Comisión del Congreso de Estados Unidos del 11-S concluyó que Al Qaeda dependía principalmente de una amplia red de donaciones, especialmente procedentes de simpatizantes y colaboradores del golfo Pérsico, además de recursos canalizados a través de determinadas organizaciones benéficas y redes financieras informales.

Su estructura tampoco estaba formada únicamente por “células durmientes”, pues existía un núcleo jerárquico y permanente, junto con cuadros operativos entrenados, colaboradores y simpatizantes que podían mantener cierta autonomía hasta recibir el encargo de ejecutar una misión. Los campos de entrenamiento en Afganistán servían además para seleccionar y adoctrinar a potenciales integrantes, de los cuales solo una parte terminaba incorporándose al núcleo de Al Qaeda.

Cronología de los atentados del 11S en Estados Unidos. (EFE).

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El vuelo 175 de United Airlines se aproxima a la torre sur del World Trade Center mientras el humo se eleva desde la torre norte en el bajo Manhattan, Nueva York, el 11 de septiembre de 2001. (Foto de SETH MCALLISTER / AFP).

/ SETH MCALLISTER

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Tras los ataques del 11S, Estados Unidos inició una implacable persecución de Bin Laden que lo llevó a invadir Afganistán durante casi dos décadas.

Bin Laden fue localizado en Abbottabad, Pakistán. La CIA logró identificar la vivienda donde se escondía y, tras meses de análisis, el presidente Barack Obama autorizó la operación para neutralizarlo.

El 2 de mayo del 2011, fuerzas especiales estadounidenses asaltaron la casa y mataron a Bin Laden. Estados Unidos dijo que arrojó su cuerpo al mar.

La casa donde encontraron a Osama Bin Laden fue demolida. (Foto: Aamir QURESHI / AFP).

/ AAMIR QURESHI

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Ayman al Zawahiri asumió el liderazgo de Al Qaeda. Permaneció oculto durante años hasta que Estados Unidos consiguió localizarlo en Kabul. Fue abatido el 30 de julio del 2022 en un ataque con dron. La operación fue autorizada por el presidente Joe Biden.

La transformación de Al Qaeda

Soldados de Mali transportan a una docena de sospechosos de pertenecer a grupos islamistas, luego de un atentado con bomba. 2013. (AFP).

/ PASCAL GUYOT

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La muerte de Bin Laden no significó el final de Al Qaeda. Hoy es una red más descentralizada que se apoya en filiales que han encontrado nuevos espacios de expansión, especialmente en África, donde el Sahel es uno de sus principales focos de crecimiento.

De acuerdo con el último análisis de este año del Proyecto de Datos sobre Ubicación y Eventos de Conflictos Armados (ACLED), en el Sahel la evolución que más llama la atención es Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM), la principal coalición yihadista vinculada a Al Qaeda en ese territorio.

En abril de 2026, JNIM participó en una ofensiva coordinada en Mali junto con grupos tuareg que llegó a amenazar Bamako, la capital. El Consejo de Seguridad de la ONU calificó esos ataques como una de las mayores escaladas de la crisis de seguridad maliense de los últimos años, precisa el informe de ACLED.

El análisis indica que no estamos hablando de una organización escondida intentando sobrevivir, sino de una filial que ha adquirido capacidad para desafiar directamente a un Estado como Mali.

En Afganistán, tras la retirada de las tropas de Estados Unidos en el 2021 y el retorno de los talibanes al poder, Al Qaeda volvió a gozar de un entorno permisivo.

En general, su papel se limita a proporcionar entrenamiento y apoyo a otros grupos militantes activos en Afganistán, refiere ACLED.

El análisis sostiene que en India Al Qaeda ha mostrado indicios de una creciente actividad, con un atentado con coche bomba en Nueva Delhi en noviembre del 2025. También ha intentado establecer células en el vecino Bangladesh.

En Pakistán, la organización Tehrik-i-Taliban Pakistan (TTP), conocida como los talibanes pakistaníes, cuenta con el respaldo de Al Qaeda. Su amenaza es principalmente local, no transnacional, y está dirigida contra el Estado pakistaní. Sin embargo, el apoyo de los talibanes afganos a TTP y a otro grupo similar desencadenó un conflicto prolongado entre ambos países este año, desestabilizando la región.

La gente limpia los escombros frente al hotel Hayat destruido después de un asedio mortal de 30 horas por parte de los yihadistas de Al Shabaab en Mogadiscio el 21 de agosto de 2022. (Foto de Hassan Ali ELMI / AFP).

/ HASSAN ALI ELMI

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En Somalia, Al Shabaab es el grupo armado dominante y la filial de Al Qaeda más violenta del mundo. ACLED registra más de 2.300 incidentes de violencia política en los que ha participado en 2026, lo que representa casi la mitad de toda la violencia registrada en la que han participado filiales de Al Qaeda a nivel global este año.

En Yemen, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP) fue en su momento una de las filiales más peligrosas de Al Qaeda, con ambiciones territoriales en ese país y con capacidad para perpetrar ataques a nivel internacional. Hoy es considerablemente más débil militarmente, pero también es muy difícil de eliminar, refiere la ACLED.

Donde sí ha perdido poder Al Qaeda es en Irak y Siria, de acuerdo con el análisis de ACLED.

En Irak, la filial de Al Qaeda dirigida por Abu Musab al-Zarqawi desarrolló desde sus inicios una relación conflictiva con la cúpula de la organización, por lo que fue adquiriendo mayor autonomía. En el 2006 se transformó en el Estado Islámico de Irak, que bajo Abu Bakr al-Baghdadi terminó rompiendo con Al Qaeda en el 2014, cuando las ambiciones de este por conquistar territorio y crear un califato llamado Estado Islámico chocaron con la estrategia de la organización de Bin Laden.

