El ingreso al último cuarto de año será difícil para el gobierno de Keiko Fujimori. En efecto, la semana que pasó se inició con el descenso de la popularidad presidencial en las encuestas, continuó con Rafael Rey como su primera baja en el Gabinete y terminó con el impactante asesinato de Susy Aponte Polo, candidata al Gobierno Regional de Áncash.
Sobre lo primero, según cifras de Ipsos, el deterioro en la opinión pública de la gestión Fujimori es la evolución negativa más marcada, al menos desde el 2001: menos 15 puntos porcentuales, de 57% a 42% (“Perú 21”, 18/9/2026). En el desagregado por bloques regionales o a nivel socioeconómico (NSE), se constata que Fujimori solo cuenta con aprobación mayoritaria en Lima (53%) y en los poco poblados NSE A (59%) y B (54%).
En cuanto al recambio en el Gabinete, y esto cuando aún no se han completado siquiera dos meses, llamó la atención que la primera baja correspondiera a un político con mucho recorrido y tanta cercanía como Rafael Rey. Si bien su sucesor juró al día siguiente y es alguien que ya era parte del Ejecutivo, se trató, aunque breve, de una crisis ministerial en todo el sentido del término: una salida que alteró el funcionamiento regular del Gabinete. Un punto positivo, en cualquier caso, es que el relevo parece haber desactivado, al menos por ahora, otros frentes sectoriales que también generaron rumores de cambios.
Finalmente, el asesinato de Aponte Polo ha sido un hecho impactante contra una persona que, además de su actividad política, jugaba un rol en la siempre convulsa escena mediática regional. El atentado, cometido a plena luz del día y en una zona bastante concurrida, proyectaría también un mensaje cifrado en una región donde, como recuerda Daniel Encinas, la criminalidad “y su impacto en la política no es algo nuevo” (X, 23/9/2026).
En cuanto a la gestión del Ejecutivo, este crimen reitera la evidencia de capacidades ampliamente rebasadas, tal como viene ocurriendo con la criminalidad en Trujillo. A pesar del cambio en el liderazgo de la Policía Nacional, el orden que prometía el gobierno en campaña parece lejano. Es un plazo breve para un juicio severo, ciertamente. Sin embargo, los eventos empiezan a ser inmanejables para las autoridades sectoriales.
En este marco, el gobierno ingresa al último trimestre del año. Un período que, según se gestione, podría generar algo de alivio para el Ejecutivo. Tres hechos completamente ajenos a su gestión pueden darle algo de aire: los comicios subnacionales (4/10), la visita del papa León XIV (11-16/11) y la aprobación del presupuesto para el 2027 (plazo límite: 30/11).
No obstante, y casi en paralelo, aumentará la presión por la gestión de El Niño. Hasta ahora, su posible intensidad parece justificar las alarmas. Tremendo reto.
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