Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

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La velocidad con la que el ritmo cardíaco se normaliza tras el ejercicio puede revelar información sorprendente sobre la salud general.
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El primer paso consiste en disponer de un método para registrar los datos y un cronómetro (disponible en la mayoría de los teléfonos móviles).
El uso de un reloj inteligente o un monitor de actividad facilita el proceso.
A continuación, se calcula la frecuencia cardíaca máxima. Los dispositivos inteligentes muestran este dato de forma automática; de lo contrario, el valor estimado puede obtenerse restando la edad que se tiene a 220.
Posteriormente, se realiza una sesión de ejercicio con la intensidad suficiente para elevar las pulsaciones entre el 70% y el 85% del máximo.
Las actividades posibles incluyen correr, montar en bicicleta o remar, según la condición física de cada cual.
Para calcular la RFC se mide el pulso de manera inmediata al finalizar el ejercicio, momento en el que alcanza su punto máximo. El empleo de un reloj inteligente simplifica esta medición.
Otra alternativa consiste en colocar un dedo en el cuello y contar los latidos durante diez segundos, multiplicar después esa cifra por seis y obtener así las pulsaciones aproximadas por minuto.
Por último, se descansa durante un minuto en posición sentada o tumbada para volver a tomar el pulso.
La diferencia entre ambas cifras es la RFC.
El organismo requiere que el ritmo cardíaco descienda con rapidez al terminar el ejercicio. Una recuperación óptima implica una bajada de al menos 18 latidos durante el primer minuto.
Este valor varía según la persona y depende de factores como la edad. Sin embargo, un registro inferior a 12 latidos puede indicar riesgos de problemas de salud futuros.

Los relojes inteligentes pueden ayudar a hacer la prueba de la Recuperación de Frecuencia Cardíaca, pero hay otras maneras.
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La relación entre la RFC y el riesgo de mortalidad se vincula con el nervio vago.
Este nervio principal conecta el cerebro con el resto del cuerpo y transmite señales hacia y desde el corazón, el hígado, los intestinos y otros órganos.
Su función regula el paso entre el estado de alerta (lucha o huida) y el estado de relajación (descanso y digestión).
Lindsay Bottoms, profesora de Ciencias del Ejercicio y la Salud en la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido), señala la existencia de dos sistemas con las funciones de acelerador y freno sobre el corazón.
Durante el ejercicio, el sistema nervioso simpático actúa como acelerador y activa el modo de lucha o huida. Como resultado, el ritmo cardíaco se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan para bombear oxígeno hacia los músculos.
Al detener el entrenamiento, el cuerpo necesita eliminar los residuos metabólicos acumulados, tales como el ácido láctico, un proceso dependiente del oxígeno.
Bottoms indica que esta demanda requiere mantener el flujo sanguíneo y las pulsaciones elevadas.

Una mujer en ropa de deporte de tonos rosa camina a paso ligero en un puente de Bangkok
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Una vez finalizada la limpieza, el organismo acciona el freno y activa el modo parasimpático, correspondiente al estado de descanso y digestión.
El incremento de la forma física mejora la capacidad del cuerpo para alternar entre ambos estados.
Este fenómeno, denominado tono vagal elevado, aporta múltiples beneficios, como una mejor salud mental y cognitiva, un sistema inmunitario más fuerte y una reducción de la inflamación y del riesgo de mortalidad.
Ante la preocupación por los valores de RFC, Golderberg aconseja programar una visita médica para someterse a una evaluación de riesgo cardíaco completa.
La buena noticia es que los problemas detectados no son definitivos. Las investigaciones demuestran que los programas de ejercicio mejoran la RFC y devuelven el riesgo de mortalidad a niveles normales.
Bottoms y Golderberg recomiendan la práctica habitual de ejercicio cardiovascular para mantener el sistema en óptimas condiciones. Golderberg sugiere actividades como caminar a ritmo moderado, montar en bicicleta, correr, nadar o bailar.
*Este artículo ofrece información general exclusivamente y nunca sustituye el criterio médico profesional.