El líder del Frente al Nusra anunció su separación del grupo terrorista Al Qaeda (AFP).

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump (izq.), estrechando la mano del presidente de Siria, Ahmed al Sharaa, en la Casa Blanca. (Foto: SANA / AFP).

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En Siria, la guerra civil iniciada en el 2011 permitió a Al-Baghdadi impulsar la creación del Frente al-Nusra, pero el grupo terminó enfrentándose al Estado Islámico y jurando lealtad a Al Qaeda en el 2013. Tres años después, rompió también con Al Qaeda y adoptó una estrategia centrada en Siria, evolucionando posteriormente hacia Hayat Tahrir al-Sham (HTS).

Actualmente, Ahmed al-Sharaa, quien fue fundador y líder de HTS, es el presidente de Siria.

Al Qaeda mantiene como objetivo la creación de un orden regido por su interpretación extremista de la religión musulmana. Y a largo plazo quiere un califato global; sin embargo, después de la pérdida de su estructura central y de sus principales líderes, la organización ha pasado a una estrategia mucho más paciente y descentralizada, apoyándose en filiales que explotan conflictos y Estados frágiles, especialmente en África.

Su antiguo objetivo de expulsar a Estados Unidos del golfo Pérsico no se cumplió, pues ese país mantiene presencia militar en el Medio Oriente.

El 11-S fue un gran éxito de Al Qaeda, pero también una especie de suicidio

El humo y las llamas salen de las Torres Gemelas antes de su colapso el 11 de septiembre de 2001 en Nueva York. (FOTO AFP Henny Ray ABRAMS).

El analista internacional Roberto Heimovits afirma que Al Qaeda ya no es la organización poderosa y centralizada que dirigía Osama bin Laden antes del 11-S, pero tampoco ha dejado de representar una amenaza. Considera que los atentados marcaron, paradójicamente, el mayor éxito y el comienzo del declive de la red terrorista.

“El atentado del 11 de septiembre fue un gran éxito para Al Qaeda, su mayor éxito desde el punto de vista de una organización fundamentalista extrema terrorista, pero también fue una especie de suicidio”, señala Heimovits a El Comercio.

Recuerda que la respuesta militar de Estados Unidos y sus aliados provocó la muerte de cientos de integrantes de la organización, incluidos cuadros de distintos niveles, y una década después cayó Bin Laden, su principal figura y el rostro que contribuía en buena medida a la mística del grupo. “No se puede decir que esta organización esté tan fuerte como era hace 25 años, pero tampoco se puede decir que ha dejado de ser un peligro”, advierte.

El analista considera que el principal riesgo actual está en la capacidad de las filiales de Al Qaeda para aprovechar la fragilidad de determinados Estados, especialmente en África.

“La ideología extremista que representa la organización —y que posteriormente llevó a un nivel aún más radical el Estado Islámico— no ha conseguido un respaldo mayoritario en el mundo musulmán”, sostiene Heimovits. Sin embargo, “en regiones marcadas por la pobreza, la falta de instituciones sólidas y la ausencia de expectativas, como el Sahel, sus filiales pueden encontrar condiciones favorables para expandirse. Es posible que una o más filiales de Al Qaeda tengan éxito en tomar el control parcial o total de uno de esos Estados muy empobrecidos”, afirma.

¿Cómo sería otro 11-S?

¿Qué tan cerca podría estar Al Qaeda de repetir un ataque como el 11-S? Heimovits considera que las lecciones de aquel atentado fueron aprendidas por Estados Unidos y otros países potencialmente amenazados, y destaca que durante los últimos 25 años la organización no ha logrado ejecutar una operación de una magnitud comparable.

Pero advierte que el escenario tecnológico ha cambiado. “Estamos en un mundo de difusión tanto de tecnologías positivas como negativas”, sostiene.

La mayor preocupación que expresa Heimovits está en la posibilidad de que alguna de las ramas que aún sobreviven consiga acceder a armas no convencionales. “Si alguna parte de la organización que todavía subsiste lograra hacerse de armas biológicas, o peor aún, de un arma nuclear rudimentaria, podría efectuar un atentado que dejaría chico al de las Torres Gemelas”, advierte.

Para Heimovits, Al Qaeda no ha abandonado por completo los objetivos que guiaron a Bin Laden, pero sí ha modificado su estrategia. “Una parte no la ha abandonado, pero otra parte sí”, explica. En lugar de concentrarse exclusivamente en atacar a las potencias occidentales, algunas de sus filiales han optado por aprovechar los vacíos de poder en países más débiles, insiste.

“Consideran que es mucho mejor tratar de meterse en lugares más débiles, como estos Estados africanos empobrecidos, que intentar atacar a potencias occidentales, que tienen mucha más fuerza”, señala.

Heimovits explica que el caso de Siria ilustra hasta qué punto las organizaciones vinculadas al yihadismo pueden modificar su estrategia para alcanzar objetivos locales. Recuerda la evolución de la antigua filial de Al Qaeda en Siria, que terminó rompiendo sus vínculos con la organización y transformándose en una fuerza política y militar con aspiraciones de gobierno.

Finalmente, el analista advierte que todavía pueden existir “ramas” o “sucursales” que mantengan una ideología tan radical como la de Bin Laden o Ayman al Zawahiri y que, si encontraran la oportunidad, podrían intentar perpetrar atentados de gran escala.

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